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Tierras raras: la obsesión del ministro de Hacienda de Kast con el naranjillo

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El debate por las tierras raras en Penco volvió al centro de la agenda política luego de que el futuro ministro de Hacienda de José Antonio Kast insistiera en minimizar el conflicto socioambiental del proyecto minero de Aclara, reduciendo sus reiterados fracasos ambientales y el rechazo territorial a una polémica obsesión con el naranjillo.

Por J. Arroyo Olea | Integrante del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA

Los naranjillos han estado en el centro de la discusión política, luego de que el derechista José Kast planteara, en plena catástrofe de Lirquén, su respaldo al proyecto minero de tierras raras que la empresa Aclara Resources busca instalar en los cerros de Penco.

En sus dichos, Kast hizo referencia a una de las tantas tramitaciones ambientales fallidas del proyecto minero, donde el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) dio término anticipado al proceso debido a deficiencias en los estudios presentados por la empresa; entre estos, la no consideración de especies nativas en categoría de conservación dentro de la zona que se vería afectada por la extracción minera.

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Sin embargo, Kast no es el único regalón del empresariado que ha optado por obsesionarse con el naranjillo, como también lo hizo en su momento Joaquín Lavín. El economista Jorge Quiroz, quien es recordado por ser el artífice de la colusión de los pollos, es uno de los integrantes del círculo de hierro del próximo presidente de Chile, que también hizo referencia al tema.

En marzo de 2025, el futuro ministro de Hacienda de Kast publicó en El Mercurio —en la sección de Economía y Negocios— un escrito titulado «¿Cuánto cuesta un naranjillo?«.

En el documento, el cercano a Kast planteaba que develaría dicho «misterio», utilizando un básico análisis económico. Así, Quiroz hacía una defensa al proyecto minero de tierras raras señalando que «su explotación, si bien sería una fracción menor de la producción mundial, ubicaría a Chile dentro del top diez de países productores fuera de China de este mineral, que es crítico en la nueva era de la inteligencia artificial».

Para el economista no existe el conflicto socioambiental, ni se reconoce la importancia de las especies nativas. Mucho menos las deficiencias a los estudios de impacto ambiental que instituciones, organizaciones e individualidades han presentado mediante observaciones al proyecto extractivo.

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En esta línea, la obsesión de Quiroz se concentró en un breve apartado de su escrito relacionado con el costo que significa para el Estado que la minera de tierras raras no se instale, reduciendo la oposición al proyecto a una especie nativa.

Planteando que la supuesta solución era comprar un vivero, el economista planteó que «cuento corto, por preservar seis naranjillos —y buscando siempre encontrar algún otro cuando el proyecto luce pronto a partir— el Estado ha perdido dos millones de dólares, lo que resulta en un costo de más de 300.000 dólares por naranjillo».

Pero la posición de Quiroz es cómoda, por decir lo menos.

El futuro ministro de Hacienda no hace referencia a los cuestionados estudios sobre impacto al trabajo que amplifica la empresa sin un sustento realista. Tampoco hace referencia a que estamos frente a una empresa que ha omitido consecutivamente al pago de patentes municipales donde cuenta con operaciones, planteando que no cuenta con ingresos por actividad extractiva. Mucho menos hemos escuchado o leído a Quiroz haciendo referencia al historial de conflictividad del proyecto minero, y cómo cinco tramitaciones ambientales fallidas dan cuenta de aquello; de un territorio que ha optado por caminos diferentes a la minería.

Pero bueno, qué más podemos esperar de alguien como Quiroz, que saltó de la colusión al círculo de hierro de La Moneda y, entre medio, queriendo responsabilizar y mercantilizar al naranjillo.

Así se viene la mano.

 

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