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Testimonios del triunfo popular en Honduras

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Jacobin

CLAUDIA KOROL

Imagen: Xiomara Castro se convirtió en la primera presidenta mujer en la historia de Honduras. A pesar de la estigmatización patriarcal y de las campañas de odio en su contra, obtuvo una victoria contundente. (Foto: Reuters)

Doce años después del golpe contra Manuel Zelaya, el pueblo hondureño que resistió a la dictadura logró que Xiomara Castro llegue a la presidencia. Claudia Korol conversó con referentes del movimiento popular y feminista hondureño sobre lo que significa esta victoria y las perspectivas que se abren a futuro.

oce años atrás, el 28 de junio de 2009, un grupo de militares entraron en la madrugada a la casa del presidente Zelaya y lo llevaron preso a Costa Rica, pasando por la base norteamericana de Palmerola, lo que da cuenta de la participación gringa en ese golpe. Se abrió una etapa sangrienta que significó la pérdida de derechos, muy especialmente de los de las comunidades indígenas y garífunas, de las mujeres, de la población empobrecida, de la comunidad LGTTBI+ y los derechos de la naturaleza. Para arrasar con la vida y con quienes la defienden, se profundizó la militarización y la represión y el ataque directo a los defensoras y defensoras —entre ellos, el crimen en la madrugada del 3 de marzo de 2016 de Berta Cáceres, coordinadora general de COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras)—.

Luego del golpe del 2009, hubo otros dos golpes. El 12 de diciembre de 2012 el Congreso, presidido por Juan Orlando Hernández (JOH), acordó la destitución de cuatro de los cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Y en 2017, a través de un gigantesco fraude electoral, se le robó el triunfo al candidato de LIBRE, Salvador Nasrallah, en un proceso enmarcado en una fuerte represión al movimiento popular que fue convalidado por la institucionalidad decadente.

Partícipe y heredero de esos golpes es Juan Orlando Hernández, quien encabezó en los últimos ocho años una narcodictadura que destruyó al país, entregó sus riquezas a las transnacionales y golpeó al pueblo duramente, al punto que éste comenzó a migrar en caravanas multitudinarias hacia los Estados Unidos. Más de una docena de caravanas de migrantes partieron de Honduras hacia Estados Unidos desde octubre de 2018, a pesar de que miles de migrantes fueron devueltos violentamente desde allí o desde México, cuando lo atravesaban en su marcha.

El pueblo hondureño intentó todas las formas de resistencia y con esa memoria y experiencia logró este 28 de noviembre derrotar electoralmente al sucesor de JOH, ganando la presidencia Xiomara Castro, esposa de Mel Zelaya. Xiomara Castro se convirtió así en la primera presidenta mujer de Honduras. A pesar de la estigmatización patriarcal y de las campañas de odio contra ella, obtuvo una victoria contundente: ganó en 17 de los 18 departamentos, en una elección en la que los hondureños y hondureñas votaron masivamente, y en la que se destacó la movilización y participación de las y los jóvenes. En un resultado histórico, votó el 68% del padrón electoral, haciendo realidad la consigna que se gritaba en las calles y se pintaba en las paredes: «¡FUERA JOH!».

Según los últimos datos del Consejo Nacional Electoral, Xiomara Castro —que participa con una alianza entre LIBRE y la Unión Nacional Opositora de Honduras (UNOH)— obtenía 1.409.689 votos (50,63%) contra 999.214 (35,89%) de Nasry Asfura, del Partido Nacional, y el 9 % de Yan Rosenthal, del Partido Liberal. El partido LIBRE (Libertad y Refundación) ganó también en las principales ciudades del país, como Tegucigalpa y San Pedro Sula. Con esos resultados se abren grandes posibilidades para que el pueblo hondureño inicie un proceso de transformaciones profundas, en el que tendrá que enfrentar a enemigos jurásicos, pero tendrá de su lado la voluntad política de un pueblo rebelde.

Honduras, la de las siete plagas

Decía Berta Cáceres que Honduras era un país invisible, que fue conocido internacionalmente por el Huracán Mitch y después por el golpe de Estado. Ahora, su resistencia y la fuerza y creatividad de su pueblo —especialmente de las mujeres— empiezan a ser visibilizadas. En la vida cotidiana, los sectores populares empobrecidos (existe en Honduras un 74% de pobreza y la desocupación, a partir de la pandemia, pasó de 5,7% en 2019 a 10,9% en 2020) se enfrentan a situaciones devastadoras como consecuencia del narcotráfico, la corrupción, el COVID, la militarización, la presencia norteamericana —con base militar incluida—, las masivas migraciones y desplazamientos internos. Honduras es también el país con mayor violencia hacia las defensoras y defensores de derechos humanos en América Latina, y en proporción geográfica es el país más violento y más inseguro para las defensoras y defensores a nivel mundial.

Un tema particularmente grave es la decisión del poder de implantar las ZEDES (Zonas Especiales de Desarrollo), que fragmentan al país. Señala Miriam Miranda, dirigente de OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras): 

Las ZEDEs son las mayores violaciones de los derechos humanos, porque el poder económico se está asegurando, primero, que nadie va a poder organizarse bajo las leyes nacionales; segundo, que los impuestos no se pagan, o sea, son territorios autónomos dentro de Honduras, en los cuales el Estado no va a tener ningún control. Es un riesgo para los derechos humanos, para los derechos de las comunidades que podrían, eventualmente, ser desplazadas para la instalación de estas zonas especiales de desarrollo. Es un proyecto político de Juan Orlando Hernández, que responde a la lógica de los libertarios. 

Otro tema crítico es el narcotráfico, que atraviesa la institucionalidad política. Yan Rosenthal, candidato del Partido Liberal en estas elecciones, estuvo detenido tres años en Estados Unidos acusado de lavado de activos. Tony Hernández, hermano de JOH, está condenado a cadena perpetua en ese mismo país por narcotráfico. Fabio Sosa, el hijo del expresidente Porfirio Lobo Sosa (que gobernó Honduras entre 2009 y 2013, institucionalizando la dictadura), recibió una condena de 24 años de prisión por la misma causa. Seguramente, en estos momentos, Juan Orlando Hernández esté conspirando para evitar seguir ese camino. Algunos narcos que se entregaron a los Estados Unidos lo señalaron como partícipe del tráfico de drogas. Según la activista feminista Gilda Rivera,

Hay un hartazgo de la población, una pérdida de esperanzas, y entonces, bajo las consignas de «Fuera JOH» y «Se Va», sectores amplios de la población —incluyendo sectores del mismo Partido Nacional, de la empresa privada y sectores conservadores— se unen bajo esa idea de que lo principal es que se vaya la dictadura; que se vaya Juan Orlando y su grupo. Cuando dicen «¡Que se vayan!», están pensando que al salir del gobierno el tipo queda desprotegido, y al haber sido nombrado en las Cortes de Nueva York como ligado al narcotráfico y al crimen organizado, los norteamericanos se lo lleven. Claro, lo ideal es que le hagamos justicia en Honduras, pero tal cómo están las leyes va a ser difícil que hagamos justicia en el país. Entonces, la esperanza es —lastimosamente— que se lo lleven los norteamericanos.

Esta situación vuelve más compleja la posibilidad de una transición pacífica, y hace pensar que habrá nuevas conspiraciones para desestabilizar al gobierno de Xiomara Castro.

Xiomara, la presidenta más votada de Honduras

Xiomara Castro se hizo conocida en la resistencia al golpe de Estado. Cuando Mel Zelaya fue llevado hacia Costa Rica ella se escondió y luego salió a marchar por el fin de la dictadura. Señala Bertha Zúniga Cáceres, hija de Berta Cáceres y actual coordinadora general del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras),

Es algo importante que haya por primera vez en la historia de Honduras una mujer presidenta, en uno de los países más machistas -sin dudas- de la región, y qué bueno que ya ha asumido un compromiso con los derechos de las mujeres. Vamos a ver qué tanto se logra avanzar, pero también en ese sentido: cuánto nosotras logramos defender nuestros planteamientos y nuestras demandas.
Este triunfo de doña Xiomara representa el voto de castigo y la desesperación del pueblo de Honduras de acumular tantas situaciones graves y en las cuales se han buscado diversos canales: en las calles, en la lucha cotidiana y también a través de las urnas, ya en procesos anteriores, frente a todos los males acumulados que tienen que ver con la instalación de la violencia generalizada, el miedo, la persecución selectiva de las personas que luchan en defensa de los derechos humanos, frente a la corrupción, el saqueo, el robo al pueblo, ya constante pero muy específicamente sobre los temas de salud, el saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social, el robo tan descomunal que hubo durante la pandemia, y la falta de empleo —sobre todo entre la juventud— y una serie de males que pues en los que ya había una fuerte sanción social.
Muchas de las promesas que ha hecho doña Xiomara, como la derogación de la Ley de las ZEDES, algunas de las reformas al Código Penal que benefician a los corruptos con penas conmutables muy leves, la Ley de Secretos, el tema del Consejo Nacional de Seguridad, no pueden avanzar si no hay un Congreso que mantenga la oposición a todo lo que ha sido el régimen de Juan Orlando Hernández y todos los gobiernos post golpistas. Ese va a ser el gran desafío. 

Sobre la reacción de los sectores fundamentalistas también llama la atención Gilda Rivera: 

Xiomara tiene sensibilidad y compromiso con las mujeres, pero eso puede verse muy limitado por los sectores de derecha (incluso de los que son parte de sus alianzas), especialmente en lo que tiene que ver con derechos sexuales y reproductivos. En el programa de gobierno participaron algunas feministas jóvenes de nuestras organizaciones —aunque participaron a título individual— que lograron incluir en el programa el matrimonio igualitario, el derecho al aborto por las tres causales y algunas demandas del movimiento feminista y de la comunidad LGTTBI+. Sin embargo, esas fueron las armas que utilizó la derecha para atacarla: dijeron «ella promueve el aborto y el aborto es asesinato de niños» y hasta sacaron mantas en una manifestación con la imagen de Xiomara con un puñal atacando a una mujer embarazada, justo el puñal sobre la panza de esta mujer embarazada. Una campaña de lo más sucia. Entonces, a nosotras este nuevo gobierno nos da esperanza, pero no pensemos que la vamos a tener fácil: muchas de nuestras demandas posiblemente no sean del interés de muchos sectores que la apoyaron para que se vaya Juan Orlando, pero que van a querer ser parte de las políticas de gobierno y posiblemente también ser parte de un supuesto botín Estatal, que es algo a lo que le apuestan fuertemente.

Por la refundación de Honduras

Los desafíos de los sectores populares y de los feminismos en Honduras son muy grandes en este momento político. Las organizaciones populares más radicales retoman entonces la propuesta que lideró Berta Cáceres: la Refundación de Honduras. Reflexiona al respecto Miriam Miranda:

Hay que profundizar la construcción de poderes locales territoriales integrados, que puedan sostener la lucha en esos territorios. Hay algo muy certero: este gobierno está con miedo, porque hay todo un movimiento de personas que sí quieren rendición de cuentas. También es cierto que hay una diferencia con el 2017: la gente no tiene miedo. El miedo cambió de bando, ahora lo tiene el gobierno. 
No vamos a resolver el problema de Honduras con que gane Xiomara. Xiomara puede ser presidenta, pero ¿cómo va a gobernar cuando toda una plataforma de poder económico, político, militar, etc. va a estar siempre luchando contra ella? Tenemos que ir construyendo otra forma de convivencia. A nivel territorial deben crearse las condiciones para que las comunidades estén empoderadas, para poder enfrentar la voracidad del capital que destruye día a día nuestros recursos y nuestra vida, y así construir con autonomía un proyecto popular, que es la base para la Refundación de Honduras. 

Así como es un riesgo la cantidad de enemigos violentos y poderosos con los que se va a enfrentar Xiomara Castro, también hay debilidades que surgen de las mismas alianzas tejidas para su elección. Señala al respecto Gilda Rivera:

Creo que son alianzas frágiles, que podrían correr el riesgo de fracturarse, especialmente si doña Xiomara asume posiciones fuertes, por ejemplo, en relación a las demandas del movimiento de mujeres. El hecho de que triunfe una mujer como presidente es un gran triunfo y así lo sentimos, porque es una mujer progresista, que en su discurso del día del triunfo habló de las mujeres, de la necesidad de reconocer y garantizar los derechos humanos de las mujeres y de obtener mayor participación política de las mujeres. Yo creo que ella tiene sensibilidad y compromiso con las mujeres. Pero eso puede verse muy limitado por los sectores de derecha que son parte de esas alianzas, especialmente en todo lo que tiene que ver con derechos sexuales y derechos reproductivos. Yo creo que la reacción de los grupos de derecha y del patriarcado va a ser fuerte. No es fácil aceptar que una mujer ha ganado, aceptar que esa mujer venga de la resistencia popular contra el golpe de Estado, que esa mujer haya encabezado las manifestaciones contra el golpe, que haya asumido una posición cuestionadora del modelo económico.
Entonces se vienen ataques muy fuertes contra las feministas, contra el movimiento organizado de mujeres que quiere ser parte, y que de alguna forma siente que este triunfo nos pertenece como mujeres. Pero pese a estos riesgos, a estas amenazas, nos sentimos alegres. Yo no soy parte de LIBRE, tengo más dudas que certezas sobre LIBRE, sin embargo de un proceso de reflexión muy propio decidí votar por Xiomara, porque para mí significaba darme y dar,   acompañar al pueblo, y esa intencionalidad en ese deseo de lograr que lleguen nuevas autoridades y que pongamos muchas esperanzas, pero sabiendo que va a depender de la fuerza que tengamos como movimientos populares sobre este gobierno, de que sepamos mantener nuestras posiciones, de saber exigir, reclamar, para lograr algunos cambios.

Miriam Miranda también analiza:

No va a ser fácil gobernar un país destruido, saqueado. Entendemos que no va a lograr hacer grandes transformaciones, sobre todo en los temas estructurales, y que solo va a dar un respiro a las organizaciones que hemos estado tan acechadas. A partir de la experiencia que se ha vivido en toda Latinoamérica, sabemos que las organizaciones debemos mantener la beligerancia en nuestras luchas, y no dormir y esperar que los cambios vengan desde esos lugares. Las empresas privadas, las Cámaras de Comercio, el sector empresarial, también están reconociendo su gane porque quieren una cercanía y necesitan seguridad jurídica para las inversiones. Pero hay temas muy delicados en los que no vamos a compatibilizar, por ejemplo el tema de las ZEDES. Ahí se darán también grandes disputas.

Señala Bertha Zúniga Cáceres: 

Creo que se puede retomar la discusión refundacional de Honduras, una propuesta que nació de los pueblos. Es algo que nos compete a las organizaciones sociales. Puede ser una coyuntura que ojalá permita reconfigurar esta propuesta, pues la correlación de fuerzas en Honduras está más cercana a los proyectos y las demandas históricas de los pueblos. Nos toca mucha actividad en Honduras, y vamos a necesitar el hermanamiento de todos los pueblos y las organizaciones que han estado de nuestro lado.

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