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¡Tal para cual!.. o tal por cual!

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por Franco Machiavelo

En este tiempo de máscaras cambiantes, donde la política se ha vuelto un carnaval permanente, asistimos a una patología casi natural —una enfermedad sin cura— que devora la coherencia y la honestidad intelectual. El travestismo ideológico, el camaleonismo oportunista y el gatopardismo más descarado se mezclan en la salsa espesa del neoliberalismo, ese caldo que lo digiere todo y convierte incluso las convicciones más firmes en mercancía barata.

Ya nada sorprende. Se ha normalizado el desfile grotesco de parásitos que se arrastran entre las alfombras del poder, culebras que mudan piel según la temporada, sirvientes que lamen botas con fervor religioso mientras predican austeridad, sacrificio o algún cuento moral de ocasión. Son los mismos que lloran lágrimas de cocodrilo frente a las cámaras y bostezan indolencia cuando nadie los mira.

La desconfianza se volvió sentido común. Nadie cree en nadie; nadie le compra el relato a nadie. La apatía terminó elevándose a acto noble: el famoso “no estoy ni ahí” dejó de ser rebeldía y pasó a ser refugio emocional en un país donde la moral se arrendó, la ética se vendió al mejor postor y la consecuencia quedó archivada como un fósil incómodo.

Todo Chile parece puesto en vitrina: su territorio, su agua, su aire, su historia, su dignidad… y también el respeto, subastado una y otra vez por quienes gobiernan y por quienes aspiran a gobernar. Un país donde el mercado dicta incluso qué vale una vida y qué no.

Pero no todo está perdido. La esperanza —esa memoria viva que ningún poder ha logrado aplastar— sigue ahí, respirando bajo la tierra removida, bajo los abusos acumulados, bajo la indiferencia generalizada. Y más temprano que tarde volverán a abrirse las grandes alamedas, esas mismas que muchos quisieron cerrar con miedo, plomo y miseria. Por ellas caminará nuevamente el hombre y la mujer libres, sin taras impuestas y sin traumas heredados.

Porque, aunque lo nieguen los conversos y los camaleones, sigue habiendo quienes no renuncian. Sigue habiendo quienes luchan.

¡Arriba los que luchan!

 

 

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