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Sylvia Townsend Warner

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(6 de diciembre de 1893, Harrow, Reino Unido

1 de mayo de 1978, Maiden Newton, Reino Unido)

Escritora, poeta, musicóloga, miembro de la Cruz Roja y del Partido Comunista de Gran Bretaña. Renovó las letras británicas entre los años veinte y cuarenta; fue una de las figuras indispensables de la disidencia literaria anglosajona del siglo XX y toda una autoridad en música inglesa antigua. Está considerada una de las escritoras inglesas más importantes del siglo xx.

Sylvia Townsend Warner no fue a la escuela. No porque no quisiera, sino porque no había escuela que la quisiera a ella. Fue una niña salvajemente divertida para la Inglaterra de finales del XIX. A Sylvia la expulsaron de la guardería por reírse de las monitoras. Las imitaba a todas, y de forma tan brillantemente absurda que algunas de ellas suplicaron a la directora que le quitasen a aquella chica de en medio.

Su padre le dio clases en casa. Es por eso por lo que de alguna forma siempre fue una outsider. O se acostumbró a observar el mundo desde fuera. Ahí estaban todos los demás, haciendo las cosas que se suponía debían; y ahí estaba ella, en mitad de ninguna parte, sintiéndose a la vez una privilegiada –a su familia nunca le fue nada mal– y una paria. De ahí quizá el absurdo de sus historias que siempre colocan a un personaje –la protagonista– por encima del resto. O simplemente la acompañan en ese universo paralelo que se abre ante ella y por el que transita, inevitablemente, tratando de acercarse al resto sin llegar nunca a hacerlo del todo, como en un cuento de hadas en el que realidad siempre está lejos.  Aunque a Townsend Warner lo que le gustó desde niña, además de imitar a profesoras, fue la música. Llegó a ser una reconocida musicóloga especializada en la música de los siglos XV y XVI.

A mediados de los años veinte del siglo pasado, se produjo  en Inglaterra una pequeña explosión de inteligentísimas y, casi siempre en extremo divertidas, autoras. Como Townsend Warner, en muchos casos se estrenaban con un poemario y escribían con asiduidad en todo tipo de publicaciones. Renovaron desde un segundo primer plano la narrativa británica de la época, mientras sus homólogos masculinos –desde Evelyn Waugh a Edmund Crispin pasando por Kingsley Amis– se llevaban fama y laureles.

En muchos casos, las novelas escritas por estas autoras se publicaban y no se promocionaban, se olvidaban, y apenas de ninguna de ellas llegaba a haber una segunda edición, porque se tenían por cualquier cosa prescindible. Ese fue el caso de buena parte de la obra de Townsend Warner, a excepción de Lolly Willowes y su polémica biografía sobre T. H. White.

Aunque en su momento fuese desplazada por la importancia de lo masculino, su figura no ha dejado de crecer en su país desde su muerte. Aunque lo ha hecho como lo haría uno de sus personajes. Desde los márgenes, como el resto de autoras de la época.

Sylvia Nora Townsend Warner nació en Harrow on the Hill, Middlesex, hija única de George Townsend Warner y su esposa Eleanor “Nora” Mary (de soltera Hudleston). Su padre era un maestro de la casa en Harrow School y, durante muchos años, estuvo asociado con el prestigioso Premio de Historia de Harrow. Cuando era niña, Townsend Warner fue educado en casa por su padre después de ser expulsado del jardín de infancia por imitar a los maestros. Tenía inclinaciones musicales y, antes de la Primera Guerra Mundial, planeaba estudiar en Viena con Schoenberg, pero esto fue impedido por el estallido de la guerra en 1914.

Disfrutó de una infancia aparentemente idílica en la zona rural de Devonshire. Estaba muy unida a su padre, pero murió repentinamente en 1916 y se mudó a Londres. Desde 1917 fue una de las editoras, con otros tres musicólogos, de las partituras de William Byrd, Orlando Gibbons, Thomas Tallis y John Taverner, para la preparación de los diez volúmenes de Tudor Church Music, publicados entre 1922 y 1929 por las imprentas de la Universidad de Oxford. En el equipo estaba Percy Buck, un hombre casado doce años mayor que ella, con quien tuvo una aventura.

En 1922, un antiguo alumno de su padre, Stephen Tomlin, la convenció de que fuera a Chaldon Herring, Dorset, donde en 1923 conoció al escritor Theodore Powys,  cuya escritura influyó en la suya y cuyo trabajo ella a su vez alentó. Los dos se hicieron amigos. Conoció a David Garnett, quien se convertirá en un amigo perdurable. Con Tomlin y Garnett, trabajan en la publicación de las historias de Theodore Powys. Durante este tiempo comenzó a escribir poesía que David Garnett muestra al editor Charles Prentice. Las publicó en la revista L’Espalier en 1925 y le pidió a Sylvia que escribiera una novela. En 1926 publica la primera, Lolly Willowes, o The Loving Huntsma, seguida en 1927 por Mr. Fortune’s Maggot. Desde su primer trabajo, quedó claro que el enfoque de Townsend Warner estaba en subvertir las normas sociales. Más tarde usaría mucho los temas del rechazo a la Iglesia, la necesidad de empoderamiento femenino y la independencia en sus obras. Fue en la casa de Powys donde Townsend Warner conoció a Valentine Ackland, un joven poeta; las dos mujeres se enamoraron, Sylvia compró una cabaña en Chaldon Herring en 1930 e invitó a Valentine a vivir con ella. Finalmente se establecieron en Frome Vauchurch, Dorset, en 1937. Aquí es donde se originó la mayor parte del trabajo de Townsend Warner.

Sylvia fue una escritora prolífica; además de la poesía, escribió numerosos cuentos que se recopilaron en 8 volúmenes, incluidos 140 para The New Yorker. Escribió siete novelas, una biografía de TH White y tradujo Contre Saint Beauve de Proust. Su relación con Ackland inspiró gran parte de las obras de Townsend Warner juntas publicaron el volumen de poesía Ya sea una paloma o una gaviota en 1933.

Alarmadas por la creciente amenaza del fascismo, en 1935, Ackland y Townsend Warner se unieron al Partido Comunista de Gran Bretaña. Participaron activamente; asistieron a reuniones, recaudaron fondos y publicaron en periódicos de izquierda. Los ideales marxistas se abrieron paso en sus obras. Defienden los derechos de los trabajadores agrícolas y van dos veces a España durante la guerra civil. Townsend Warner participó en el II Congreso Internacional de Escritores por la Defensa de la Cultura, celebrado en Valencia en julio de 1937, mientras prestaba servicio en la Cruz Roja durante la Guerra Civil Española.

Esas inquietudes quedan reflejadas en su novela Summer Will Show, que tiene lugar en París en 1848. En 1937, se instalan en Frome Vauchurch. Durante la guerra, Townsend Warner abrió centros para refugiados, mientras continuaba con su obra literaria. En 1948, publicó su obra maestra, The Corner That Held Them. También debe cuidar de su madre, que muere en 1950.  

Después de la guerra, Townsend Warner y Ackland regresaron permanentemente a Inglaterra. La historia de amor entre las dos duró hasta 1969, cuando Valentine murió de cáncer de mama. Después de la muerte de Ackland, Sylvia publicó una antología de sus poemas llamada The Nature of the Moment.

Sylvia Townsend Warner escribió hasta su muerte. En los últimos años de su vida inició una serie de narrativas que tienen lugar en un reino elfo imaginario. Sufriendo de sordera y artritis, murió el 1 de mayo de 1978. Sus cenizas yacen con las de su compañera Valentine Ackland en el cementerio de East Chaldon.

En 1972 fue elegida miembro honorario de la Academia Estadounidense de Artes y Letra. En 1982, a cuatro años de su muerte, los albaceas de Townsend Warner se pusieron en contacto –para que escribiera su biografía–con la poeta y crítica británica Claire Harman. Ésta biografía aparecerá –debido en parte a un período de espera a ser respetado en cuanto a la revelación de elementos biográficos– en 1989, bajo el título Sylvia Townsend Warner: una biografía. Este libro ganó el premio John Llewellyn Rhys en 1990.

https://es.qaz.wiki/wiki/Sylvia_Townsend_Warner

https://elpais.com/cultura/2020/10/20/babelia/1603182273_831086.html

Relatos Selectos: Pocos autores han descrito con tanta precisión y acierto a los solitarios, los excéntricos y los viejos, pasando de lo hilarante a lo melancólico, mezclando las evocaciones naturalistas, y en ocasiones tremendas, de la clase media inglesa con los elementos fantásticos. Pocos autores han captado con tanta agudeza la faceta absurda, caprichosa y disparatada de la naturaleza humana, la peligrosa frontera entre la red de las virtudes convencionales y las pasiones desatadas.

Lolly Willowes: Lolly Willowes aún soltera, tras la muerte de padre pasa a depender de sus hermanos. Tras ocuparse de todo durante demasiado tiempo, decide escapar de su constreñida existencia y se traslada a una pequeña aldea en Bedfordshire. Allí, feliz y sin trabas, no tardará en descubrir su verdadera vocación: la brujería. Y junto a su gato y al más inesperado de los aliados, Lolly será, por fin, libre. Deliciosamente irónica y sugerente, la obra supuso un corrosivo alegato a favor de la independencia de las mujeres.

Tras la muerte de Don Juan. Escritos sobre España: Aborda un tema español, la figura de don Juan, a partir de la ópera de Mozart, “Don Giovanni”, en el punto en que el autor del libreto, Lorenzo Da Ponte, dejó la historia de don Juan: en el momento de su muerte. Puede considerarse, en palabra de su autora, «una parábola […] o una alegoría […] de la química política de la guerra española, con el don Juan […] convirtiéndose en el fascista del texto».

«Hay un período en la vida de uno –quizás no más de seis meses– en el que se vive en dos mundos a la vez… Es el momento en que uno acaba de aprender a leer. La Palabra, hasta entonces un rasgo distintivo de la Cosa, de repente se ha desprendido de ella y se percibe como una entidad resplandeciente, transparente e inasible como una medusa, pero capaz de crear un mundo independiente que es a la vez más recóndito y más instantáneamente convincente que el mundo que uno conocía antes.» – Sylvia Townsend Warner

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