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Reseña: La mano izquierda del capital, de Ceibo Ediciones

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La mano izquierda del capital, de Ceibo Ediciones: ensayo sobre el progresismo neoliberal chileno, de la Concertación a Gabriel Boric

Fernando Leiva Letelier hace en este libro (512 págs.) de Ceibo Ediciones una invitación imprescindible para comprender las dinámicas de cooptación que fracturaron el vínculo entre la élite y el pueblo de Chile a partir de fines de la década de 1980. Antes de aquella fractura, la izquierda chilena prometía convertirse en “sepulturera” del sistema neoliberal. Una vez iniciada la transición a la democracia en 1990, e incluso desde antes, mientras se negociaba la salida del dictador, y luego a lo largo de los últimos 36 años, la izquierda chilena ha sido arquitecta, defensora y renovadora fundamental del mismo sistema. Una metamorfosis que la transformó en la mano izquierda del capital.

La Concertación y la Nueva Mayoría no sólo administraron la herencia de la dictadura con el pretexto de «generar certidumbre a los agentes económicos» y “tranquilizar a la derecha y a las Fuerzas Armadas”, sino que además diseñaron tecnologías políticas sofisticadas para legitimar y profundizar la mercantilización de la vida social; erigieron
los pilares de la consolidación neoliberal desde la domesticación de los movimientos sociales; usaron a las instituciones del Estado para subvencionar la demanda privada en salud, pensiones y educación; e hicieron práctica común la «conversión sociológica» de una élite que transita sin fricciones desde el servicio público hacia los directorios de los grandes conglomerados económicos. Luego, el gobierno de Gabriel Boric selló el proceso, dotándolo de una estética progresista, ecologista y feminista, «salvando al capitalismo de sí mismo», aportándole la racionalidad y la legitimidad institucional que la derecha dogmática no pudo construir, pero que hoy recibe con los brazos abiertos.

Desde el fin de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet, la élite y la clase política chilenas han logrado proyectar con éxito la idea de un país que presenta altos niveles de estabilidad, eficiencia y legitimidad institucional, tres características constitutivas de la gobernabilidad. A partir de 1990, la transición pactada hizo de Chile un prototipo del cómo –en la era del neoliberalismo global- era posible “modernizar” un país combinando
políticas pro-mercado con mecanismos “democráticos”. Durante buena parte de las décadas siguientes, las élites empresariales, los gurús del desarrollo, junto con analistas políticos de diferentes tendencias y muchos académicos progresistas, han presentado a Chile como paradigma de una esmerada gobernanza y del manejo visionario de
gobiernos de coaliciones de centroizquierda moderada que han sabido hermanar sagazmente el libre mercado con políticas pro-equidad. La centroizquierda chilena, el Partido Comunista y el Frente Amplio han sido arquitectos activos y agentes clave en la neoliberalización creciente de la sociedad chilena. Han sido, a final de cuentas, la mano
izquierda del capital.

Los gobiernos de la Concertación por la Democracia y la Nueva Mayoría y posteriormente el del Frente Amplio, así como las fuerzas políticas que les dieron sustento, consolidaron el sistema neoliberal de dominación mediante: (1) el diseño de mecanismos de cooptación y control social que complementaron la sujeción basada en el mercado y en el lugar de trabajo; (2) la puesta en marcha de nuevas tecnologías políticas basadas en la producción de hegemonía mediante la participación. Ambos mecanismos han sido conducidos y coordinados por una nueva troika integrada por el sector privado, el Estado y actores de la sociedad civil, tríada que ha aprovechado en su beneficio las redes basadas en la confianza y en el capital social. Las nuevas tecnologías de dominación aprovecharon la identidad cultural de la población para controlar más eficientemente su comportamiento. Esta consolidación del sistema fue posible gracias a un conjunto de políticas públicas que ofertó derechos sociales garantizados pero mercantilizados y financiarizados, y una concepción política cuya manifestación más nefasta ha sido el Crédito con Aval del Estado (CAE).

En contra de la noción de que la centroizquierda solo “administró” el modelo establecido por los militares y los Chicago Boys de Milton Friedman, la izquierda chilena jugó el papel creativo y generativo para conformar nuevos imaginarios, racionalidades, instituciones, rutinas y políticas que permitieron al sistema neoliberal de dominación
persistir, adaptarse y –con mayor o menor éxito– sortear sus contradicciones a lo largo de varias décadas. Sin las anteojeras impuestas por el neoliberalismo dogmático a ultranza, que exalta al mercado como el único mecanismo natural, ético y eficiente de coordinación social, la centroizquierda y la izquierda chilena fueron capaces de concebir
tecnologías políticas con un sustento y eficacia de mayor espectro.

La centroizquierda chilena diseñó mecanismos de cooptación mediados por recursos estatales y la influencia de partidos políticos de izquierda y centroizquierda y generó un sistema de derechos sociales mercantilizados y financiarizados que han servido como espejismos para la promesa de un “Estado de derechos sociales”.

En marcado contraste con la afirmación hecha por Michelle Bachelet respecto de que su segundo gobierno “puso fin a los últimos vestigios del neoliberalismo en Chile, la centroizquierda y la izquierda institucional desempeñaron un papel central a la hora de forjar las artes de domesticación y de diseñar novedosas tecnologías políticas para producir una ciudadanía sumisa y generar subjetividades contrainsurgentes. De hecho, sin las intervenciones de la izquierda, el sistema de dominación neoliberal chileno no habría sido capaz de sortear sus contradicciones, ni de abrir nuevos ámbitos sociales y ecológicos para la acumulación de capital y la producción de legitimidad.

Bachelet y los dirigentes políticos de centroizquierda sostienen que, precisamente gracias a sus políticas, fue que Chile logró evitar “explosiones sociales o la crisis de gobernabilidad que se derivan de no actuar ni querer actuar a tiempo”. Esa retórica autorreferente pre-estallido no toma en consideración la forma en que, durante un cuarto de siglo, las innovaciones político-ideológicas de la centroizquierda cumplieron un papel clave protegiendo el poder del capital al mismo tiempo que extendían su hegemonía a toda la sociedad. Las políticas de la centroizquierda contribuyeron a ampliar aún más la colonización de distintas esferas de vida social por parte del mercado y su crueldad, profundizando la actual crisis de representación y legitimidad. Gracias a los discursos y políticas elaboradas por la izquierda, Chile permanece hasta hoy como el único país de América Latina –si no del mundo– donde el neoliberalismo ha reinado de manera ininterrumpida durante más de cinco décadas.

La nueva izquierda que dio origen al Frente Amplio nació prometiendo sentar las bases para una nueva cultura política para transformar profundamente a la sociedad chilena. Muy pronto, sin embargo, lejos de socavar las bases del neoliberalismo, esta tercera vertiente de la izquierda institucional se transformó en una fuerza revitalizadora del sistema de dominación neoliberal. El Frente Amplio adoptó el ordoliberalismo, la versión alemana del neoliberalismo, como brújula política. A diferencia del neoliberalismo de los Chicago Boys y Milton Friedman, el ordoliberalismo sostiene que, para que el mercado pueda funcionar eficientemente, requiere como precondición un Estado fuerte que el capitalismo y la democracia se complementen de modo armónico.

El Frente Amplio se hizo cargo del enfoque ordoliberal y lo engalanó, inyectándole elementos del feminismo y del ecologismo, para forjar un discurso político híbrido que denominó “neo-ordoliberalismo” o “ordoliberalismo enchulado”. En realidad, se trató de un discurso y de una práctica política “progresista” en apariencia, pero reaccionaria y pro-capitalista en esencia.

El autor
Fernando Leiva Letelier (Santiago, 1953) es profesor de Estudios Latinoamericanos y sobre Latinos en la Universidad de California Santa Cruz, EEUU. Doctor en Economía de la Universidad de Massachusetts-Amherst. Sus ensayos han aparecido en revistas académicas, tales como New Political Economy, Revista Europea de Estudios Latinoamericanos y Caribeños, Latin American Politics and Society, y Latin American Perspectives. Sus libros, entre ellos Democracy and Poverty in Chile: The Limits to Electoral Politics (con James Petras, 1994), Latin American Neostructuralism: The
Contradictions of Post-Neoliberal Development (2008) y The Left Hand of Capital: Neoliberalism and the Left in Chile (2021), examinan críticamente la naturaleza de la transición chilena y el papel del progresismo en legitimar el capitalismo en la región.
Por develar la siempre cambiante articulación entre la acumulación de capital, la construcción de hegemonía, y la producción de subjetividades, su mirada ha sido fuertemente influenciada por el enfoque transdisciplinario de la Economía Política Cultural Critica. Sus investigaciones actuales versan sobre el nexo finanzas-extractivismo-transición energética y cambio climático y su papel clave en el funcionamiento del capitalismo rentista dependiente y depredador que impera en Chile.

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