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PERU – PREPARATIVOS DE GUERRA

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Por Gustavo Espinoza M.   Perú

Desde el pasado 8 de septiembre y hasta el próximo 18, el Perú está participando en un programa bélico diseñado y organizado por el Comando Sur de los Estados Unidos y que cuenta con la asistencia de tres países de la región: Argentina, Chile y Perú, 

En el accionar más importante, el 18 de septiembre las unidades militares que intervienen en “el conflicto” tendrán un encuentro altamente calificado en la zona de Tarapoto, en la selva peruana. El, marcará el sentido principal del operativo que forma parte de una cadena de acciones militares que se han venido desplegando en meses anteriores y que se proyectan hacia adelante.  

El argumento que justifica estas acciones se sustenta en la idea de combatir la “ola delictiva transnacional” que agobia a diversos países de la región. Se trata de enfrentar el sicariato, la extorsión y en general las acciones de la delincuencia ordinaria que vienen causando severos estragos en esta parte de América,

Hay que preguntarse, sin embargo, en qué medida servirán los operativos en marcha para lograr estos fines, dado que lo programado es enteramente castrense. Se trata, en efecto, de prácticas de supervivencia en condiciones extremas, cruce de ríos caudalosos, practica anfibia y otros.

Es de suponer que los cerebros del Comando Sur les explicarán a los soldados de la región cómo encontrar sicarios y extorsionadores en la espesura de la selva y en la torrentera de los ríos amazónicos. Así, se podrán a tono con los requerimientos exigidos por los instructores norteamericanos expertos en la guerra en selva, a la luz del legado que recibieran de lo ocurrido en Vietnam en la segunda parte del siglo pasado.

Lo curioso es que los peruanos nos enteramos de esta guerra, cuyos preparativos ya están en marcha, cuando todo ha comenzado, sin que nadie haya recabado nuestra modesta opinión, esa que se afirmó cuando la Unidad Latinoamericana y Caribeña -la ULAC- decidió en el 2011, que viviríamos en “un continente de paz”.

No nos sorprende el hecho. Por lo menos nosotros nos enteramos que el Perú se había incorporado al “Escudo de las Américas” porque así lo dijo el presidente Donald Trump el pasado martes 8 de septiembre desde la Casa Blanca y lo confirmó el miércoles 9 su Secretario de Estado, el señor Marco Rubio al emprender su “periplo latinoamericano” rumbo a Colombia, Ecuador y Perú.

En cuanto a los peruanos se refiere, nosotros fuimos informados recién el jueves 10 cuando “la Presidente Constitucional del Perú” dijo haber tomado la decisión de “incorporar al Perú al Escudo de las Américas” .

¿Hubo alguna consulta a los ciudadanos peruanos para esa decisión? ¿Algún referéndum, un debate político, un acuerdo parlamentario, una consulta a las Cámaras Legislativas?. Por cierto, que no ¿A quién se le ocurriría pedir una consulta o un debate para una decisión tan secreta como esa? Si se diera una “consulta” de ese tipo podría enterarse China, y eso es lo que hay que evitar.

Por eso los peruanos pudimos saber que el 8 de septiembre ya integrábamos una estructura militar supra nacional, aunque no supimos entonces que esa guerra ya se había iniciado en el vientre de nuestro continente y en ella peleábamos al lado de soldados chilenos, y argentinos -bajo la conducción de militares de los Estados Unidos- buscando sicarios y extorsionadores en las profundidades de los ríos amazónicos.

Probablemente para complementar la concepción guerrerista que urge cimentar entre los jóvenes de nuestro tiempo, el gobierno de la señora Fujimori decidió “reformar” la educación pública para evitar que se “infiltren ideologías perversas”. Así aseguro que ya no se podrá hablar a los alumnos de la Revolución Francesa, ni de sus consignas básicas: libertad, igualdad y fraternidad; porque son ideología pura.

Tampoco se podrá hablar, por supuesto, de Túpac Amaru, ni de las rebeliones indígenas. Tampoco de la Independencia de las Naciones ni de la soberanía de los Estados. Mucho menos de los derechos de los pueblos. Y habrá que borrar de las enseñanzas escolares cualquier alusión a, Calcuchímac, Micaela Bastidas, Juan Santos Atahualpa, Mariano Melgar, María Parado de Bellido, Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui, Juan Velasco Alvarado. Ellos rezuman ideología por todos los poros, ¿verdad?

Y es que, a criterio del gobierno, a los niños hay que darles guerra, y no ideas. Enseñarles a matar, no a pensar ni a construir.  Por eso hay que insistir en la Pena de Muerte, los Estados de Emergencia, las acciones militares. La preparación bélica urge.

En un Estado de Emergencia, cuando hay un enemigo armado y un peligro de guerra inminente, cuando la situación es tan grave que hay que dar paso a accionar bélicas “de entrenamiento” no es aconsejable que abandone el país quien tiene la responsabilidad de conducirlo. Más aún, cuando tal persona lleva en sus venas la sangre de quien huyó cuando vio que acechaba el peligro.

Pero Keiko Fujimori se dispone a irse del país el 21 de septiembre para participar en la asamblea general de Naciones Unidas, como si su palabra fuera allí muy importante y, sobre todo muy esperada. Hay que decirle sin tapujos que no. Que todos saben lo que habrá de decir y que nadie espera un cambio en su discurso.

Lo que ocurre es que el afán de figuración le corroe el alma y no la deja vivir. Por ahora no necesita sólo ir a un Spa con un argentino con billete, Debe ir a Nueva York y verse con Donald Trump para darle cuenta de sus acciones aquí.  El servilismo también requiere reconocimiento, sin duda, y algún cariño habrá.

Desde aquí, ese cariño sobra, sin duda, Y se manifiesta de distinta manera: En unos casos nombrando a sus sirvientes más inmediatos como “embajadores políticos”. Y en otros, promoviendo lacayos a ubicaciones en el exterior. Ese último, es el sentido que lleva la promoción del señor Gonzales Olaechea como director de la OIT.

Buscar ese puesto para el Canciller de Dina es demostrar que no le importa nada. Y pretender que esa designación sea “respaldada” por las organizaciones sindicales, es incubar le ilusión de una alevosa traición. Si algún dirigente sindical se prestara a ese juego, merecería el repudio activo de los trabajadores 

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