por Isaac Bigio
Hugo Blanco debió estar celebrando ahora su 91′ cumpleaños, aunque falleció el 25 de junio 2023. Vino al mundo en la sagrada capital andina (Cusco, 15/11/1934) y se nos fue en Upsala (Suecia), el anterior centro religioso escandinavo.
Si bien Blanco fue ateo si fue un guerrero de la talla de los incas y vikingos. Ningún otro luchador social quechua ha sido tan importante en el último siglo.
En 1954 se fue a estudiar a Argentina, a La Plata, donde no quiso hacer plata. Más bien, se comprometió con los trabajadores, se hizo trotskista y fue a laborar a una fábrica tornándose sindicalista. Luego retornó al Perú, donde fue perseguido por impulsar la protesta contra la visita de Richard Nixon, vicepresidente de EE. UU., en 1958. Así llegó al agro cuzqueño donde organizó sindicatos campesinos. Estos fueron los primeros en impulsar una reforma agraria echa por y para los trabajadores del campo.
A Blanco, por ser su dirigente, lo persiguieron acusándolo de «guerrillero», lo que él negó, pues él afirmaba haber organizado «brigadas de autodefensa». Se le quiso condenar a muerte. Estuvo preso en 1963-71, desde las dictaduras de Pérez Godoy y Lindley hasta la de Velasco, pasando todo el quinquenio de Belaúnde. Tras ser liberado por el «socialismo militar», este lo volvió a arrestar y lo deportó por apoyar huelgas. Luego, cuando la derecha quiso derrocar a Velasco, él le planteó a quien le reprimió un frente único contra el golpe.
Después regresó al Perú, donde fue el primer candidato socialista en bordear casi el 10% de los votos. Se convirtió en la primera figura electoral de la izquierda a nivel nacional en toda la historia. Poco antes de asumir su curul en la Constituyente de 1978-79, Morales Bermúdez lo expulsó a él y otros marxistas a Argentina, donde la tiranía de Videla pudo haberlos desaparecido.
En 1980 la «izquierda revolucionaria» se unió tras su candidatura presidencial, pero la división catapultó a Belaúnde. Blanco llegaría a ser luego diputado y senador, además de organizador de tomas de tierras. Su último exilio se dio porque SL quiso matarlo. Murió sin fortuna, pero afortunado de ser despedido por miles de dirigentes sindicales y campesinos.
Isaac Bigio. Politólogo economista e historiador con grados y postgrados en la London School of Economics & Political Sciences.











