Resumen Latinoamericano, 26 de junio de 2026
El juez le dió 72 horas para efectivizar el traslado al Servicio Penitenciario. El Lonko levanta la huelga de hambre!
En funcion de lo acontecido hace apenas unas horas, el Lonko se prepara para su inminente traslado a la U 14 de Esquel, cerca de su familia y su gente.
Esto es una muestra mas de que juntos podemos lograr objetivos comunitarios. Una vez en Esquel, seguiremos luchando por su total liberacion!
Marichi weu!
AUDIO DEL LONKO FACUNDO JONES HUALA
La furia es como el viento, no puede ser contenida con un abrazo
Por Gustavo Figueroa.

Quieren que Facundo Huala caiga, se rinda, se arrastre, viva un calvario, que no tenga un minuto sin sufrimiento. Buscan que su corazón colapse, que deje de palpitar e irradiar con frenética vehemencia la rebeldía y obstinación que lo moviliza, incluso dentro de un gélido calabazo.
Cuatro horas lo mantuvieron en la intemperie (junio 2026), en la cúspide del otoño, con temperaturas bajo cero, cuando la policía de Chubut sabe sobre su estado de salud; sabe que Facundo lleva más de 57 días de huelga de hambre. ¡No les importo! No les importa si su corazón colapsa. Están buscando inducir la insuficiencia cardiaca, un ACV, el infarto.
A Facundo le proponen el destierro y la miseria. Como a otros presos que padecen el frío y la inanición en el pabellón 5 del penal de Rawson (Unidad 6) en la provincia de Chubut. “Facundo le indicó a una enfermera que había sangre de otro paciente en su camilla. La enfermera no le dio importancia. Facundo se sacó el algodón que tenía en el brazo y limpio, como pudo, la mancha de sangre que había en la sabana”, me cuenta Pity Huala, su mamá, vía comunicación telefónica.
“Hay goteras en las paredes, cables pelados, vidrios rotos, los calefactores no funcionan. El mes pasado hubo un brote de tuberculosis en el pabellón 8, que está arriba del 5, y lo ocultaron”.
Facundo tiene una arritmia, heredada de otras huelgas, en las que también utilizó su cuerpo como arma efectiva para repeler el abuso racista, judicial y estatal de los Estados chileno – argentino. ¿Cuánto puede resistir un cuerpo? Facundo puede sufrir un infarto en cualquier momento. Sus carceleros lo saben, las enfermeras lo saben, el poder judicial lo sabe. Eso es el racismo estructural.
“Cuando empezó la huelga pesaba 85 kilos. Hoy está en 63 kilos. Le inyectaron 3 litros de suero, pero ya los debe haber perdido”.
El pedido y la razón del inicio de la huelga de hambre (27 de abril) de Facundo es simple y admisible: Facundo exige ser traslado al penal de Esquel (Unidad 14), para estar cerca de su familia, que vive en la ciudad de Bariloche.
Contra Facundo se ejecuta, en la oscuridad de la privacidad, todas las perversiones que les gustaría concretar en público contra un indio, un indígena, un paisano pobre, el mapuche más bocón, entre los bocones.
A Facundo lo mantienen detenido de manera arbitraria, por orden del Ministerio de Seguridad de la Nación, acusado de los delitos de “apología del delito” y dos figuras de “asociación criminal” (imponer la ideas propias por la fuerza y colocar en riesgo la vigencia de la constitución), con el agravante de que, como me explica su abogado Gustavo Franquet (Gremial de abogados), la fiscalía logró incorporar a la causa la figura de “causa compleja”, ampliando los tiempos procesales, proyecto que Facundo pueda pasar hasta tres años en prisión preventiva, mientras se termina la investigación.
Facundo está detenido con prisión preventiva desde el 8 de junio de 2025. Facundo está imputado, de lo trata como un supuesto terrorista, estudiado bajo la lupa de la Ley Antiterrorista, los ojos de Patricia Bullrich y el capital extranjero. No hay pruebas contundentes en su contra. Hay sospechas. Por eso se dilata su detención en prisión preventiva. No cometió un delito que amerite mantenerlo preso; lo mantienen detenido por las dudas, para que no esté afuera, planificación cualquier acto de resistencia y respuesta ante la avanzada extractiva sobre la Patagonia (Rigi, Super Rigi, Ley de Tierras, Data Centers).
Le secuestraron de la celda las plantas medicinales que consume para mantenerse íntegro, le secuestraron la botella de agua que utilizaba para calentar el cuerpo, en un lugar donde no hay calefacción. Ya no saben qué más secuestrarle. No le dejaron absolutamente nada.
Imaginen un cuerpo entumecido, sin alimento, pensando todas las noches, que en cualquier momento llega una notificación judicial para informar que hay una nueva prorrogada para mantener su permanencia dentro del penal de Rawson.
Facundo no le tiene miedo a la muerte, le tiene pavor a que su corazón estalle como una bomba molotov y que nadie se anime, en las postrimerías de la muerte, a tirar un mínimo manotazo en contra de la impunidad de los impunes; que nadie se anime, a pesar de que siguen padeciendo, como él, todo tipo de manoseos, sin que haya ninguna respuesta a la altura de las circunstancias. Facundo le tiene pavor a la idea de que los repulsivos mercenarios que hoy nos tienen endeudados, empobrecidos, viviendo como extranjeros en nuestro propio territorio, se la lleven de arriba, que no haya ninguna forma de justicia en contra de sus actos violentos e inhumanos. Facundo le tiene pavor a que los Varela se sigan multiplicando en el sur del país, mientras que la población se convierte cada vez en agentes más sumisos y funcionales.
Hace poco, en Vaca Muerta, perpetraron una forma de tortura contra el territorio, ejecutando durante cuadro días y medio un ciclo ininterrumpido de fracturas hidráulicas. Esto ya lo he citado en varias crónicas. Esa misma forma de tortura está perpetrada en contra de Facundo Huala, colocando en riesgo su corazón, su sistema nervioso, su estabilidad espiritual. Provocando el padecimiento, no asistiendo su malestar, impidiendo que otros (su madre) lo asista.
Las personas somos una extensión del territorio; cualquier castigo en contra del territorio, también es un castigo en contra de las personas.
En Argentina se idolatra, en silencio y desde los asientos mediatizados por las pantallas digitales, los cuchillazos y la rebeldía remasterizada de Juan Moreira. Se cantan las proezas de Mate Cocido y Bairoletto. Se suele citar las aventuras de El Quijote y Sancho Panza. Sin embargo, cuando el país se encuentra ante un “indio hereje”, local y contemporáneo, lo detesta, se espanta, llama a los milicos para que lo hagan mierda, lo deja morir en una celda mugrienta, en el sur del mundo; permitiendo y contemplando, como un espectador sigiloso, que le piquen el corazón de la misma forma que le pican el corazón al centro de Vaca Muerta.
Nos merecemos la maldición que nos toca en esta vida y en la otra, por tanta cobardía e hipocresía juntas.
Siempre Argentina se caracterizó por ser un fiel amante de la palabra muerta, del relato épico y beligerante. No es casual que tengamos en el poder un payaso histriónico y decadente. Y que los representantes políticos estén más preocupados por persuadir (“seducir”, como les gusta decir) a las masas, que escuchar lo que tiene para decir los desterrados de esta tierra. Ellos quieren un relato, y nosotros, desde nuestras destruidas trincheras, nos tenemos que tragar nuestras misteriosas palabras milenarias.
Les produce aversión las figuras crudas, desereotipadas, angulosas y grotescas. La miseria será idealizada y poética, contenida en un libro de papel o en una pantalla digital, o no será nada. Nada peor que tener que congeniar que con una repugnante utopía, el desborde de un trasnochado, el desequilibrio de un paisano sin tierra.
En Argentina, no existen muchas personas que se hayan parado de manos en contra de Luciano Bennetton, y que inclusive, sabiendo que tienen todas las de perder, acepten la inevitable estigmatización y judicialización. Y vos, ante semejante gesto de dignidad, al digno le das vuelta la cara, se la escupís, lo meas, mientras está tirado en el suelo. Te negas rotundamente a llevarle un paquete de yerba o unos cuantos cuadernos baratos para que escriba la historia del despojo en el país de la incongruencia.
La furia es como el viento, no puede ser contenida con un abrazo.
WALLMAPU, periodismo de mar a mar

Fotografía de archivo de Facundo Huala, en una de los diferentes procesos judiciales que ha tenido que afrontar.











