Julio Cortés Morales 1
Del lat. profanāre.
1. Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.
2. Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables.
(“Profanar”, DRAE)
Por alguna razón que no conozco bien me he acostumbrado a leer todos los domingos la columna dominical del filósofo-abogado (¿o abogado-filósofo?) Hugo Herrera en El Mostrador.
En la última del mes de julio, “El símbolo que profana símbolos” 2 se dedica a fustigar el fenómeno de los overoles blancos en Liceos emblemáticos, acusándolos de una doble profanación. Después de hacer ver que “no destruyen solamente instituciones. También invierten símbolos”, apunta a la primera profanación, que sería la destrucción de la
Escuela pública y los Liceos, que “en nombre de la liberación fueron arrasados”. La segunda, realmente curiosa, es la profanación del “cóctel molotov”, cuyo origen histórico estaría en la Guerra de Invierno (1939-1940) en que Finlandia resistió con gran desventaja logística la invasión soviética: “botellas incendiarias (que) expresaban la decisión de un
pueblo de defender su libertad cuando ya casi no quedaban medios para hacerlo”.
Sobre lo primero, sólo señalaré que desde hace décadas la Criminología y diversos instrumentos normativos internacionales insisten en estudiar y diseñar cuidadosamente la respuesta estatal y social frente a la llamada “delincuencia juvenil” 3 , tanto en su faceta de delito común (estrategias de sobrevivencia de una parte minoritaria pero relevante de la población adolescente), como en otras formas de violencia o infracción de leyes penales
cometidas por adolescentes, en vez de dar una tras otra señal de “mano dura” y políticas penales que no sólo no resuelven sino que empeoran el problema.
La cuestión del “vandalismo”, la “inversión de símbolos” y el carácter expresivo o no utilitario de ciertas infracciones juveniles ha sido estudiada en detalle desde mediados del siglo XX por teorías criminológicas como las de las subculturas (Albert Cohen) y la asociación o aprendizaje diferencial (Edwin Sutherland), así como por David Matza en
obras como “Delincuencia y deriva” (Siglo XXI, 2014). Por supuesto, las recomendaciones de Política criminal basadas en evidencia científica no han sido escuchadas en Chile, donde desde el cambio de siglo el populismo penal campea sin contrapeso alguno, de derecha a izquierda, esgrimiendo el aumento de delitos y penas como varita mágica y
negándose a toda reflexión seria sobre estos temas tan complejos. Herrera se suma a este simplismo político-criminal cuando culpa a los “overoles blancos” de “destruir la comunidad”, sin intentar siquiera comprender cómo viven algunos adolescentes el proceso actual de agotamiento estructural de la familia y la escuela como instancias de
socialización, en medio del crecimiento del crimen organizado, y qué significado tienen para ellos mismos estas acciones transgresoras que como él mismo señala, tienen como objetivo la “liberación”. No: es mucho más fácil -como siempre- culpar a los jóvenes, aunque en el discurso conspirativo de Herrera existen además responsabilidades políticas e intelectuales “aguas arriba”, donde -como siempre- encuentra al PC y al FA.
En esta ocasión quiero centrarme en el segundo punto que plantea Herrera, el curioso pero interesante argumento relativo al “verdadero espíritu” de la bomba molotov, cuyo nombre es un anti-homenaje a Viacheslav Molotov, Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.: una sigla en la que, como dijo Cornelius Castoriadis desde la izquierda, cada palabra era falsa 4 ). Figura clave del régimen estalinista, Molotov había suscrito en agosto de 1939 el infame pacto de no agresión entre la Alemania nazi y la URSS.
Herrera presenta sus respetos ante este “instrumento finlandés de resistencia a la tiranía”, utilizado cuando Finlandia derrotó a la URSS causándole más de 200 mil bajas 5, pero por contraste sostiene que “El overol blanco invierte por completo ese significado. La molotov deja de defender una comunidad amenazada para emplearse contra la propia comunidad. No protege escuelas, las destruye. No resiste una tiranía, corroe una de las instituciones fundamentales de la república. Un símbolo de la defensa de la libertad termina convertido en instrumento de devastación”.
O sea, los encapuchados adolescentes de los liceos públicos estarían “profanando” esta arma (originalmente “anticomunista”) al usarla en contra de la policía y la infraestructura pública. Para ir más allá, Herrera denuncia que la semana pasada “dos niños fueron alcanzados por bombas molotov”, de lo cual concluye que “la violencia deja de distinguir entre culpables e inocentes”.
En verdad las imágenes muestran el lanzamiento bastante aleatorio de artefactos incendiarios hacia la calle, donde en un momento la flama de uno de ellos desparramada en el pavimento alcanza la rueda de un auto, en cuyo interior en la parte de atrás había dos niños que fueron rápidamente evacuados por los transeúntes. En el mismo sentido, la
Directora del establecimiento dijo que “uno de los encapuchados lanza una bomba molotov a personal de Carabineros, ubicados en el exterior, impactando a un vehículo particular que se encontraba estacionado a las afueras del instituto, donde el artefacto incendiario provocó fuego de riesgo, comenzando a arder el vehículo” 6 . La diferencia
puede parecer de detalle, pero jurídica y políticamente es bastante relevante.
En definitiva, Herrera nos recuerda uno de los postulados más característicos de la Criminología Crítica, al que nos referimos con Myrna Villegas en el libro “Violencia institucional y antiterrorismo en Chile” (Ceibo, 2026): no existen los delitos en sí mismos, sino acciones que a veces son etiquetadas como tales, en un complejo y conflictivo
proceso de criminalización siempre selectiva y discriminatoria, que depende de varias definiciones y mecanismos no sólo legales sino que también políticos, culturales y sociales.
En este proceso, la creación de normas penales es impulsada por diversos grupos sociales que se encuentran en pugna por la hegemonía o en abierto conflicto moral o político, que pretenden descriminalizar sus propios comportamientos y al mismo tiempo criminalizar los de los grupos rivales.
En este caso el conflicto es evidente: Herrera nos está diciendo abiertamente que el uso de bombas incendiarias puede ser “legítimo” como medio de defensa de una comunidad amenazada por una tiranía. En el fondo, nos lleva al viejo problema del “derecho de rebelión”.
Pues bien: ¿estábamos ante ese supuesto en 1983 cuando ante las primeras protestas nacionales Pinochet sacó a los militares a la calle causando decenas de muertos entre las multitudes que sencillamente salían a la calle a exigir el fin de la dictadura? ¿O durante la revuelta del 2019, cuando la policía y los militares lesionaban y mutilaban manifestantes, causando según cifras de la Fiscalía al menos 464 víctimas de trauma ocular, sin ningún tipo de obstáculo hasta que apareció la “primera línea” para contener su avance? ¿Sería legítimo entonces usarlas para “defender” un espacio, sea una escuela, campus universitario, fábrica en huelga o manifestación callejera de protesta cuando es atacada por la policía en infracción a sus propios reglamentos?
Si bien me cuesta imaginar a Herrera aprobando el uso de coctéles molotov en ese tipo de escenarios, lo que está claro es que para la derecha no hay mayor problema en que las “botellas incendiarias” sean utilizadas para combatir a sus enemigos tal como se merecen.
Andrés Allamand en “No virar izquierda” (Edimpress, 1974), crónica detallada de su lucha
anti-upelienta como alumno del Liceo Lastarria, nos da consejos sobre las mejores botellas
a utilizar: las “vineras, las que mejor se quiebran, con bencina, azúcar y aserrín para
mantener las llamas” (pág. 133). Incluso nos obsequia el relato de cómo procedieron a
incendiar completamente un trolebús en plena Providencia con Los Leones, previa
amenaza y agresión contra los pasajeros:
“-¡Abajo, abajo, vamos andando! Si no, quemamos el trole con ustedes adentro –
advirtieron. Un viejo de anteojos trató de resistirse. Se paró y avanzó hacia los lolos con
claras intenciones de agredirlos. Sin inmutarse, el más chico lo hizo comerse un tremendo
palo en la cabeza, que de pasada le quebró los anteojos” (pág. 80 y ss.)
Cuando los “lolos” le roban a una señora la parafina para poder consumar esta acción que hoy en día los dejaría inscritos en el Registro Nacional de Vándalos, le dicen que “La Patria se lo agradecerá”, y con eso al perecer desaparece el delito.
En cambio, según cuenta Manuel Fuentes W. en las “Memorias secretas de Patria y Libertad” (Grijalbo, 1999), Jaime Guzmán y los gremialistas de la Universidad Católica se retiraron del Movimiento Nacionalista Patria y Libertad cuando pasaron de los talleres de autodefensa a los de confección de molotovs.
Más recientemente en la historia hemos visto desde las páginas de El Mercurio y otros medios una actitud muy distinta ante las protestas callejeras y el uso de barricadas y bombas molotov, en la medida que se usen contra la tiranía chavista en Venezuela, donde incluso se innovó rellenando botellas con excrementos humanos, convirtiéndose así la molotov (arma incendiaria) en “puputov” (calificada por el gobierno venezolano de ese entonces como “arma química”), pues como señala un ciudadano referido en Emol, “los muchachos salen solamente con piedras en las manos. Es su arma. Ahora tienen otra arma más: excremento" 7 . El trato empático que se le daba en esta prensa a los “guarimberos”, primera línea de las protestas antichavistas del 2017 8 , contrasta totalmente con el que se dio a la Primera Línea chilena de un par de años después, que terminó siendo tratada como una especie de organización terrorista.
La misma visión romántica del coctel molotov “bueno” se dejó ver cuando empezó la invasión rusa (ya no “soviética”) de Ucrania, cuando se publicitó la situación de una chilena con pololo ucraniano que decidió quedarse a combatir la tiranía, para lo cual estaban dedicados a juntar botellas para llenarlas de bencina 9 (o “acelerante” como les
gusta decir en las noticias cuando hablan de violencia escolar). Tampoco habría que olvidar que durante la revuelta nacionalista conocida como Euromaidan en el 2014 los militantes neonazis y de extrema derecha atacaron con molotovs locales del Partido Comunista y un sindicato en Odesa, causando 42 muertos. ¿Ese uso “anticomunista” del
símbolo de resistencia finlandés es correcto para el esquema de Herrera? No lo sabemos. Hasta aquí, podemos concluir con él que el problema no es el coctel en sí mismo, puesto que hay -por así decir- coctéles buenos y coctéles malos. Son “buenos” decididamente cuando se usan en contra de tiranías percibidas como “de izquierda”. En caso contrario, el legislador nacional los ha considerado delitos graves sancionados en la Ley de Control de Armas, o incluso en la antigua y la nueva Ley Antiterrorista. No es necesario explayarse ahora en la práctica de los tribunales para entender que las molotovs son siempre “malas” cuando las utiliza la izquierda, pues a diferencia de la derecha que sólo se limite a defender el orden, la izquierda busca cuestionarlo y cambiarlo.
A una conclusión similar llegó en su momento la Corte Suprema de Chile cuando decidió no aplicarles a los integrantes del Movimiento Nacional Socialista de Jorge González von Marées la recién aprobada Ley de Seguridad del Estado (N°6.026 de 1937) por una seguidilla de acciones bastante violentas, puesto que “dentro del conocimiento público que se tiene de ese movimiento no aparece que tienda a destruir por medio de la violencia el orden social o la organización policía y jurídica de la Nación” 10 .
Todo este debate nos vuelve a hacer ver que finalmente la “cuestión criminal” es siempre y por sobre todo una cuestión política. Por eso mismo es que el gobierno actual prepara indultos para policías y militares presos por graves delitos de violencia institucional cometidos durante la represión de la revuelta del 2019.
No importa para nada, en la lógica de la derecha, que estos uniformados hayan sido condenados por tribunales por violar las leyes penales de la República, pero no como cualquier otro ciudadano o particular, sino que aprovechándose de su posición de funcionarios públicos encargados de hacer cumplir la ley, abusando del cargo: verdadera doble profanación que sólo pueden cometer los agentes del Estado, pero que en Chile está a punto de ser perdonada, en abierta infracción a la Constitución, las leyes, y los tratados internacionales de derechos humanos en que Chile es parte, porque según se nos dice, al torturar, apremiar ilegítimamente o violentar innecesariamente a los ciudadanos
sólo estaban “cumpliendo con su deber”. Parece que, tal como pasa con el cóctel molotov, existen indultos malos (de izquierda) e indultos buenos (de derecha).
Notas
1 Abogado, Magister en Derecho Penal, investigador independiente. Coautor del libro “Violencia
institucional y antiterrorismo en Chile”, Ceibo Ediciones, 2026.
2 https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2026/07/26/el-simbolo-que-profana-
simbolos/
3 Para una síntesis, ver la Observación General 24 del Comité de Derechos del Niño, sobre los
derechos del niño en el sistema de justicia juvenil, así como la sentencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos en el caso Adolescentes recluidos en centros de detención
e internación provisoria del SENAME vs. Chile, 20 de noviembre de 2024.
4 Por cierto, a diferencia de lo que creen los derechistas y los izquierdistas más simples, siempre
hubo corrientes marxistas disidentes que combatieron al estalinismo desde la izquierda. Entre
ellas, tendencias comunistas antiautoritarias o “consejistas” (como en el caso de Castoriadis y la
revista francesa Socialisme ou Barbarie).
5 La banda finlandesa de black metal Impaled Nazarene tiene una canción llamada Total war/Winter
war (incluida en su álbum de 1994 Suomi Finland Perkele). En su coro señalan: “Los rusos
perdieron con más 200.000 muertos. Si quieren otra guerra, ahora los mataremos a todos”
(https://osmoseproductions.bandcamp.com/track/total-war-winter-war)
6 https://www.ex-ante.cl/nacional/instituto-nacional-rectora-detalla-ataque/
7 https://www.emol.com/noticias/Internacional/2017/05/10/857685/La-nueva-arma-de-las-protestas-
venezolanas-bombas-de-excremento.html
8 Ver por ejemplo “Los jóvenes venezolanos comandan "hasta el final" las protestas contra
Maduro”, en la sección Economía y Negocios de El Mercurio el domingo, 07 de mayo de 2017.
9 https://www.meganoticias.cl/mundo/369628-chilena-ucrania-novio-ucraniano-bombas-molotov-03-
03-2022.html
10 “Contra Luis Reyes y otros. Recurso de amparo”, Corte Suprema, Sentencia N° 67, 23 de abril de
1937, citada en: Lira y Loveman, Poder Judicial y conflictos políticos (Chile 1925-1958), LOM,
2014, página 293.











