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Luz cara, conciencia apagada: El negocio del abuso

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por Franco Machiavelo

El alza de la electricidad en los hogares chilenos no es un problema técnico ni una consecuencia inevitable del “mercado”. Es un acto sistemático de lucro. Una extracción directa de recursos desde los bolsillos populares hacia empresas que operan con rentabilidad asegurada, protegidas por leyes hechas a su medida.

No se discute porque no conviene discutirlo. El silencio no es ignorancia: es estrategia. Cuando el aumento se presenta como dato técnico, se elimina la pregunta política clave: ¿quién gana con esto? Y la respuesta es siempre la misma: el capital concentrado que controla un bien esencial y cobra por él como si fuera un lujo.

El mercado eléctrico no compite: administra escasez artificial. Ajusta precios, indexa costos, traspasa riesgos y privatiza ganancias. La especulación se disfraza de normalidad. Se sube la tarifa hoy, se promete estabilidad mañana, y se vuelve a subir pasado mañana. El abuso se vuelve rutina.

La lógica neoliberal es brutalmente simple: si puedes pagar, consumes; si no, te adaptas o te endeudas. La electricidad deja de ser un derecho material y pasa a ser un mecanismo de disciplina social. Apagas la estufa, no porque quieras, sino porque el precio te educa. El mercado no ilumina: domestica.

Se culpa al consumidor para ocultar al beneficiario. Se habla de “uso eficiente” mientras las utilidades crecen. Se exige sacrificio mientras se garantiza rentabilidad. No hay crisis energética para las empresas; hay crisis permanente para los hogares.

Esto no es modernización ni eficiencia: es aprovechamiento estructural. El sistema necesita que la gente crea que no hay alternativa, porque la alternativa sería admitir que un bien básico no puede estar sometido a la lógica del lucro.
La electricidad no sube sola. La suben. Y mientras se normaliza el abuso, el mercado celebra en silencio, contando ganancias a oscuras, pero perfectamente iluminadas. 
 
 
 

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