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Libros y democracia. La palabra deberían tenerla hoy los escritores conscientes y audaces ¿Dónde están?

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 Arturo Alejandro Muñoz

La creatividad literaria ha sido suplantada por el análisis del recuento histórico, por la tarea periodística, o por la inocua veleidad de autobiografías que poco aportan al escenario político.

Para quienes no están habituados a la lectura ni menos aun a devorar libros, será quizá un descubrimiento enterarse de cuán relevante es la literatura en el devenir de las sociedades y, particularmente, en el desarrollo del accionar político partidista en el país. Si persisten personas sonriendo por efectos de la duda, recuerden entonces -como un simple ejemplo nada más- lo que significó para Francia y el mundo la producción de Voltaire, de Rousseau, de Montesquieu, responsables ‘ideológicos’ de la revolución de1789 en Francia, y de la independencia de Estados Unidos de Norteamérica algunos años antes (1776), eventos que en definitiva cambiaron drásticamente la historia política del occidente mundial.

A comienzos del siglo veinte, en Chile, escritores de la talla de Baldomero Lillo publicaron obras de hondo contenido social (como ‘Sub Sole’ y ‘Sub Terra’) logrando con ello no sólo informar sino, también, sensibilizar a la ciudadanía respecto de los atropellos y excesos patronales y gubernamentales a los que eran sometidos miles de trabajadores.

En la misma época, Luis Emilio Recabarren, antes de convertirse en un insigne dirigente sindical -y fundador de la CTCH (Confederación de Trabajadores de Chile) así como de los dos partidos populares más importantes en nuestra historia política- inició su labor social también a través de la escritura, específicamente publicando diarios y revistillas que circulaban de mano en mano en las filas de los desposeídos y explotados. Años después, Neruda, Huidobro, De Rokha, hermanos en las letras y en la ideología (pero adversarios en la fama poética), fueron decisivos en la toma de conciencia obtenida por los chilenos en aquellas lejanas décadas… y, por cierto, lo hicieron a través de sus escritos.

Hoy, en cambio, el libro y la revista han sido trocados por una pantalla de televisión, instrumento-empresa que ha sabido obnubilar las mentes de las mayorías y aturdir los sentimientos de las mismas en beneficio de los dueños de la férula. Pese a ello, miles de personas continúan creciendo a través del libro…esperando que nuevos autores propongan caminos solidarios, justos y respetuosos de la vida humana, del ambiente natural y de las libertades básicas que toda sociedad merece.

¿Dónde están los autores valientes? ¿Dónde, los escritores conscientes y audaces? La creatividad literaria ha sido suplantada por el análisis del recuento histórico, en algunos casos lo ha sido por la tarea periodística, en otras situaciones algunos personajes y personajillos publicaron sus autobiografías (historias de vidas personales que interesan poco y nada debido a la autocomplacencia y carencia de proposiciones) creyendo que con ello aportaban de forma magnífica al escenario político. La izquierda ya no escribe novelas, no estructura poesías ni relata cuentos.

La izquierda, hoy, pretende preferentemente hacer cine y escribir música, pues piensa que ello basta para insuflarle al pueblo nuevas ideas vanguardistas. Esa misma izquierda olvida que solamente el libro, la página, luego de ser recorrida, queda grabada a fuego en la conciencia y en el corazón del lector. La izquierda, además, olvida que toda película, todo video, necesita de un guión, una novela, un cuento, una poesía, un libreto, para comenzar a mover personajes, ideas, situaciones y consejos. Es ahí entonces donde los escritores están ausentes.

No hay propuestas interesantes, no tenemos -desde hace ya muchos años- el caleidoscopio de las verdades sociales que únicamente la buena literatura sabe mostrar y deshojar.

De la derecha chilena, sobre este tema, nada puedo decir, ya que ese sector político carece de cerebros rescatables en literatura, arte, cine, música, teatro, etc., pues se ha contentado exclusivamente con disponer de buenos bolicheros que sepan cómo hacer dinero esquilmando al resto de la sociedad. En definitiva, lo más ‘intelectual’ que puede mostrar la derecha criolla es, al parecer, la letra de alguna marcha militar y/o el diálogo ramplón que tipifica las teleseries televisivas, junto a los ‘realities’ que tan adecuadamente interpretan y representan a los mismos (o sus vástagos) que durante diecisiete años de dictadura ‘disfrutaron’ del largo apagón cultural.

«Pero, textos de cuentos y novelas hay por montones», argüirá alguien. «Vaya a la Feria del Libro cada mes de octubre y verá miles de ejemplares», dirá otro. Imposible rebatir aquello, sin embargo, la duda, la duda quemante, sigue siendo la misma. ¿Por qué, a objeto de ver editadas sus obras, muchos de nuestros escritores tienen que ‘huir’ del país -como Roberto Bolaño, Isabel Allende, Marcela Serrano, Alberto Fuguet, Luis Sepúlveda y tantos más para, desde el exterior, escribir novelas que intentan aproximarse a la actual realidad de este trozo de continente situado en el finis terrae?

Nuestro gran poeta Gonzalo Rojas, en uno de sus trabajos mejor logrados, inquiere: «¿Qué se ama cuando se ama?», y a pesar de la belleza escritural que el laureado vate administra con genialidad, no logra plasmar una respuesta concluyente a tan inquietante pregunta. Parafraseándolo, yendo al camino político, es válido preguntarse: ¿qué se vota cuando se vota?

Al responderse a sí mismo esa pregunta principal, podría producirse un cortocircuito mental en todo inquisidor desavisado por falta de lectura o por exceso de farándula televisiva. ¿Su candidato, o su representante político’ ha aclarado cuál será el trabajo que realizará en el gobierno o en el Congreso? ¿Cuando usted sufraga, qué es lo que está aceptando, o qué es lo que está autorizándole a ese candidato?

1.- ¿Mantener el actual sistema económico neoliberal sin cambio alguno?

2.-¿Mantener el sistema bicameral, caro, burocrático, frenador de legislaciones modernas?

3.- ¿Cambiar el sistema económico neoliberal reemplazándolo por uno que privilegie el estado de bienestar social?

4.- ¿Continuar la política de venta de recursos naturales chilenos a empresas transnacionales y con la actual política de ‘impuesto mínimo y cero royalty’ a esas mismas empresas?

5.- ¿Privatizar el máximo posible de recursos naturales?

6.- ¿Vender el 20, 30 o 40% de CODELCO a empresas transnacionales?

7.- ¿Respetar íntegramente la ley de nacionalización del cobre y estatizar todas las minas de metal rojo existentes en el país?

En fin, a la hora de sufragar las preguntas son muchas, y cuál de ellas más relevante, pero lo que jamás debería quedar sin interrogación pública son las siguientes consultas que el establishment elude olímpicamente hacerle a la gente:

 A.- ¿Debe mantenerse la esencia de actual Constitución Política decretando la existencia de un Estado pequeño (casi enano) dejando todo en manos de iniciativas privadas?

B.- ¿Está de acuerdo en mantener e el actual estado de “regionalización” considerando que a nivel central (Santiago) deben adoptarse y decidirse las medidas y órdenes para el resto del país?

C.- ¿El Estado debe incentivar y proteger al mundo laboral mediante el impulso de la sindicalización o, por el contrario, a esta última el estado debe eliminarla gradualmente en beneficio del capital y de la empresa?

D.- ¿Reemplazaría el Poder Legislativo actual por una Parlamento Unicameral?

E.- ¿Debe existir legalmente un «Poder Revocatorio» que permita cada dos años confirmar o rechazar a un parlamentario, alcalde, concejal?

F.- ¿El mar debe continuar en manos de siete familias?

G.- ¿Los pueblos originarios deben someterse íntegramente a la voluntad del Estado y al arbitrio de las mega empresas?  

Por cierto, la única manera de contar con respuestas válidamente efectivas para todas estas interrogantes es haber leído -y mucho- sobre el tema en los meses y años anteriores a la elección. Sin conocimiento previo, nadie está en condiciones de responder a esas preguntas.

Sin haber recorrido un camino literario (ya sea a través de novelas, revistas, diarios, folletos, etc.) ninguna persona podrá entender el fondo de las interrogantes, y menos aun aquilatar la trascendencia que el sufragio tiene para el país y para su propio desarrollo personal. Tal vez, mediante la asistencia a charlas y clases también sería posible responder las consultas y decidir (o sufragar y participar) en conciencia.

Pero, como bien sabemos, la dictadura prohibió la asignatura de Educación Cívica en la Enseñanza Básica y en la Educación Media… a su vez, la Concertación, tan respetuosa del mandato de sus patrones, tampoco ha movido un dedo por reponerlas en la malla curricular. En ello ha habido un consenso silente de parlamentarios de todas las tiendas partidistas.

Para mejorar la situación sólo queda confiar en los escritores… pero, ¿dónde están? Ahora que se les necesita como nunca antes, millones de chilenos esperan contar con propuestas emanadas de la creación literaria, más aun hoy, cuando cobra cuerpo aquello que Tomasso di Lampedussa, en su obra «El Gatopardo», escribió como frase asertiva que permite entender el mundo político desde la perspectiva de los patrones: «todo tiene que cambiar, para que todo siga igual».

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