por Patricio Guzmán S.
El contexto de la acción del gobierno de Trump en América Latina es el declive de
los EEUU, que ha pasado rápidamente de ser la potencia y economía más
importante e indisputada en en el planeta, a perder la hegemonía a favor de China
especialmente y de otras potencias como Rusia. America Latina que EEUU ha
considerado desde el siglo XIX su “patio trasero” tiene cada vez más presencia
económica China y esto Washigton lo quiere revertir.
La política exterior de Trump hacia América Latina, especialmente en su segunda
administración, se define por un retorno muy agresivo a la doctrina de hegemonía
hemisférica, la doctrina Monroe. Sus principales características son:
· Una actualización de la Doctrina Monroe, llamada doctrina Donroe que busca
restaurar el dominio total de EE. UU. en el hemisferio occidental, excluyendo a
potencias extra hemisféricas como China y Rusia.
· Enfoque Transaccional y Coercitivo: Abandona el liderazgo global por relaciones
estrictamente basadas en intereses y presiones. Uso coercitivo de aranceles
(superior al 10% a casi toda la región).
· Se usa y abusa de la acusación a América Latina como origen de amenazas
directas (inmigración ilegal, narcotráfico) que atentarían contra la seguridad de
EEUU. y esto sirve como excusa para intervenciones directas.
· Intervencionismo Militar y Político: Muestra disposición al uso de fuerza
unilateral, como la captura del presidente Nicolás Maduro de Venezuela en 2026,
y el asesinato de pescadores acusados de narcotraficantes sin exhibir pruebas y
sin detenerlos, e incluso cuando quedaban heridos rematarlos.
. EEUU Busca influir en la política interna para promover gobiernos obsecuentes a
sus intereses con intervención masiva mediante millones de dinero, informáticas y
directamente fraude.
· La prioridad central es contrarrestar la influencia china en la región. Busca negar
a Pekín el control de activos estratégicos, presionando a países como Panamá,
México, Perú o Chile.
En resumen, la política "Trumpista" hacia América Latina es una mezcla de
pragmatismo agresivo, presión económica e intervencionismo, todo bajo el
paraguas imperialista de una doctrina de control hegemónico que prioriza los
intereses domésticos de EE. UU. con total desprecio de la soberanía de los países
latinoamericanos.











