por Jano Ramírez
3 y 4 de septiembre. Santiago de Chile. Mientras millones de chilenos se preparan para las Fiestas Patrias, mientras las familias hacen cuentas para ver cómo llegar a fin de mes y mientras se aproxima nuevamente el 11 de septiembre, Chile será sede del V Encuentro Regional del Foro Madrid, una articulación internacional impulsada por la Fundación Disenso, vinculada al partido español Vox. El encuentro reunirá a dirigentes políticos, intelectuales y organizaciones de derecha de distintos países. Entre sus principales figuras aparecen Santiago Abascal, José Antonio Kast y Javier Milei. El programa contempla debates sobre seguridad, economía, soberanía, Estados Unidos y la llamada “defensa de Occidente”.
El propio Foro Madrid presenta este encuentro como una instancia destinada a fortalecer la coordinación de las llamadas fuerzas “patriotas” frente al avance de la izquierda y del socialismo. Desde su declaración fundacional plantea la necesidad de construir una respuesta internacional frente a organizaciones como el Foro de São Paulo, el Grupo de Puebla y la Internacional Progresista. Es decir, no estamos simplemente ante una conferencia donde algunos dirigentes vienen a conversar y sacarse fotografías. Estamos frente a una red internacional que busca coordinar políticamente a una derecha que entiende perfectamente que sus adversarios también deben ser enfrentados internacionalmente.
¿Por qué Chile?
La elección de nuestro país tampoco parece casual. El propio Foro Madrid explica que Chile fue escogido por su significado político y presenta las victorias electorales de la derecha y el triunfo del Rechazo de 2022 como ejemplos de que los proyectos de izquierda pueden ser derrotados. Para esta organización, Chile no es solamente el lugar donde se realizará el encuentro: es también una vitrina política, una experiencia que quieren mostrar y proyectar hacia el resto de América Latina.
Y aquí aparece una primera contradicción que merece una sonrisa. La reunión de los “patriotas” será una reunión internacional. Españoles, argentinos, chilenos y representantes de distintos países coordinándose para defender sus respectivos intereses políticos mientras nos hablan de soberanía nacional. Una verdadera “Internacional de patriotas sin fronteras”. Pero detrás de la ironía existe algo bastante más serio: están haciendo exactamente lo que cualquier fuerza política organizada debería hacer, construir vínculos, compartir experiencias, elaborar estrategias y coordinarse más allá de las fronteras.
¿Y qué tiene que ver esto con la gente de a pie?
Mucho más de lo que podría parecer. Porque detrás de las grandes palabras que suelen acompañar estos encuentros —libertad, seguridad, soberanía, prosperidad, defensa de Occidente— existen políticas concretas que terminan afectando la vida cotidiana. Cuando hablan de economía y prosperidad, estamos hablando de impuestos, salarios, derechos laborales y servicios públicos. Cuando hablan de desregulación, estamos hablando de cuánto poder tendrá el Estado para proteger a trabajadores, consumidores y comunidades. Cuando hablan de seguridad, estamos hablando de barrios, policías, cárceles, libertades civiles y de la manera en que se enfrentan los problemas sociales.
Por eso deberíamos preguntar qué significa realmente esa “libertad” para la persona que trabaja todo el mes y aun así no llega a fin de mes; qué significa la “prosperidad” para quien no puede acceder a una vivienda; qué significa la “defensa de Occidente” para quien espera durante meses por una atención médica; o qué significa la “seguridad” para los trabajadores que viven en barrios abandonados por el Estado mientras las grandes fortunas pueden comprar protección privada.
Porque una cosa es hablar de libertad desde un escenario internacional y otra muy distinta es vivir con un sueldo que no alcanza, una pensión insuficiente, una deuda que crece y servicios públicos que no dan respuesta.
Ahí es donde el Foro Madrid deja de ser una reunión de políticos y comienza a tener importancia para la gente común.
Y hay algo más: el mes en que decidieron hacerlo
Septiembre no es cualquier mes en Chile. Es el mes de las banderas, las empanadas, las fondas y las Fiestas Patrias, pero también es el mes de la memoria. El 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende obtuvo la primera mayoría relativa en las elecciones presidenciales y comenzó uno de los procesos políticos más importantes y controvertidos de nuestra historia. Tres años después, el 11 de septiembre de 1973, un golpe de Estado terminó con el gobierno de la Unidad Popular y abrió paso a una dictadura que transformaría violentamente la sociedad chilena.
Por eso septiembre tiene una sensibilidad especial para millones de chilenos. Hay familias que recuerdan a sus muertos, familias que todavía buscan a sus desaparecidos, trabajadores que recuerdan a compañeros detenidos, personas que fueron perseguidas, torturadas, exiliadas o expulsadas de sus trabajos, y generaciones completas que crecieron escuchando esas historias en sus casas.
No es un detalle menor que una articulación internacional de la ultraderecha llegue precisamente en septiembre a Chile. Mucho menos cuando la propia organización presenta nuestro país como una experiencia política que debe ser proyectada y reivindicada frente a la izquierda.
Lo que se discute en ese Foro, también llegará a nuestros bolsillos
El Foro Madrid no va a llegar con tanques. No estamos en 1973. La historia no se repite mecánicamente y sería un error establecer equivalencias simplistas entre el presente y la dictadura. Pero también sería un error cometer lo contrario: pensar que porque hoy existen elecciones, parlamento, instituciones y redes sociales, las disputas políticas dejaron de tener importancia.
La ultraderecha internacional está haciendo algo que la izquierda debería comprender perfectamente: se está organizando más allá de las fronteras. Está construyendo discursos comunes, compartiendo experiencias, intercambiando estrategias y coordinando fuerzas. Y Chile ha sido elegido como escenario porque consideran que aquí existe una experiencia que puede servir como referencia para sus propios proyectos políticos.
Por eso, más que mirar el Foro Madrid como una extravagancia de políticos que se juntan a sacarse fotografías, deberíamos preguntarnos seriamente: ¿qué proyecto de sociedad quieren construir y qué significa ese proyecto para quienes viven de su trabajo?
Esa es la discusión de fondo. No solamente izquierda contra derecha como etiquetas abstractas, sino qué intereses sociales representa cada proyecto y quién termina pagando los costos de sus políticas.
Así que sí: este 3 y 4 de septiembre tendremos en Chile a la crème de la crème de la ultraderecha internacional.
Aunque, pensándolo mejor…
¿Crème de la crème?
Para muchos que han sufrido las consecuencias de las políticas que estos sectores defienden, quizás exista una descripción bastante menos elegante:
La mier.. de la mie…
Pero incluso ahí debemos ser inteligentes. Porque más importante que insultarlos es conocerlos, discutir sus ideas, desenmascarar sus contradicciones y enfrentarlos políticamente. Ellos están organizándose. Nosotros también deberíamos hacerlo.
Porque cuando los poderosos se organizan internacionalmente, la gente común no puede darse el lujo de quedarse mirando.
Septiembre es memoria. Septiembre es historia. Pero también está presente.
Y esta vez, la historia vuelve a llamar a nuestra puerta. No solo para recordarnos lo que ocurrió, sino para advertirnos sobre lo que puede volver a ocurrir cuando los trabajadores y trabajadoras permanecemos desorganizados y dispersos.
Por eso, septiembre también debe ser un motivo más para encontrarnos, para articularnos y para fortalecer la organización de quienes sabemos que seremos los principales afectados por las miserables políticas que la ultraderecha pretende imponer contra las trabajadoras y los trabajadores.
Porque la memoria no puede quedarse en el recuerdo. Tiene que convertirse en organización, en unidad y en lucha. Y esta vez, no podemos llegar tarde.











