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Estados Unidos y México: ¿es posible el divorcio?

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por Saúl Escobar Toledo,   México

La administración de Donald Trump ha sido reconocida ampliamente por su
política agresiva a nivel mundial. A diferencia del pasado inmediato, esta usando
las medidas económicas para fines geopolíticos. Aunque ambas cosas nunca han
estado completamente separadas, la idea del libre comercio que predominó desde
la última década del siglo XX hasta más o menos 2016, trató de evitar la aplicación
de aranceles, barreras financieras y sanciones económicas para obtener ventajas
políticas. Desde luego, hubo excepciones destacadas como Cuba y Venezuela en
América Latina, o aquellos casos en que Estados Unidos entró en guerra como en
Iraq y Afganistán. Sin embargo, el libre comercio permitió que China se convirtiera
en una gran potencia económica; la Unión Europea vivió sus mejores tiempos en
esos años; y México, con el NAFTA, se convirtió en un país con cuantiosas
exportaciones manufactureras.

Trump desde los primeros días de su segundo mandato ha utilizado los aranceles
y las barreras comerciales para tratar de fortalecer la economía de Estados Unidos
y mantener su liderazgo mundial. De esta manera, se terminó el libre comercio y lo
que hay ahora es una política que mezcla medidas comerciales con chantajes y
amenazas militares. El propósito discursivo consiste en separar la economía
estadounidense del mundo y sobre todo de China, aunque también de otros
países como México. Esta desvinculación (en inglés decoupling) tendría como
resultado una reindustrialización de Estados Unidos y un crecimiento del empleo.
Cabe preguntarse si esa nueva política mundial está siendo eficaz. En el caso de
China, los resultados son malos: después de varios años de elevados aranceles,
las importaciones de EU siguen teniendo un alto contenido de insumos producidos
en ese país. Lo que ha cambiado es la ruta por la que llegan las mercancías ya
que lo hacen a través de terceros países. Por ejemplo, una computadora portátil
(laptop) ensamblada en Vietnam puede tener un 60 por ciento de componentes
fabricados en China. Aparentemente, la dependencia de EU respecto a China se
ha reducido, cuando en realidad se mantiene casi los mismos términos.

En el caso de México, la integración de las dos economías es mucho más fuerte.
Se calcula que más del 80 por ciento de las exportaciones de México tienen como
destino EU. Una cifra impresionante si se compara con otras naciones de AL. Por
ejemplo, Argentina destina menos del 10 por ciento del total de sus exportaciones
a EU; Brasil alrededor del 12% y Colombia el 30%; incluso los países
centroamericanos destinan entre el 50 y el 60% de sus exportaciones a EU.
Las importaciones de México desde EU son menos cuantiosas, lo que ha
producido un superávit del comercio bilateral que ha crecido a pesar de las
medidas arancelarias de Trump. Además, los bienes manufacturados exportados
por México contienen una elevada proporción de componentes importados de
Estados Unidos y varios países asiáticos.

La desvinculación comercial pregonada por Trump ha dado pocos resultados. Sin
embargo, sus discursos y acciones hacia México parecieran insistir en el
decoupling o divorcio. La negativa a ratificar el TMEC y embarcar a las tres partes
(incluyendo a Canadá) en negociaciones inciertas y confusas; las acciones del
gobierno Trump en materia de combate al narcotráfico; y la persecución criminal
de migrantes, muchos de ellos mexicanos, serían indicios de que la Casa Blanca
sigue insistiendo en poner barreras a nuestro país para, supuestamente, fortalecer
la economía y la seguridad de EU.

A estas alturas, después de dos años de amenazas y políticas comerciales
contradictorias, el gobierno de Trump debería tener claro que ese divorcio sería
sumamente costoso para EU: los precios de muchos productos de consumo final
aumentarían significativamente y algunos no podrían terminarse por falta de
refacciones y otros insumos. Afectaría las economías locales de estados tan
importantes como Texas, California, Illinois y Michigan. Produciría, igualmente, una
mayor inseguridad en la frontera ya que los efectos de esa ruptura se traducirían
en un aumento de la migración y en una colaboración casi nula en materia de
combate al crimen organizado.

La dureza insistente de la administración Trump podría entenderse, más bien, por
otras razones: primero, este tipo de discurso es útil en tiempos electorales;

segundo, tratar de obtener las mayores ganancias sin romper las relaciones
comerciales; y tercero, desgastar al gobierno mexicano.

Trump no puede abandonar la consigna que lo llevó a la presidencia, recuperar la
grandeza de EU, lo que significa seguir persiguiendo migrantes, condenar al
superávit comercial con México como una calamidad, y mantener la idea de que el
narcotráfico representa una amenaza vital para los estadounidenses.

Al mismo tiempo, busca presionar, sin romper definitivamente, las negociaciones
comerciales. Su objetivo, obtener las mayores concesiones posibles
particularmente en lo que se llama “reglas de origen” es decir el componente
obligatorio de insumos producidos en EU que deben tener las mercancías que
México exporta a esa nación.

El último objetivo, el desgaste político, se encuadra dentro de la política Monroe
renovada, la que se ha llamado Donroe. Su propósito, alinear a América Latina
con los intereses geoestratégicos de EU, lo que implica intervenir en los asuntos
internos para lograr el triunfo de partidos y candidatos identificados con esta
doctrina (como sucede actualmente en Brasil cuyas elecciones presidenciales
están en puerta). Y, de esta manera, tener una región de aliados militares y
políticos incondicionales.

El gobierno de México tiene que enfrentar esta política exterior arrastrando sus
propios problemas. Entiende que una ruptura comercial es remota, pero tiene que
soportar las presiones en la mesa de negociación del TMEC sin saber muy bien
cuál puede ser su culminación. Además, ha diseñado el Plan México bajo el
supuesto de que el TMEC, quede como quede, no bastará para impulsar el
crecimiento. Sin embargo, la incertidumbre y las amenazas de Trump parecen
impedir que el gobierno decida impulsarlo seriamente. En lo que toca a la
migración también ha tenido que soportar las violaciones de los derechos
humanos de nuestros compatriotas en aquella nación, casi sin chistar. Y, en lo que
se refiere a la colaboración con EU en materia de combate al narcotráfico, el
panorama es aún más confuso pues las amenazas trumpistas suben de tono casi
al mismo tiempo en que alaban la cooperación bilateral.

La política exterior de EU en América Latina ha tenido pocos resultados para
transformar los vínculos de esta región con China, excepto en el caso de
Venezuela. En cambio, ha sido más eficaz en materia política y ha logrado alinear
a varios países con sus postulados ideológicos y políticos bajo una orientación de
ultraderecha. Esta contradicción se mantendrá indefinidamente y no parece tener
solución.

En lo que se refiere a México, la integración económica entre ambas naciones no
se ha debilitado, aunque las negociaciones en torno al TMEC están atascadas. A
este estancamiento habrá que sumar las presiones políticas vinculadas al combate
al tráfico de drogas, sin que quede claro si éstas pueden afectar la negociación del
TMEC, o tienen un propósito diferente, lo que agrega mayor confusión a la
relación bilateral. Situación que, tampoco, parece tener una salida a corto plazo.
Así las cosas, en los próximos meses seguramente observaremos la prolongación
de esta oscura etapa. Aunque ningún escenario puede descartarse, las elecciones
de noviembre en EU difícilmente cambiarán radicalmente este panorama. Habrá
que esperar entonces que, en el mediano plazo, o bien el gobierno de Trump se
debilite por el fracaso de sus objetivos en materia económica y militar. O bien que
el gobierno de México decida emprender su propio camino, sin romper, pero
tampoco dependiendo de las negociaciones del TMEC, y afrontando los riesgos
que ello pudiera implicar. En el mejor de los casos, ambas cosas podrían suceder.
No obstante, por lo pronto, tendremos que aprender a vivir a la sombra de una
relación bilateral tóxica.

saulescobar.blogspot.com

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