Claudio Katz 1
La sustitución de la globalización neoliberal por el capitalismo digital es la
principal transformación de la última década. El modelo de financiarización que
desembocó en el gran estallido bancario del 2008 ha quedado complementado o
reemplazado por otro esquema liderado por el sector tecnológico, que determina las
tendencias dominantes del sistema. El nuevo comando del capitalismo que asumieron
los gigantes de la informática corona varios procesos precedentes y afronta una
inesperada adversidad.
SEIS CAMBIOS SUSTANCIALES
Las mega compañías tecnológicas conquistaron, en primer lugar, un predominio
creciente por su incidencia en las cadenas globales de valor forjadas con la
globalización productiva. El salto registrado en la internacionalización de la actividad
económica no se limitó al comercio o las finanzas, sino que modificó las formas de
producción. Esa mutación fue a su vez factible por la revolución tecnológica que
iniciaron las computadoras, afianzaron las redes y reafirma la Inteligencia artificial.
El protagonismo de las firmas tecnológicas corona, en segundo término, la
propia evolución del sector que transitó por sucesivas etapas internas de
perfeccionamiento digital. La informática inicial avanzó hacia computadoras más
rápidas con mayor capacidad de memoria y ese incremento del poder de cómputo alentó
su uso comercial.
A comienzos del siglo XXI irrumpió el procesamiento de la información a otra
escala con el Big Data y en la última década, los asistentes virtuales comenzaron a
reconocer la voz interactuado con el usuario desde el teléfono. Con ese avance
inauguran las modalidades básicas de aplicación de la IA. En sintonía con esa
maduración comenzó la aplicación de esa tecnología en los procesos de automatización,
y robotización de las plataformas laborales 2 .
Esta gravitación de la digitalización ha sido posible, en tercer lugar, por la gran
disponibilidad de capital para el desenvolvimiento de la informática, que sucedió al
colapso bancario del 2008. Esa crisis implicó una descomunal inyección de dinero por
parte de los bancos centrales para socorrer a las entidades en bancarrota (flexibilización
cuantitativa). Pero el destino posterior de esos fondos fue el financiamiento de las
compañías tecnológicas. Esas firmas tuvieron a su disposición una masa inédita de
recursos que los bancos canalizaron a su favor y utilizaron ese dinero para consumar su
fulminante expansión.
Este significativo viraje en el desenvolvimiento del capitalismo quedó
inicialmente oscurecido por la generalizada atención en el temblor bancario del 2008.
Los debates sobre la regulación o la mera continuidad de la financiarización acapararon
el interés de los economistas. En general se observó ese proceso como un peldaño más
de la era neoliberal, sin notar cómo la afluencia masiva de capital a los bancos para
evitar su quebranto terminó gestando una plutocracia digital 3 .
Este ascendente sector capturó recursos y reconfiguró al capitalismo, porque
reunió bajo su control los datos que sostienen la revolución digital. Este cuarto
determinante del viraje actual fue posible por la concentración y captura de ese
indispensable insumo en manos de un puñado de empresas.
Los datos fueron acaparados, apropiados, sustraídos y robados al compás de la propia difusión de las computadoras, Internet, las redes y los teléfonos celulares. Los dueños de ese tejido (Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta, Microsoft, Amazon) coronaron la confiscación de la información, que desde los años 80 comenzaron a proveer gratuitamente los usuarios a través de las tarjetas de créditos.
El acaparamiento exponencial de esos basamentos se consumó posteriormente,
mediante su reunión en los Big Data y su tratamiento en los Data Center. El
procesamiento de esos insumos en algoritmos diseñados por las firmas, le permite a la
plutocracia digital contar con un inédito instrumento de control social y acumulación de
ganancias.
Ese manejo emergió de su impune acopio de los datos provistos por la
monumental red de usuarios que se interconectaron su bajo su mando. Facebook cuenta
con 3.120 millones de usuarios activos mensuales de una población global que roza los
8.200 millones de personas. Esa plataforma opera sobre el 38% de los habitantes del
planeta y el 54% de los usuarios de Internet. WhatsApp enlaza a unos 3.000 millones de
usuarios y conforma el sistema de mensajería más utilizado en el mundo. Instagram
también escaló hasta un número semejantes de asociados y Messenger ronda los 1.100
millones de usuarios 4 .
Cuando Facebook compró WhatsApp (2014) prometió a los organismos
reguladores que no cruzaría los datos obtenidos por ese sistema con los propios. Pero
violó con total impunidad ese compromiso y consumó el gigantesco almacenamiento de
insumos que también han perpetrado sus rivales. La IA se ha desarrollado con esa
plataforma de datos en los servidores que manejan un puñado de compañías.
La pandemia operó como el sexto determinante de la nueva etapa. Permitió
concretar un salto cualitativo en la revolución digital, mediante un gran experimento de
uso total de la nueva tecnología. La inesperada emergencia médica incentivó la
instauración de un sistema global de comunicación instantáneo, asentado en una gran
infraestructura para el seguimiento, medición y predicción de todos los
comportamientos.
Las plataformas digitales permitieron procesar esa ingeniera social durante los
confinamientos. Se forjó un nuevo modelo para trabajar, comprar y comunicarse, que
posteriormente quedó incorporado a la vida laboral. El gran ensayo durante la pandemia
permitió perfeccionar todos los mecanismos de ese novedoso esquema, que perduró en
la vida cotidiana mediante los códigos QR, la bancarización forzosa y la consolidación
del teletrabajo 5 .
EL SECRETO DE LA DIGITALIZACIÓN
La IA es la fase más reciente y avanzada de la revolución digital que asumió un
ritmo vertiginoso en la última década. Pero su origen se remonta al surgimiento de la
computación en 1946, a la introducción del microprocesador en 1971 y a la
generalización de Internet desde 1991. Las redes irrumpieron posteriormente
interconectando a millones de usuarios y sustituyendo el almacenamiento de datos en
ordenadores individuales por su localización en el espacio digital.
Ese cambio introdujo el salto más relevante en la informática y aceleró su
aplicación a la industria 4.0 mediante las cadenas de valor. La fase inicial de
aplicaciones informáticas a la economía y a la vida cotidiana (1985-2008), fue sucedida
por la universalización de la Web como sitio organizador del desarrollo digital (2008-
2022). La Inteligencia Artificial introduce el nuevo eslabón de una secuencia que siguió
el intenso ritmo de internacionalización de la economía 6 .
La IA irrumpió con el ChatGPT que difundió la empresa OpenAI en el 2022. Ensaya la introducción de una “máquina de aprendizaje general” inspirada en las redes neuronales, que funciona con algoritmos que imitan los sistemas biológicos. Son entrenados a partir de esa adaptación.
Su desenvolvimiento derivó de tres procesos convergentes que empoderaron a
los dueños del universo digital. Primero fue la privatización de Internet y luego la
apropiación de los datos. Esta confiscación siguió el precedente histórico de los
cercamientos de las tierras comunales en Inglaterra, que apuntalaron la acumulación
primitiva de capital. Finalmente, el aluvión de dinero que recibió la elite tecnológica de
los bancos centrales luego del colapso del 2008 coronó el ascenso de la nueva casta.
La presencia de una burbuja financiera ya consumada (punto.com) y otra en
gestación (IA), ilustra la repetición de un ingrediente clásico de todas las revoluciones
tecnológicas. Reitera lo ocurrió con la fiebre de los canales de navegación (1797), la
euforia ferroviaria (mitad siglo XIX), el optimismo bursátil con el acero o la
electricidad, (1890-1893), el automóvil (1920-30) y la matriz energética (1970-80).
Una innovación con impacto radical y consiguiente eclosión financiera está nuevamente
incidiendo en la transformación cualitativa del capitalismo 7 .
Las empresas que comandan ese curso se ubicaron en la cresta de la ola,
manejando el hardware y el software que les permite apropiar y recopilar los datos
suministrados gratuitamente por los usuarios. Primero organizaron esa información con
los documentos disponibles y luego utilizaron la interacción social de las redes para
capturar la totalidad de esas fuentes.
Microsoft inició esa absorción en los años ochenta, a través del sistema
operativo Windows, que se transformó en el modelo emblemático de la informática.
Apple complementó ese rumbo con su propio esquema y Google introdujo el principal
motor de búsqueda, con varios instrumentos de interconexión (correo electrónico
Gmail, plataforma audiovisual Youtube). El sistema operativo Android de los teléfonos
inteligentes puso gran parte de los datos del planeta a disposición de sus captores.
Google se transformó en una máquina de recopilar y ordenar los datos. Comenzó
agrupando toda la información con los documentos que ya disponibles en Internet,
luego catalogó los libros (Google library Project), ordenó las noticias (Google News) y
mapeó las calles, rutas y ciudades (Google Maps), hasta dotarse del instrumental
necesario para dominar el negocio digital. Con ese basamento vende a las empresas los
espacios publicitarios de sus plataformas, para que individualicen sus campañas y
fidelicen a sus clientes.
Facebook pavimentó el mismo camino con la red social más utilizada del mundo
y con la consiguiente fuente de información que aportan sus usuarios. Instagram y
WhatsApp utilizan fotos, videos y mensajes con el mismo propósito de apuntalar la
focalización de las ventas.
Toda la actividad comercial ha quedado modificada con este nuevo patrón de
conocimiento detallado de los ingresos y preferencias de los consumidores. En este
manejo radica también el éxito de Amazon, que trastocó por completo el comercio a
partir de su registro de los compradores. Con su sistematización del perfil de los
adquirientes, saltó de la simple venta de libros por internet (1994) a constituirse en la
empresa de venta online más grande del mundo. Su manejo y conocimiento de los
consumidores le permitió desplazar a los viejos gigantes del comercio minorista
(Walmart, Carrefour). Actualmente participa de la carrera de la IA, luego de introducir
el dispositivo Alexa para comunicarse por reconocimiento de voz.
La masificación de los teléfonos móviles desde el 2009 aportó el instrumento
clave para la consolidación de las plataformas publicitarias. Ese dispositivo fue el gran
secreto del predominio que inauguró Google (1998), continuó Facebook (2004), reforzó
Youtube (2005) y consolidó Instagram y Twitter (2006).
Otras plataformas (como Uber y Airbnb) introdujeron la gestión de activos
ajenos (automóviles, departamentos), mediante la intermediación en su uso. Ese modelo
desató a su vez el boom de actividades de reparto o mensajería (PedidosYa, Glovo,
Rappi), que lucra con la transferencia de obligaciones y riesgos a los ejecutores de esas
actividades.
LA NUEVA PLUTOCRACIA
Todos los modelos de negocios capitalistas han quedado alterados por una
evolución digital, que otorga incontables ventajas al que llegó primero. Ese adelantado
captura el manejo de la red que conecta a los usuarios con los nuevos servicios
disponibles. La clave de ese éxito capitalista radica en la apropiación de los datos que
organizan cada emprendimiento.
El manejo de la plataforma que extrae, analiza y monetiza los datos es el
principal secreto de ese predominio. Exige algoritmos para confiscar la información y
asegurar los clientes, utilizando la monumental infraestructura que sostiene al nuevo
modelo informatizado de acumulación.
Los dueños de esos resortes se transformado en una élite dentro de la propia
clase dominante capitalista, con un poder tan mayúsculo como inédito. Conforman una
pequeña minoría de ultra poderosos, que usufructúa de su control de los vectores de la
información, las patentes, los algoritmos y los sistemas logísticos. Con ese manejo han
logrado una descomunal gravitación sobre el resto de los capitalistas y el conjunto de la
sociedad.
Han consolidado en torno a sus propios círculos, las típicas configuraciones de
oligopolios que erigen barreras a la entrada al negocio, mediante la adquisición total o
parcial de las empresas que despuntan como potenciales competidoras. Las principales
plataformas desarrollan agresivas de estrategias de compra o asociación de los recién
llegados.
Actúan con gran velocidad, cuando aparecen los nichos que amenazan la
posición dominante de los plutócratas ya establecidos. Como la revolución digital se
encuentra en pleno desarrollo, deben aceptar nuevos miembros en esa elite, luego de
involucrarlos en la consolidación de la pirámide de poder.
Todas las regulaciones vigentes para impedir o limitar esa concentración del
capital, han sido fácilmente burladas por el puñado de mil millonarios que manejan el
universo digital. Las ingenuas expectativas en la democratización de la información –
que acompañaría a la aparición de Internet- han quedado definitivamente sepultadas,
frente al despotismo que ejercen los dueños del sistema.
Los personajes más afamados de ese universo operan como capitalistas, que
combinan la propiedad con la función de organizar o manejar las compañías del sector.
Las monumentales ganancias de Gates, Zuckerberg, Bezos, Musk o Altman provienen
ante todo del lugar que ocupan como dueños de las empresas.
La impresionante cotización bursátil de esas firmas y la consiguiente
remuneración que obtienen por esa valuación deriva de esa propiedad. Pero en muchos
casos, ese papel coexiste con su rol de innovadores y conversores de las invenciones
digitales en redituables mercancías. Los elogios que reciben por este segundo atributo,
suelen ocultar las tremendas adversidades sociales que provoca su afianzamiento como
mil millonarios, en una estructura de inequidad sin precedentes.
El nuevo modelo gestado en torno a la innovación digital ha sido bautizado con varias denominaciones. La acepción inicial de “tecno-capitalismo”, resaltaba como la revolución informática colocó a un nuevo sector empresario al comando del sistema, sustituyendo a las tradiciones firmas petroleras, siderúrgicas o automotrices 8 .
La identificación posterior con un “capitalismo de las plataformas”, aludió al
nuevo papel dominante que ejercen esas ramificaciones en el funcionamiento general
del sistema. Los autores que acuñaron esa expresión (Nick Srniceks), ilustraron cómo
un público de oferentes ha quedado enlazado con otro de demandantes por medio de los
nuevos oligopolios que controlan las redes.
El otro término utilizado de “capitalismo digital” también resalta la dinámica
general de un sistema, que ha quedado moldeado por la mediación de las nuevas
tecnologías informáticas 9 .
Ninguna de las esas tres acepciones implica la vigencia de un sistema diferente
al capitalismo. La economía y la sociedad continúan funcionado en torno a un régimen
social de competencia por beneficios surgidos de la explotación. Lo que ha cambiado es
la etapa, el modelo o la forma de acumulación de ese modo de producción.
En la cúspide de esa estructura y en la dinámica de su reproducción se ha
ubicado un nuevo sector de plutócratas, que definen el rumbo y las prioridades del
capitalismo. Exhiben un nivel de riquezas nunca visto y una capacidad también inédita
para incidir en el curso del sistema, pero su proyecto está afectado por un inesperado
cambio de las relaciones internacionales.
MUNDIALIZACIÓN DIGITALIZADA
La revolución digital se desenvolvió a una escala global que desbordó todos las
antecedentes de mutaciones análogas. A diferencia de lo ocurrido con el ferrocarril, la
electricidad, el automóvil, los plásticos o la energía irrumpió directamente a escala
planetaria. No se expandió de un país u otro, mediante inversiones externas o
implantaciones de compañías, sino que enlazó de entrada a los usuarios como
consumidores de todo el planeta. Por eso Google, Meta, Microsoft, Amazon, Facebook
emergieron desde su inicio como redes y negocios mundiales.
Esa internacionalización desde el propio debut de la era digital fue posible
porque coincidió con el despunte de la globalización. Ambos procesos se
retroalimentaron, puesto que la informatización aceleró la mundialización de la
economía y ese salto en las actividades globales reforzó el ascenso de las mega
empresas tecnológicas. Ambos procesos apuntalaron, a su vez, los pilares de la
globalización en el plano geopolítico (gobernanza mundial) e ideológico
(cosmopolitismo y transnacionalismo).
La globalización de la economía y la revolución digital se extendieron bajo el
mismo impulso del capitalismo, que bajo el látigo de la competencia obliga a las
empresas a mundializar sus inversiones para ganar rentabilidad con mayores mercados.
Esa presión derivó en una expansión espacial junto al significativo acortamiento de los
tiempos del proceso productivo 10 .
Desde los años 90 las políticas económicas neoliberales aceleraron ese rumbo de
internacionalización, que subyace en la propia matriz de la acumulación capitalista. Esa
impronta mundial asumió una escala sin precedentes en el debut del siglo XXI, con la
internacionalización de la producción y el cambio de toda la geografía industrial, que
implicó el desplazamiento de la industria hacia Oriente.
Las economías de esa región duplicaron su participación en la actividad manufacturera y sustituyeron la centralidad fabril histórica de Estados Unidos, Europa y Japón 11 . Esa mayúscula mutación fue posible por la nueva red de comunicaciones, interconexiones de usuarios y modelos de comercialización mundial que introdujo la revolución digital.
La globalización coronó un largo proceso de remodelación de la División
Internacional del Trabajo iniciado en los años 60, con el traslado de industrias a la
periferia, la separación del ciclo del producto en localizaciones diferentes, la aparición
de la empresa multinacional y la formación de un espacio homogéneo de la firma
transnacional, en el marco diferenciado de la economía mundial.
Las compañías separaron las actividades calificadas de la producción en serie y
lucraron con las diferencias nacionales de productividad y salario. La globalización
culminó esa remodelación con el desdoblamiento internacional del proceso de
fabricación 12 . De esa forma se consumó el pasaje de un modelo de la periferia como
exportadora de materias primas, a otro de la periferia integrada a la fabricación
industrial 13 .
El último eslabón de ese curso fue el establecimiento de las cadenas globales de
valor (CGV), con mayor peso de los bienes intermedios y las importaciones, en una
modalidad de especialización vertical de las firmas globalizadas 14 . El propósito de esa
reestructuración fue incrementar las ganancias, mediante una gestión internacionalizada
del excedente apropiado por los capitalistas, a través del acaparamiento de la plusvalía
extraordinaria que se concentra en la cabeza de esa estructura 15 .
Con ese esquema las empresas transnacionales duplicaron su número de
empleados, consiguieron controlar un cuarto de PBI global, el 80% del comercio
mundial y el 40% de la riqueza generada en todo el planeta 16 . Esta secuencia de enormes
transformaciones fue posible por el desarrollo simultáneo de la revolución digital, que
acompañó, apuntaló e incentivó cada una de las ascendentes fases de la globalización.
Pero este modelo presuponía un indiscutido comando económico de Estados
Unidos, que fue inspirador de la globalización y el gestor de la revolución informática.
Wall Street aportó el sustento financiero de estos procesos, Washington la impronta
ideológico-político y el Silicon Valley el cimiento digital.
Ese modelo de globalización hermando con la digitalización prometía restaurar
la supremacía imperial de Estados Unidos, en el mundo unipolar que sucedió al colapso
de la Unión Soviética. Pero ese ensueño trastabilló con el colapso financiero del 2008 y
se ha desmoronado por completo desde la última década.
FRACTURA DE LA GLOBALIZACIÓN
La expectativa de predominio económico mundial que Estados Unidos esperaba
recuperar con su liderazgo digital se ha disipado por cuatro razones: la fractura de la
globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización yanqui y el
fulminante ascenso de China.
El quebranto de la globalización se verifica en el estancamiento del comercio
mundial al cabo de varias décadas de gran avance. Ese intercambio como porcentaje del
PIB mundial pasó del 25 % (1970) al 61 % (2008) y retrocedió al 57 % (2024) 17 . El pico
de los flujos anuales de inversión extranjera directa (IED) de 5,3 % del PIB mundial en
el 2007 se ha revertido al 1,3% en la actualidad 18 .
La generalización de nuevos términos -como slowbalization o deglobalization-, junto a la centralidad que tienen sus contrapartes de reshoring, near-shoring o friend- shoring confirman ese cambio, en el nuevo escenario de proteccionismo y neo mercantilismo. El impacto de ese giro es mucho más significativo en el comercio y las finanzas que en la industria, puesto que las cadenas de valor persisten y no se verifica un repliegue de la actividad fabril a los viejos patrones de autarquía nacional. Pero el escenario de globalización y digitalización neoliberal bajo comando norteamericano ya es un dato del pasado.
En segundo lugar, la estrecha asociación económica entre las dos grandes
potencias que apuntalaba la globalización se ha quebrado. La época de “Chinamerica”
quedo atrás y el modelo de inversiones hacia Oriente -para que el gigante oriental
fabrique lo que el consumidor norteamericano adquiere- está seriamente cuestionado.
Ese esquema aceitado con préstamos de la potencia asiática y deudas de su
contraparte occidental alcanzó un insostenible punto crítico. El desbalance global
creado por los superávits comerciales y financieros de China y su contraparte de déficit
estadounidense, alimenta un explosivo desequilibrio de la economía mundial. Luego del
colapso bancario del 2008, las dos potencias iniciaron un paulatino distanciamiento para
enmendar ese desbalance y ese alejamiento socavó en forma definitiva la continuidad de
la globalización.
En tercer lugar, la internacionalización productiva agravó la desindustrialización
de Estados Unidos hasta un nivel insostenible para la primera potencia. Sus promotores
suponían que la especialización norteamericana en las finanzas, los servicios y la alta
tecnología compensaría la regresión fabril, recreando la conducción mundial de
Washington en una nueva y estable división global del trabajo. En esa ilusoria creencia
se asentó la mundialización neoliberal y todos sus presupuestos neoclásicos de
especialización rentable de cada economía en sus ventajas comparativas.
Las falacias de ese imaginario salieron a flote en las últimas décadas, a través de
una montaña de contradicciones que Estados Unidos no ha podido gestionar. La
incapacidad para aplicar las innovaciones de la Inteligencia Artificial en una economía
con decreciente productividad y demolida competitividad es la evidencia más
contundente y reciente de ese inmanejable desequilibrio.
Finalmente, el avasallante ascenso de China pulverizó la globalización que fue la
gran apuesta de Estados Unidos para recuperar su liderazgo imperial y terminó
profundizando su regresión. Beijing y no Washington fue el gran favorecido por la
expansión mundial del comercio y por esa razón, continúa auspiciado las transacciones
globales, contra la reacción proteccionista del auspiciante inicial de ese rumbo. Ningún
dato ilumina con mayor nitidez el declive norteamericano, que esa ventaja lograda por
el rival chino de un proyecto inicialmente propiciado por Estados Unidos.
Ese plan asignaba a China un lugar subordinado y dependiente. Imaginaba a la
potencia asiática como un mero fabricante de productos básicos, que se mantendría
como sometido exportador de esos insumos a los mandantes yanquis de las empresas
transnacionales.
Pero en lugar de seguir esa trayectoria de mero tributario del poder occidental,
China forjó su propio modelo de desarrollo autónomo, imponiendo normas de
transferencia de tecnología a los inversores foráneos. Priorizó su desenvolvimiento
interno con políticas económicas contrapuestas al neoliberalismo y la financiarización.
China disciplinó a sus capitalistas con reglas estatales, que limitan la
rentabilidad de las firmas, bloqueó el manejo burgués del poder político y ratificó la
preeminencia de la planificación. Forjó, además, su propio modelo de globalización en
torno a la Ruta de la Seda. Ese esquema alternativo puso el ultimo clavo al cajón de la
mundialización neoliberal y al proyecto de resurgimiento digital estadounidense. Este
resultado altera el nuevo escenario de la Inteligencia Artificial hacia un rumbo que
analizaremos en el próximo texto.
10-10-2026
RESUMEN
El capitalismo digital reemplaza el modelo de financiarización que erigió la
globalización neoliberal. Asciende una plutocracia informática que confiscó los datos de
los usuarios, lucró con el rescate de los bancos y controló el experimento laboral de la
pandemia. La IA corona ese dominio reforzando la captura y manipulación de la
información por parte de una elite de billonarios digitales. Pero la fractura de la
globalización, la ruptura del eje sino-americano, la desindustrialización estadounidense
y el fulminante ascenso de China socavan los pilares de esa supremacía.
1 Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.
2 Míguez, Pablo (2025) Inteligencia artificial, datos y desigualdades en el capitalismo
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Tecnología, Quilmes
3 Vrousalis, Nicholas (2026). Capitalismo y Big Tech. Por una crítica de la hipótesis
"tecnofeudal"https://www.sinpermiso.info/textos/capitalismo-y-big-tech-por-una-
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4 Doña, Cristina (2026) Redes Sociales Más Utilizadas en 2026 y Cómo Elegir la Tuya
https://metricool.com/es/redes-sociales-mas-importantes/
5 Pasquinelli, Matteo (2023) La automatización de la inteligencia general https://www-e-
-flux-com.translate.goog/journal/141/577253/the-automation-of-general-intelligence?
6 Katz, Claudio (2019) El capitalismo contemporáneo, Curso de posgrado Revolución
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https://www.youtube.com/watch?v=GgNsJwF19JY&list=PLWfnIgB-
PMjuPh0oyntPlEdKiyIRfaKWq&index=2&t=27s
7 -Mafra, Costa “et al” (2017) A tensão permanente entre expansão e crise do
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Florianópolis, v. 20 n. 2, ago/dez. 2017
8 Echeverría, Javier (2016). Diálogos,
https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/index-2016-05-16.html
9 Fuchs, C., (2021). Los bienes comunes digitales y la esfera pública digital: cómo
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Culture 16(1), 9-26. doi: https://doi.org/10.16997/wpcc.917-
10 Harvey, David (2012). El enigma del capital y las crisis del capitalismo, AKAL,
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11 Smith, John (2010), Imperialism & the Globalisation of Production. Sheffield:
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12 Andreff, Wladimir (2013). L’État mondialisateur survivra à la crise de la
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Albert Michalet, Paris-10 (p. 299-317)
13 Martínez Peinado, Javier (2012). La estructura teórica Centro/Periferia y el análisis
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www.usc.es/congresos/xiirem/pdf/50.pdf (p 1-26)
14 Milberg, William; Deborah, Winkler (2018). Las cadenas globales de valor.Dinámica
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15 Starosta, Guido; Caligaris, Gastón (2017). Trabajo, valor y capital, Universidad de
Quilmes, (p 211-276)
16 Vitali, Stefania “et al” (2011). The Network of Global Corporate Control, PLoS ONE
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17 Machado, Diogo; Abreu, Alexandre (2026). Después de la hiperglobalización: la
reconfiguración del orden del capital 14/05/2026 https://vientosur.info/despues-de-la-
hiperglobalizacion-la-reconfiguracion-del-orden-del-capital/
18 Unctad, (2026). World Investment Report 2026 https://unctad.org/publication/world-
investment-report-2026-international-investment-turbulent-era











