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El 19 de diciembre no es el 11 de septiembre…¿lo sabías?

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Arturo Alejandro Muñoz

La lucha contra el fascismo es de antigua data.  Comenzó en Italia en la década de 1920 como una alternativa a los movimientos de derecha y de izquierda después de la “Gran Guerra”  o Primera Guerra Mundial (1914-1918), sin reconocer otro norte que el nacionalismo exacerbado y el abrazo ardiente a un gobierno totalitario encabezado por un liderazgo aceptado y admirado por las mayorías, como respuesta además al avance del comunismo luego que este triunfara en la lucha contra el zarismo en Rusia.

Prontamente, Adolf Hitler y el NSDAP en Alemania recogieron el ejemplo transformando a Benito Mussolini en el ícono o ‘padre de la nueva era’.

En España, Francisco Franco había hecho lo mismo no bien se alzó contra el gobierno democrático y constitucional español en 1936.

Al otro lado del ’charco’, como llaman los españoles al océano Atlántico, en Argentina alzaban también ciertos rasgos del fascismo italiano. Fue Juan Domingo Perón quien lo  adaptó y ’argentinizó’, implantándolo como  norte y teoría de su gobierno. Hubo alguna consecuencia al oeste de la cordillera de los Andes, pues en Chile también se produjeron algunos efectos. El general Carlos Ibáñez del Campo y su referente político  “Partido Agrario Laborista”   gobernaron Chile entre 1952 y 1958, aunque para entonces, momentáneamente, a nivel planetario, el fascismo estaba más bien en estado de hibernación.

El fascismo despertó en Chile el año 1970. La triunfante Unidad Popular, con el doctor Salvador Allende dirigiéndola, remeció los intereses colonizados de algunos ultraderechistas que se alinearon detrás de las filas del grupúsculo conocido con el nombre de ’Patria y Libertad’, dirigido por el inefable abogado Pablo Rodríguez Grez, un ultranacionalista que de inmediato y sin ambages contó con apoyo económico/político del gobierno estadounidense de Richard Nixon, y cobertura armamentista de una parte de las fuerzas armadas chilenas.

Lo que vino más tarde es asunto sabido. Golpe de estado, dictadura cívico-militar e imposición a sangre y fuego (ergo, a bayonetazos, tanquetazos y torturas) de un sistema salvaje llamado neoliberalismo.

En 1988 el país, el pueblo, la gente, luego de tres lustros de lucha sin cuartel contra la dictadura, logró abrir las puertas al retorno de  la democracia, pero pagando un carísimo precio por su libertad. Miles de torturados, miles de asesinados, cientos de miles exiliados y perseguidos, millones de compatriotas humillados, expoliados, minimizados, silenciados. Y todos ellos, todos, sin excepción de nadie, finalmente traicionados y  vendidos al enemigo de siempre (la ultraderecha y el mega empresariado predador carente de patria, Dios y ley); traicionados por quienes decían representarlos …es decir, vendidos por aquellos mismos náufragos políticos que el pueblo había salvado merced a haberse jugado el pellejo en durísimas y sangrientas jornadas de protestas y movilizaciones.

Después vino un largo interregno de treinta años administrado por la mas cínica y mentirosa sociedad política del último siglo de la Historia de Chile: el duopolio. Treinta años que finalmente fueron desnudados y rechazados por el pueblo un 18 de octubre del año 2019.

Sin embargo, ello fue sólo un suspiro leve, una toma de oxígeno para seguir en la riña, pues hoy, otra vez, el fascismo reaparece desde las cenizas amenazando revertir lo poco que el país ha logrado avanzar en materias de democracia verdadera, de inclusión y de justicia.

Ahora ese fascismo impetra que sus ayudistas, mayordomos y cipayos muestren abiertamente sus rostros. Ese fascismo hoy se juega el todo por el todo. Es consciente que si fracasa el 19 de diciembre próximo deberá arrodillarse nuevamente frente a las puertas  de los regimientos para conseguir, otra vez, que las fuerzas armadas asuman riesgos y castigos defendiendo intereses de ultraderechistas cuyos afanes sediciosos tampoco cuentan con el visto bueno de la comunidad internacional.

Pero todos saben que el próximo 19 de diciembre 2021 no tiene ninguna similitud con el martes 11 de septiembre de 1973.  La prensa canalla lo sabe, el fascismo lo sabe, el mundo lo sabe…y lo saben también las fuerzas armadas.  Pero, ¿lo sabe nuestro pueblo, nuestra gente? He ahí el intríngulis…

 

 

 

 

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