Imagen: En el norte de California, 2400 trabajadores de la atención de salud mental de Kaiser Permanente cuestionan las condiciones laborales y el deseo de la empresa de abrirle la puerta al reemplazo de los empleos de terapeutas por IA, lo que fue un gran escollo en las negociaciones. (Justin Sullivan / Getty Images)
JACOBIN
En marzo de este año, en el norte de California, 2400 profesionales de la salud mental se declararon en huelga contra el gigante médico Kaiser Permanente. Un punto central de la disputa son los esfuerzos de Kaiser por reemplazar la atención de salud mental brindada por humanos con inteligencia artificial.
El artículo que sigue forma parte de la serie «Economía política de la inteligencia artificial», una colaboración entre Revista Jacobin y la Fundación Rosa Luxemburgo.
«Los ejecutivos de Kaiser dicen que no están usando IA para tomar determinaciones sobre la atención de los pacientes, pero no quieren decir qué tecnología sustenta los cuestionarios en línea que determinan automáticamente si los pacientes requieren citas urgentes y evalúan si pueden representar una amenaza para sí mismos», dijo Carolyn Staehle, terapeuta conductual en San Francisco. «Como sea que Kaiser quiera llamarlo, no es un ser humano quien toma estas decisiones potencialmente de vida o muerte, y no es el mismo nivel de atención que ser evaluado por un terapeuta con licencia».
Kaiser Permanente, la mayor organización de mantenimiento de la salud (HMO) del país, desde marzo está empujando a sus terapeutas a las calles en la batalla en curso por conseguir la paridad de los trabajadores de la salud mental con respecto a los proveedores médicos tradicionales, en sus servicios a doce millones de afiliados (que ahora también enfrenta el desafío de la inteligencia artificial).
Los 2400 trabajadores de la salud mental que llevaron adelante la huelga son miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud (NUHW, por sus siglas en inglés). Pararon el miércoles 18 de marzo en una huelga «de práctica», que fue el inicio de varios meses de medidas de fuerza. En 2022, estos trabajadores habían hecho una huelga de diez semanas, la más larga de la que se tenga registro entre trabajadores de la salud mental. Dos cuestiones dominaron las negociaciones desde el comienzo: las cargas de trabajo de los terapeutas y los tiempos de espera de los pacientes de Kaiser. Los huelguistas ganaron en ambas, forzando concesiones hasta entonces casi inauditas. Obtuvieron cláusulas revolucionarias para retener al personal y reducir los tiempos de espera de los pacientes, con planes para colaborar en la transformación del modelo de Kaiser para brindar atención de salud mental.
Es inevitable que la actual disputa contractual sea igual de dura. Pero los miembros del NUHW están curtidos en la batalla; cada disputa contractual con Kaiser hasta ahora ha incluido una huelga. Y esta vez, los miembros del NUHW se vieron acompañados en una huelga de solidaridad por miles de enfermeros y enfermeras registrados que compartían sus preocupaciones por el uso creciente de la inteligencia artificial por parte de Kaiser en detrimento de la atención de los pacientes.
La importancia de esta solidaridad entre sindicatos difícilmente pueda sobrestimarse. Desde 2009, el NUHW ha luchado solo en una fuerza laboral profundamente dividida. En enero de ese año, una disputa de larga data entre el líder nacional del SEIU, Andy Stern, y los 150.000 miembros de United Healthcare Workers, con sede en el Área de la Bahía, llegó a su punto culminante: tras muchas horas de audiencias, el ex secretario de Trabajo designado por el SEIU, Ray Marshall, falló a favor del sindicato nacional. La seccional fue intervenida, sin votación alguna, sus dirigentes fueron despedidos, sus oficinas ocupadas y sus bienes embargados; pero todo fue ampliamente considerado como una farsa. Su núcleo quedó listo para empezar de nuevo como NUHW.
Pero esta vez no fue igual (aunque miles de trabajadores de servicios igualmente cruzaron los piquetes). Los enfermeros y enfermeras registrados están representados por National Nurses United. Los Ingenieros Estacionarios, representados por la Local 39 del IUOE, también hicieron una huelga de solidaridad con los trabajadores de la salud mental y movilizaron frente a los centros médicos de Kaiser en Oakland, Sacramento, Fresno, Santa Clara y Santa Rosa.
«Estamos orgullosos de hacer huelga junto a enfermeros y enfermeras registrados e ingenieros en la lucha por una atención centrada en lo humano en Kaiser», dijo Joshua Gibbons, terapeuta de Kaiser en Sacramento. «La atención de la salud mental se basa en la conexión humana, y Kaiser avanza de manera temeraria con una inteligencia artificial no probada que ve como un potencial reemplazo de nosotros y de la atención que le brindamos a nuestros pacientes».
Kaiser está decidida a revocar concesiones pasadas; no importa que en 2023 el Departamento de Atención Médica Administrada de California multara a la empresa con 200 millones de dólares por carecer de suficientes proveedores de salud conductual. Y el mes pasado, Kaiser llegó a un acuerdo de 31 millones de dólares con el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos por violaciones de las leyes de paridad en salud mental.
Lamentablemente, en nuestro nuevo mundo, donde los «miles de millones» han reemplazado a los «millones», Kaiser tiene 67.000 millones de dólares en reservas. Según se informa, el CEO de Kaiser, Greg Adams, recibe más de 20 millones de dólares anuales como compensación. Kaiser se vio obligada a reembolsar a los pacientes que tuvieron que pagar de su bolsillo tratamientos de salud mental que no pudieron obtener de Kaiser; pero, ¿millones?, ningún problema.
«Kaiser ha sido castigada y multada tantas veces por violaciones en salud mental; no podemos dejar que se salga con la suya una vez más», dice la terapeuta de Kaiser Emma Olsen. «Nuestros pacientes necesitan terapeutas humanos, que puedan trabajar de manera fluida con sus médicos y tengan tiempo suficiente para hacer bien nuestro trabajo, y está claro que Kaiser no quiere pagar por ese nivel de atención». Sin embargo, Kaiser quiere sumar la IA a su abanico de propuestas extremas y exige «flexibilidad», es decir, prácticamente carta blanca para la introducción de la IA.
Los trabajadores llevan sin contrato desde septiembre del año pasado. Las partes siguen muy distanciadas, con Kaiser aferrada a propuestas que revertirían las salvaguardas de atención a los pacientes conquistadas previamente por los terapeutas y que abrirían la puerta al reemplazo de los empleos de terapeutas por inteligencia artificial y a una mayor tercerización de la atención. Cuando se trata de la IA, Kaiser está preparando el terreno para no solo reemplazar el trabajo que hacen los terapeutas, sino para reemplazar a los terapeutas mismos.
El gigante fue en otra época conocido como amigable con los sindicatos; Kaiser Permanente se estableció inicialmente, en colaboración con los sindicatos, para brindar servicios médicos en los astilleros, acerías y otras instalaciones de la empresa, debido en parte al deseo de Henry Kaiser de atender a todos los pacientes sin importar su capacidad de pago, en el contexto del fallido plan nacional de salud del presidente Harry Truman. Los trabajadores lo apoyaron y fueron centrales en sus orígenes y su crecimiento. Pero, en definitiva, «es una corporación», dice Sal Rosselli, presidente emérito del sindicato. «Es el resultado final: ganancias y competencia». Kaiser es un competidor, un constructor de imperios, pero esto cuesta dinero. Gasta su excedente en expansión. Kaiser, que nació en California y permaneció allí durante décadas, ahora tiene hospitales y clínicas en Hawái, el estado de Washington, Colorado, Maryland, Míchigan, Pensilvania y Georgia. Es comparable a General Motors en la década de 1950 o incluso a Amazon hoy.
La atención de la salud está remodelando la economía de los Estados Unidos. Es el sector que emplea a más trabajadores, superando a la manufactura y a los servicios; la industria es el mayor empleador en treinta y ocho estados. Ciudades manufactureras como Cleveland y Pittsburgh han pasado a la atención de la salud como motor de sus economías. Y los hospitales suelen ser los mayores empleadores en pueblos pequeños y entornos rurales. La industria seguirá creciendo (a diferencia de la manufactura, no se puede deslocalizar), a pesar de los recortes en el gasto federal en salud.
Dos mil cuatrocientos trabajadores no son tantos, entonces. Pero son 2400 en un sindicato que pelea, y la fuerza laboral de la salud necesita luchadores. Su ejemplo es incalculable.
(Gracias a Matthew Artz)











