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EEUU: el juicio de Sam Bankman-Fried, las criptomonedas y la crisis financiera

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por Nick Beams

Sam Bankman-Fried, el fundador de la colapsada plataforma de intercambio de criptomonedas FTX, tuvo una audiencia en un tribunal en Manhattan ayer tras su extradición voluntaria desde Bahamas. Fue imputado bajo un conjunto de cargos penales derivados de la implosión de su operación de $32 mil millones.

El fiscal federal Nicolas Roos declaró ante el tribunal que Bankman-Fried había “perpetrado un fraude de proporciones épicas” y que el Gobierno contaba con docenas de testigos, mensajes de texto encriptados y “decenas de miles” de documentos como evidencia.

Los cargos están vinculados al uso de los fondos suministrados por los inversores grandes y pequeños de FTX a la firma de intercambio de criptomonedas de Bankman-Fried, Alameda Research, que fundó en 2017.

El propio nombre de la firma dejaba entrever lo que se avecinaba. En una entrevista de 2021, Bankman-Fried explicó que “Research” o “Investigación” fue añadido porque nadie te daría su cuenta bancaria si dices que tu empresa “hace cosas de arbitraje multinacional de la criptomoneda bitcoin” pero “todos quieren un instituto de investigación”.

Según un artículo de noviembre en el Wall Street Journal, más de la mitad del dinero entregado a FTX fue prestado a Alameda.

Pero uno de los propósitos centrales del espectáculo es enturbiar la cuestión principal: ¿cómo pudo llevarse a cabo la operación de Bankman-Fried a plena luz del día?

No es como si intentó ocultar lo que hacía. En una entrevista con Bloomberg en abril, después de detallar su modus operandi, el entrevistador le respondió que esencialmente había descrito un esquema Ponzi, un sistema en el que se gana dinero con tal de que sigan entrando fondos.

Bankman-Fried respondió que era una “respuesta bastante razonable” con una “cantidad deprimente de validez”. Pero, a pesar de estas admisiones, siguió siendo promovido a los niveles más altos de la élite financiera, mediática y política mientras inyectaba dinero en el Partido Demócrata y el Partido Republicano.

Sus operaciones nunca preocuparon del todo a los supuestos monitores del sistema financiero en la Comisión de Valores y Bolsa.

En un artículo publicado en el Financial Times la semana pasada, Hyun Song Shin, un asesor económico y jefe de investigación del Banco de Pagos Internacionales, describió los mecanismos esenciales del mercado de criptomonedas basándose en sus propias investigaciones.

Shin señaló que intermediarios como FTX “desempeñan un papel fundamental como puerta de entrada al mundo de las criptomonedas desde el sistema financiero convencional. Canalizan el flujo de nuevos inversores, que es el oxígeno que mantiene viva esta dinámica especulativa”. La captación de nuevos inversores es “clave para la supervivencia de las criptomonedas”, y los intermediarios centralizados “son cruciales para apuntalar el edificio”.

El autor no se refirió a ello, pero el bombo publicitario en torno a las criptomonedas y Bankman-Fried que emanaba de los niveles “superiores” de la sociedad era igualmente crucial.

La descripción de Shin de las operaciones cripto se aplica más ampliamente al sistema financiero tal y como ha funcionado en los últimos 14 años, desde el estallido de la crisis de 2008.

Al igual que las criptomonedas han dependido de la entrada de dinero, todo el sistema financiero internacional se volvió dependiente del flujo de dinero proporcionado por la Reserva Federal de EE.UU. y otros grandes bancos centrales.

Esta fue la esencia del programa de “flexibilización cuantitativa”: la compra de bonos del Estado y otros activos financieros que mantuvo los tipos de interés en mínimos históricos, proporcionando esencialmente dinero gratis a la oligarquía financiera para financiar su especulación.

Shin señaló que las criptomonedas eran en gran medida “autorreferenciales”, es decir, que sus actividades consistían en “comerciar con otros tipos de criptomonedas” con “escasa referencia a la actividad económica tangible”. Intentó establecer una distinción entre esto y las operaciones “normales” del sistema financiero.

Pero la distinción es falsa porque gran parte del comercio en el sistema financiero más amplio también es autorreferencial, e implica acuerdos entre bancos, fondos de cobertura y otras entidades financieras, de los que se obtienen grandes beneficios y sustanciosas comisiones.

Cuando se financia una adquisición o una compra apalancada, o se organiza una recompra de acciones utilizando dinero prestado por los bancos –Apple es uno de los principales exponentes de este tipo de operaciones— no se ha creado ni un átomo de valor real, pero se obtienen enormes ganancias.

Resumiendo la crisis de las criptomonedas, Shin concluyó que “ahora estamos viendo lo que ocurre cuando una industria descansa simplemente en un artículo de fe”. Pero esta descripción va mucho más allá de las criptomonedas.

El sistema financiero mundial se basa en el dólar estadounidense y en el “artículo de fe” de que representa una reserva de valor. Pero esta fe es autorreferencial. El dólar se considera una reserva de valor por existe una demanda en el comercio y en los acuerdos financieros, y ocupa esta posición porque se considera que es una reserva de valor.

Y cuando esa fe se tambalea, como ocurrió en la crisis de marzo de 2020, cuando se congeló el mercado del Tesoro estadounidense de 24 billones de dólares, la estabilidad de todo el sistema financiero mundial queda en entredicho.

Solo se evitó un colapso gracias a la decisión de la Reserva Federal y otros bancos centrales de inyectar billones de dólares adicionales en el sistema financiero. Pero no se ha resuelto ninguno de los problemas subyacentes que condujeron a la crisis.

Ahora se está gestando una nueva crisis, debido al impulso de la Reserva Federal y otros bancos centrales de endurecer la política monetaria subiendo los tipos de interés. El colapso de las criptomonedas y la crisis de los fondos de pensiones británicos de septiembre-octubre son las expresiones iniciales de ello.

El giro de los bancos centrales se lleva a cabo en nombre de la “lucha contra la inflación”. Pero no tiene nada que ver con bajar los precios.

Más bien, es una respuesta a la mayor amenaza para el capital financiero depredador, la clase obrera.

Su objetivo es crear condiciones que propicien una recesión para sofocar las luchas globales por alzas salariales que hagan frente a la inflación más alta en cuatro décadas, que a su vez es un producto de las políticas monetarias ultraflexibles, la negativa de los Gobiernos a lidiar con el COVID, la guerra de EE.UU. y la OTAN contra Rusia en Ucrania y la especulación de las grandes corporaciones energéticas y alimentarias.

En un artículo publicado esta semana en el FT, el veterano columnista financiero John Plender señaló que el giro dado por los bancos centrales respecto a su anterior política ultraflexible está “imponiendo una difícil prueba al sistema financiero mundial” y que la crisis de las pensiones en el Reino Unido “supuso una advertencia temprana de lo que podría deparar el futuro como resultado de los cambios radicales en la estructura del sistema financiero desde la crisis de 2007-09”.

El colapso de las criptomonedas ha provocado un gran revuelo. Otra columnista del FT, Jemima Kelly, escribió esta semana que este “ecosistema estaba apoyado en mucho más apalancamiento [deuda] de lo que nadie se había dado cuenta”. Esa caracterización se aplica a todo el sistema financiero, no solo a las criptomonedas.

El colapso de “tantos mercados y plataformas de criptomonedas nos ha permitido ver de cerca por primera vez la absoluta anarquía que alimenta las criptomonedas”, escribió.

Pero no solo las criptomonedas. Puede que Kelly lo haya olvidado, pero el informe del Senado de EE.UU. de 2011 sobre la crisis de 2008 reveló que el sistema financiero estadounidense era un “nido de víboras” de conflictos de intereses y criminalidad descarada. A pesar de las limitadas regulaciones desde entonces, no ha cambiado nada fundamental.

A medida que se avecinan nuevas tormentas financieras –y el colapso de las criptomonedas es una señal de advertencia— es vital comprender una de las leyes básicas de la política: que en cada crisis, las clases principales, la clase obrera y la burguesía, se alinean de acuerdo con sus intereses fundamentales.

El programa de la oligarquía financiera es claro. Sus vastos activos financieros no representan por sí mismos un valor real. Son reclamos sobre la riqueza real que se extrae de la explotación de la fuerza de trabajo de la clase obrera y ahora necesitan intensificar la explotación para dar valor a la montaña de capital ficticio.

Si no lo logran por medio de sus policías, los aparatos sindicales, entonces emplean la mano dura del Estado capitalista, como ya lo demostraron la decisión del Congreso de EE.UU. de prohibir la huelga de los trabajadores ferroviarios y el uso de tropas en las huelgas de los trabajadores de la salud británicos.

La clase obrera está siendo empujada a la lucha en defensa de sus intereses más básicos.

Pero solo podrá llevarla a cabo con éxito en la medida en que sea consciente de lo que está en juego y de que su tarea no es otra más que acabar con el sistema de lucro capitalista, del que la oligarquía financiera es la fuerza motriz, mediante la lucha por un programa socialista y la construcción del partido revolucionario necesario para dirigirlo.

(Reproducido de El Porteño. Tomado de WSWS)

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