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De Pinochet a hoy no habrá impunidad en Chile

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Baltasar Garzón*, especial para NODAL

– Octubre 16, 2020

El 16 de octubre es otra fecha señalada en el calendario, para mí. Hace exactamente 22 años, una serie de factores se conjugaron para que, por orden mía, siendo Juez del Juzgado Central de Instrucción nº 5 de la Audiencia Nacional, Augusto Pinochet, uno de los dictadores más temibles de Latinoamérica, fuera detenido en Londres para que, por fin, pudiera enfrentar a la Justicia, después de largos años de impunidad y de desprecio hacia sus miles de víctimas.

Hoy, vuelvo la vista atrás y recuerdo con emoción esos días, en los que quienes luchamos contra la impunidad de los crímenes más atroces, nos llenamos de esperanza y de ilusión, porque el dictador chileno, por fin, era detenido y obligado a comparecer ante los tribunales británicos y, luego, los españoles, ante la inacción del Poder Judicial de Chile, con honrosas excepciones, como la del Juez Juan Guzmán Tapia, quien más tarde sería apodado ‘Juan sin Miedo’.

Cuánto camino se ha recorrido desde entonces, cuántos anhelos y desvelos, cuántos éxitos y fracasos en la defensa de los Derechos Humanos. Quien iba a decir que algunas de las escenas vividas bajo dictadura se volverían a repetir en el mismo país, en democracia, con un presidente que no defiende a su pueblo sino que lo considera su enemigo, que respalda a quienes violan los derechos más elementales, incluso la vida y la integridad física, realizan montajes, mienten en sus desmentidos e, incluso, se atreven a amenazar a la fiscal que los investiga.

Pienso en Gustavo Gatica, en Fabiola Campillay, en Anthony Araya, en Oscar Pérez, en Camilo Catrillanca, en la ‘Mimo’, en los casi dos mil detenidos en las protestas, en la Primera Línea, en el querido pueblo Mapuche, en tanta persecución judicial a sus dirigentes con burdos montajes como la Operación Huracán, como también el caso de Santiago Montenegro, que ha sido perseguido por su pasado político, por no mencionar las injusticias cometidas contra el Juez Daniel Urrutia o las amenazas en contra de la Fiscal Ximena Chong. Siento pena, rabia e indignación, porque un pueblo que ya fue duramente castigado en tiempos de Pinochet, hoy vuelve a ser severamente reprimido por algunos de sus testaferros y tardíos aprendices.

Que lo sepan sus seguidores, Pinochet en el mundo entero ha pasado a la Historia como un traidor y un cobarde. Un traidor porque encabezó un golpe de Estado en contra del Presidente legítimo que, días antes, lo había nombrado en el cargo. Un traidor porque juró lealtad a la Constitución y a las leyes de su país y, a los pocos días, las quebrantó. Un cobarde, porque se atrevió a masacrar a su pueblo indefenso bajo una serie de argumentos y pretextos que fue incapaz de defender, con honor, ante un tribunal. No lo hizo ni en Londres ni en Santiago de Chile. Por el contrario, mintió y fingió estar más viejo y enfermo de lo que estaba, para eludir a la acción de la Justicia, al tiempo que ocultaba su inmenso patrimonio, mientras daba vuelta la espalda a su jefe de inteligencia, Manuel Contreras, cuando la justicia chilena sí se atrevió a ponerle la mano encima. Yo le pregunto al General Rozas, a Víctor Pérez y a Sebastián Piñera ¿Ese es el ejemplo de valor y lealtad que ustedes siguen? ¿Esta es su fuente de inspiración para hacer lo que hacen con el pueblo chileno?

Me preocupa Chile, temo por lo que pueda ocurrir en el primer aniversario del Estallido Social y en el subsecuente Plebiscito, temo por el actuar de la policía que sigue a cargo de quienes han respaldado abiertamente a sus subalternos y hacen una defensa corporativa de las manzanas podridas, sin darse cuenta de que con ello están pudriendo a toda una institución. Es por ello que, junto con la Comisión Chilena de Derechos Humanos, hace unos días hemos pedido a la Alta Comisionada de Naciones Unidas que envíe observadores internacionales. Ojalá todos los ojos del mundo estén puestos en lo que pase en Chile, porque ya basta de lamentar más muertes, más heridos, más mujeres vejadas y violadas, más traumas oculares, más detenciones arbitrarias. Pero, si hasta el propio presidente Piñera reconoce que Carabineros de Chile debe experimentar cambios profundos. Entonces, yo pregunto, ¿a qué espera señor Piñera? ¿cuántos muertos más, cuántas violaciones más, cuántas torturas más deben suceder para acometer dicha transformación profunda?

No hay espacio, aquí, para entrar en detalles, pero está suficientemente estudiado que mientras más violenta es la policía, menor colaboración ciudadana y por tanto más difícil será la persecución de los delitos. Por el contrario, una policía ciudadana, de proximidad, cercana y leal con la gente, respetuosa de los Derechos Humanos, recibirá un mayor apoyo social y la persecución del delito será más fácil. La policía ejerce la fuerza de forma legal y legítima sólo si respeta las estrictas normas nacionales e internacionales para su uso.

En todo este convulso contexto, me preocupan especialmente las mujeres. “Chile es un país que humilla a quienes lo habitan”. Así de certero es uno de los múltiples mensajes que lanza el colectivo feminista Las Tesis en otra de sus mediáticas, pero necesarias, performances. Las mujeres en Chile no se sienten seguras, en un entorno en el que la policía las viola y agrede. Si no pueden recurrir a ella en busca de justicia y protección ¿a quién entonces? Aquellas que sufren violencia machista, sólo se tienen entre ellas mismas, sólo les queda la sororidad. Por ello gritan, con enfado e ira, a la policía, “¡Basta!”. También, se pide seguridad, poder ir por la calle sin que nadie les diga nada, sin que nadie les haga nada. Las violaciones y agresiones han conseguido la deserción de la mujer del espacio público. Pero, la calle también es de las mujeres, por lo que es necesario retomar esos espacios y educar –y reeducar– a los hombres, en particular a los Carabineros, en el respeto, la igualdad y la no violencia.

Emociona ver esta lucha feminista, tan necesaria. Emociona ver cómo se ha dado un paso a favor de los derechos de la mujer en gran parte del mundo. Queda muchísimo camino por recorrer, pero el hecho de que exista una concienciación, una idea de feminismo como igualdad, que consigue movilizar a cientos de miles de mujeres contra la opresión patriarcal, ya es un gran avance. No podemos, como sociedad, silenciar estos movimientos, sólo apoyarlos, expandirlos y hacer más grande su voz. No podemos consentir que lleguen al poder detractores de todo esto. Es por ello que me resulta incomprensible que Carabineros de Chile haya presentado una querella criminal en contra de Las Tesis, por protestar en contra de la violencia sexual perpetrada, presuntamente, por los propios Carabineros. Nuevamente, la defensa corporativa de las manzanas podridas.

Otra gran fuente de preocupación es el golpe económico que ha supuesto la pandemia mundial, que se está sintiendo con especial fuerza en aquellos que viven del día a día. El pueblo chileno sigue disconforme. ¿Qué se reclama en Chile? Se reclaman salarios dignos, pensiones dignas para los mayores, Estado de Bienestar con Educación y Salud Pública gratuita y de calidad, el fin de la depredación de los recursos naturales, entre otros del agua, que está matando de sed al pueblo, el cese de la violencia policial y el abuso de poder, así como la protección de los pueblos originarios, que han de ser potenciados, en vez de encarcelados por exigir sus derechos. Ante esto y las reclamaciones de todos aquellos que sólo quieren una vida digna, Piñera responde con más represión, estrenando nuevo material antidisturbios y nuevos protocolos que no han impedido la brutalidad policial y las amenazas a la fiscal que las investiga. Esta situación debe cambiar. Un presidente enemigo del pueblo, que reprime y maltrata, no debería tener cabida en un Estado democrático, pues no gobierna para todos, sino para una minoría privilegiada. Asimismo, un general director de Carabineros que respalda irrestrictamente a sus hombres, que no condena públicamente las violaciones a los Derechos Humanos y los delitos que cometen sus subalternos, tampoco puede tener cabida en un Estado democrático.

Si alguna lección se debe sacar de lo que ocurrió hace 22 años es que Pinochet se creyó intocable, pero no lo fue. Hoy Piñera y sus ministros, Rozas y sus subalternos parece que se creen intocables, pero no lo son. Tarde o temprano la Justicia les caerá encima, o bien la chilena, o bien la internacional. Lo dije antes y lo reitero ahora. Es mi compromiso: No habrá impunidad en Chile.

* Presidente de FIGBAR Fundación Internacional Baltasar Garzón

 

 

 

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