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De Juan Carlos Moraga Duque, políticamente esto es lo que de él conozco. Por Arturo Alejandro Muñoz

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De Moraga Duque, políticamente esto es lo que de él conozco
Arturo Alejandro Muñoz

Una vez más sale al tapete el nombre de un personaje que ocupó algunas planas de prensa escrita en la década de 1980, y no precisamente por cuestiones de heroicidad sino, muy por el contrario, debido a asuntos que pertenecían claramente a la esfera de la traición y el bandidaje político, cuestiones que en esos años podían costarle la vida a quien hubiese confiado en él, a quien le hubiese creído aquellas farsas urdidas febrilmente en beneficio de los enemigos de la libertad y de la democracia.

La historia de ese individuo amerita, por cierto, mejores líneas que las escritas en esta nota; no obstante, el esfuerzo por desnudar la verdad bien vale cualquier reproche que se le haga el autor de ellas. Querido lector, póngase cómodo, lea y tome nota. Esta es una parte -tal vez la menos conocida- del accionar político de Juan Carlos Moraga Duque (alias “Alejandro Velasco”), y que fuera publicada hace ya varios años por distintos medios de información.

A Moraga le conocimos primero con el nombre de Alejandro Velasco. Era su ‘chapa’ y corría el año 1983. Recuerdo haberle visto llegar a ese tercer piso del deslavado edificio santiaguino ubicado en calle Teatinos Nº 727, donde funcionaba la CEPCH (Confederación de Empleados Particulares de Chile) y solicitar una entrevista con los ‘capos’ de la Confederación, en ese entonces, Federico Mujica, Jorge Millán, Jorge Varela y Walter Antognini.

La idea u objetivo fundamental debió haber sido ganar la confianza de los máximos dirigentes de la CEPCH para, desde el interior de esa Confederación, influir en el resto del conglomerado sindical nacional y arrastrar a muchas organizaciones de trabajadores hacia una postura abiertamente anti-democracia representativa.

Sin embargo, las dudas respecto de la autenticidad ideológica de Moraga superaban con creces a la voluntad de trabajar con él. Por ello, desde la CNI pudo haber surgido un plan desesperado: un golpe a la cátedra…un ‘arresto’ a plena luz del día y frente a la sede misma de la CEPCH…el encarcelamiento de Moraga por parte de la CNI colocando la noticia en las portadas de diarios y noticieros de televisión.

Una tarde, al abandonar la sede sindical, fue “atrapado” por agentes de la CNI en plena calle Teatinos mediante un ostentoso operativo que detuvo el tránsito en esa vía mientras un helicóptero sobrevolaba el sector.

El gobierno de Pinochet solicitó cadena perpetua para el tal Velasco por haber ingresado clandestinamente al país. Y Velasco ya no era Velasco, pues a partir de esa mediática y ‘hollywoodesca’ detención, decidió utilizar su nombre verdadero: Juan Carlos Moraga Duque. Fue defendido por uno de los abogados ‘estrellas’ de la época: el famoso ‘Tonguito’ Ovalle, un derechista liberal que era muy amigo del general Gustavo Leigh –en ese entonces autodeclarado adversario de Pinochet y de Manuel Contreras- quien le sacó de la cárcel luego de un cortísimo proceso judicial que fue profusamente informado por la prensa oficial de aquellos años en los que, precisamente, lo que menos había era libertad de prensa.

Al regresar a la sede de la CEPCH, Moraga se presentó como un “socialista que había ingresado clandestinamente a Chile desde el exilio”. Dijo que su centro de operaciones políticas se encontraba en Alemania Oriental (meses después ‘rectificó’ diciendo que era en Alemania Federal) y en Italia donde, según afirmó, había trabajado asesorando a Bettino Craxi hasta poco tiempo antes de que este fuese elegido Primer Ministro del gobierno italiano. Manifestó que su interés principal era dar vida a un referente político que él bautizó como “Frente Socialista”, prolegómeno de lo que –se suponía- debería ser el renacimiento del viejo Partido Socialista que, al menos en Europa, se encontraba escindido en mil partes y fracciones, tales como ‘La Chispa’, ‘Los Suizos’, etc.

Sin embargo ya nadie le creía, pues según los dirigentes sindicales de entonces, todo lo que hacía Moraga olía a “planes de ‘inteligencia militar’ estructurados y acordados con la CNI”. De un día para otro, el maquinador “llegado del exilio” fue abandonado (y rechazado) por el mundo sindical y el mundo de la izquierda; con mayor razón se le repudió cuando comenzó a vérsele acompañado de extraños personajes que pronto fueron individualizados como “jóvenes oficiales de la marina en misiones civiles”, con los que Moraga arrendó e implementó un cuartucho en el segundo piso de un viejo inmueble ubicado en la avenida Ricardo Cumming, Santiago de Chile, donde instaló una especie de mini-imprenta desde la cual fluían panfletos, librillos, volantes y similares.

Más rápido que lento, comenzó a fraguar las estructuras de un grupo político que a poco andar se inclinó definitivamente hacia el sector encabezado entonces por Francisco Javier Errázuriz, “Frafrá”, personaje relevante en materias comerciales y financieras, pero salido de las tiras cómicas en lo referido a la política en serio con su partido llamado UCC, Unión de Centro-Centro.

Sabedor de las (in)capacidades de Frafrá en asuntos públicos, Moraga se erigió rápidamente en una especie de “jefe de campaña” de la candidatura presidencial del millonario aristócrata, el que fue francamente vapuleado y casi ridiculizado por Patricio Aylwin y la Concertación el año 1990. Errázuriz vivió una aventura presidencial loca y sin destino en verdad, pero esta fue rentable comercial y económicamente para Moraga Duque, ya que ella le permitió encontrar puertas abiertas en cofradías de viejos militares y opulentos financistas pertenecientes al pinochetismo nostálgico, donde se le recordaba como “agente del gobierno militar en el mundo sindical”, tal como lo reconoció un viejo capitán de fragata que hoy se dedica a la comercialización de frutas.

Es posible que Moraga no haya sido un “agente del pinochetismo” propiamente tal , pero la duda es razonable, y él lo sabe, pues su zigzagueante comportamiento político de los años 1983-84-85-86 así lo indica. Recordemos que por 1988 inventó finalmente un ‘frankenstein’ político llamado “Partido Socialista Chileno”, que pretendió aglutinar a todos los verdaderos socialistas bajo la bandera y símbolos del PS de Salvador Allende. Y ese mismo año, desde la tribuna pública que ocupaba en aquel entonces, llamó a votar NULO en el Plebiscito del SÍ y del NO…aunque en un primero momento había hecho llamados a votar SÍ, lo que junto al NULO y al voto en blanco, constituía un claro apoyo a la continuación de la dictadura cívico-militar.

Al año siguiente (1989) se descubrió cómo era, efectivamente, esa monstruosidad partidista cuando proclamó al líder del ultramontano y pronazi movimiento Patria y Libertad, Pablo Rodríguez Grez, como su precandidato a la Presidencia de la República. Muy pronto se sospechó que tras la maquinación por crear ese aberrante producto dictatorial, pretendidamente socialista, habría estado la colusión de Moraga con el mismísimo general Manuel Contreras. Lo cierto es que fracasado tal increíble y pueril intento, nuestro personaje se acercó a Francisco Frafrá Errázuriz.

El 29 de mayo de 2002, el diario electrónico Primera Línea (de La Nación), publicó -bajo el título “Detenido ex colaborador del régimen militar”, la siguiente nota:

<<“Funcionarios de la Brigada Investigadora de Delitos Económicos (Bridec) de la Policía de Investigaciones detuvo a quien fuera presidente del controvertido Partido Socialista Chileno, Juan Carlos Moraga. Fuentes policiales precisaron que la diligencia se concretó a raíz de tres órdenes de arresto pendientes por estafas, las cuales habría cometido el dirigente en diversas ocasiones. Juan Carlos Moraga creó el llamado Partido Socialista Chileno para defender al general (r) Augusto Pinochet y fue además ex militante de la Juventud Socialista de San Antonio hasta 1973, para luego huir a Francia. A su regreso de Europa se integró a los servicios secretos del régimen militar. La última vez que el nombre de Juan Carlos Moraga apareció en la prensa fue a raíz de la salida de Edgardo Lienlaf de la dirección de la Conadi, debido a una venta irregular de terrenos a comunidades indígenas”.

En tanto, el periodista André Jouffe, en artículo “Perfil del nuevo voto de oro” publicado en “El Periodista”, menciona a Moraga al referirse al senador independiente de la Región de Magallanes, Carlos Bianchi: “Personaje contradictorio, Bianchi habla de nacionalismo pero se opuso a la creación del partido regionalista, e incluso lo boicoteó al saber que su líder era Juan Carlos Moraga, antiguo socialista renegado, que luego de ser autorizado en 1987 por la dictadura para formar un conglomerado PS-PR junto a Carlos Morales con el fin de votar por el ‘no’, hizo un escandaloso llamado a última hora a sus adherentes a optar por el ‘sí’”.

Podríamos continuar, páginas y páginas, relatando los avatares de Moraga Duque, como por ejemplo aquellos que lo ligan a ciertas organizaciones de supuesta ‘ayuda social’, y que, tal vez, sólo tenían como principal objetivo ejercer influencia en las cúpulas de la administración del estado –o de organizaciones supranacionales- a favor de los dueños del oro.

Ahora se le encuentra   co-administrando, o dirigiendo, una organización  bautizada con el llamativo nombre de “Derechos Humanos Sin Fronteras”, desde donde trabaja pertinazmente para evitar que el mundo y pueblo de la República Árabe Saharaui (RASD) sea el legítimo propietario del Sahara Occidental (ex Sahara Español), ya que histórica y culturalmente la avalan. Como se sabe, la RASD cuenta con el apoyo de más de 80 naciones, y fue la fundadora de la ‘Unión Africana’. Sin embargo, el año 1976, Marruecos y Mauritania invadieron militarmente la zona. Mauritania se retiró de ello pocos años después, pero Marruecos insiste en considerarla  parte  de su propio territorio.

Adivine usted, querido lector, en qué lado se ubicó de inmediato Moraga Duque. Fácil saberlo, ¿verdad?… en el del invasor, en el del poderoso, en el del injusto. Huelgan comentarios.

En definitiva, de acuerdo a las andanzas y contubernios de Moraga Duque en los años 1982-83-84-85 (que conocí personalmente), me basta saber en qué lado de un conflicto se ubica el ex Alejandro Velasco para tener la certeza que aquel es el lado equivocado, el tramposo.

De Moraga Duque y su historia política puedo concluir que se trata de una especie de “Circe” travestido en un perenne buscador de oro…para intereses que no son precisamente en beneficio de la democracia ni de la libertad, cual pretende insistir con majadería intentando obnubilar a desavisados, tal como lo hacía en 1982-83…hasta que fue descubierto  y hubo de vestir el único traje que le viene bien: el del travestismo político con el que coadyuva al mantenimiento del establishment neoliberal salvaje.

Ante la pregunta que alguna vez saltará a la palestra: “¿para quién  trabaja, y ha trabajado siempre, Moraga Duque?”, la respuesta es simple y directa: “para quienes son los dueños de la férula económica, donde quiera se encuentren”. Y a los hechos me remito. 

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