Inicio cultura y arte Cine – HUMPHREY BOGART, A MODO DE EPÍLOGO.

Cine – HUMPHREY BOGART, A MODO DE EPÍLOGO.

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Pepe Gutierrez Alvarez

 En los último años de su vida, (Nueva York, Nueva York; 25 de diciembre de 1899-Los Ángeles, California; 14 de enero de 1957) Bogart todavía trabajó en películas como las de antes, tales como la estupenda Sin conciencia (1951, realizada por Raoul Walhs aunque firmada por el ignoto Bretaigne Windust); un film trepidante en el que Bogart interpretó a un fiscal investigando a un peligroso criminal dejando en evidencia el enorme poder del crimen organizado en los USA, mientras que el FBI se dedicaba a perseguir a “los comunistas”; El Cuarto Poder (Richard Brooks, USA, 1952), una parábola sobre periodismo de investigación libre que aquí nos llegó por TVE.

Se trata de una película “idealista” cuya temática puede considerarse como un referente de “Los papeles del Pentágono” (Steven Spielberg, USA, 2017), al final la dueña conservadora pero admiradora del empeño del periodista (Bogart), permite que el diario destape los negocios sucios de una mafia que tiene comprado a jueces y policías, y cuya única oposición es justamente la del diario incorruptible.

Pocos recordaran que esta película fue blandida como bandera por una candidatura presidida por uno de los Garrigues Walker cuyo padre fue embajador franquista en el Vaticano, y cuyos hijos forman parte de la élite más encumbrada, baste decir que el nombre se puede encontrar entre los componentes de la Trilateral…Finalmente la fantochada no prosperó. Sí se estrenó con sus correspondientes cortes La condesa descalza (1954), realizada por Joseph Lou Mankiewicz a la mayor gloria de Ava Gardner, lo mismo que Sabrina (1954) lo sería para Billy Wilder con Audrey Hepburn y William Holden que tiene sus “fans” entre los que no me encuentro. 

Humphrey dirá adiós al cine con Más dura será la caída (USA, 1956), lo mejor de Mark Robson, y que desentraña los sucios negocios que acompañan el mundo del boxeo.

Pero antes ensució su nombre con dos títulos con los que los estudios obligaron a sus realizadores y actores a rendir pleitesía al orden establecido:

a) El Motín Del Caine (USA, 1954), dirigido por el delator Edward Dmytryk y cuyo contenido haría las delicias de los próceres del franquismo: el estado psicótico de un capitán de navío no justificaba, antes al contrario, la existencia de un motín por parte de los mandos subalternos que quedan al final como unos meros ambiciosos, y

b) Horas Desesperadas (USA, 1955) un paso atrás del liberal William Wyler; en la que una banda de malhechores ocupan la casa de una honrada familia burguesa que al final se ve obligada a utilizar la violencia en su propia defensa.

Estos casi epílogos fueron un fiel reflejo de la acelerada decadencia del Hollywood. Por la misma época de la muerte de Bogart cayeron también Gary Cooper, Spencer Tracy y Clark Gable, y en la década siguiente será el turno de John Ford, Alfred Hitchcock, Howard Hawks, etcétera, etcétera.

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