por Franco Machiavelo
Cuando la Concertación gritó esas frases, no lo hizo para devolver la soberanía al pueblo, sino para blindar el modelo económico heredado de la dictadura. Administraron las privatizaciones, entregaron los recursos naturales a empresas extranjeras y mantuvieron al pueblo en la lógica de la desigualdad. La democracia fue solo un disfraz para seguir gobernando con las reglas del mercado.
La Nueva Mayoría repitió el mismo libreto. Habló de cambios, de justicia social y de inclusión, pero al final sostuvo el mismo edificio neoliberal. Con la excusa de “defender la democracia”, profundizaron el endeudamiento en educación, dejaron intacto el negocio de las AFP y siguieron protegiendo los intereses de los poderosos.
Hoy Boric usa la misma consigna. Dice defender la democracia frente a la ultraderecha, pero en los hechos protege a las forestales, militariza el Wallmapu y mantiene el saqueo del litio y el cobre bajo control empresarial. Habla de democracia, mientras reprime a quienes protestan y negocia con los mismos grupos económicos que han lucrado con el país por décadas.
Por eso, estas frases son huecas, símbolos sin contenido, usados para sostener un sistema que concentra la riqueza en unos pocos y margina a las grandes mayorías. No significan soberanía popular ni justicia social: significan defender el orden neoliberal.
La verdadera democracia no está en los discursos de políticos que se arrodillan ante el capital. Está en la calle, en la organización popular, en la lucha por recuperar lo que nos pertenece. Eso es lo que ellos temen y por eso repiten, una y otra vez, consignas vacías que solo sirven al establishment.
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Si veo un Estado donde sus recursos naturales están nacionalizados, y la tierra administrada con el fin de asegurar el alimento de la población, entonces ¡viva! la democracia. En caso contrario ¡chao! con la democracia.