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Carabineros y ataques incendiarios

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El 27 de diciembre de 2019, en plena efervescencia del estallido social, la sede Bellavista de la Universidad San Sebastián ardió. Guardias heridos. Fuego declarado en el piso

-1. Una universidad convertida en escenario de violencia.

Las cámaras de seguridad captaron algo que hasta hoy permanece en la penumbra: dos funcionarios de Carabineros identificados por el propio equipo de seguridad de la USS.
Uno de ellos, David Gaete, entra a la oficina donde se inicia el incendio.

El otro, Óscar Cifuentes, aparece lanzando objetos hacia el edificio y recorriendo sus pasillos.
El entonces director de seguridad de la universidad, Jorge Barraza, lo declaró ante la PDI. Reconoció a Gaete por su complexión, su cabello y su ropa. Otro miembro del equipo también lo identificó. Fuentes del Ministerio Público señalaron que Cifuentes fue reconocido mientras participaba de los hechos.

El fiscal José Morales pidió formalmente los antecedentes de ambos. Quería saber qué hacían ese día, a qué unidad pertenecían, si operaban infiltrados.
La respuesta fue el secreto.

Carabineros y el Ministerio del Interior cerraron la puerta. Información reservada. No se levantó el secreto. No se entregaron los datos.
En marzo de 2023 la causa se archivó.
Sin imputados. Sin juicio. Sin verdad.

Gaete no era un desconocido: había operado en la Unidad de Inteligencia vinculada a la Operación Huracán y declaró como agente encubierto en otra causa. Cifuentes, según investigaciones periodísticas, había trabajado infiltrado en la población Lo Hermida bajo nombre falso.
Dos carabineros aparecen en las imágenes de un incendio a una universidad.

El Estado se niega a entregar sus fichas.
La investigación se cierra.
Esto no es un simple archivo judicial.
Es una herida abierta sobre cómo se investigan —o no se investigan— los hechos más graves del estallido.

Debemos exigir que se reabra la causa.
Que se levante el secreto.
Que se esclarezca de una vez quién inició el fuego y qué rol jugaron agentes del Estado.

Porque cuando arde una universidad y los nombres que aparecen en las cámaras quedan protegidos por el secreto oficial, lo que se quema no es solo un edificio.
Se quema la posibilidad de justicia. 

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