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Canadá en Pandemia

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 Nora Fernández y Mario R. Fernández

La emergencia del virus corona (COVID-19) que nos muestra vulnerables puede mirarse desde varias perspectivas. Es obvio que occidente hasta tarde no entendió el virus como preocupación propia ni con potencial de diseminarse fuera de China. Mientras el virus ataca China occidente lo toma incluso en broma, un poco más de un resfrío, una gripe como tantas, nada serio.  China era incapaz y el virus era su problema, algunos comentarios apuntaban a la posibilidad, casi positiva, de que este virus terminara con el gigante asiático –al que occidente le atribuye intenciones de dominar el mundo. Hasta las primeras semanas de febrero 2020 la prensa y el gobierno en Canadá entendían el virus como el resto, conectado a los mercados abiertos chinos de venta de comida y a una falta general de higiene. Para occidente había mucha distancia entre “ellos,” China, y nosotros. Las medidas chinas para controlar el nivel de contagio se miraban con recelo y hasta desprecio, se hablaba mucho del “autoritarismo” chino. Para occidente el virus en China era similar a los levantamientos en Hong Kong, que violentas y destructoras eran entendidas aquí como “liberadoras”.  A los ojos de occidente ambos fenómenos reflejaban el mismo problema: falta de “libertad y democracia.” Pensaban algunos, seguramente, en los beneficios que para occidente implicaba un quiebre de la potencia asiática. Probando una vez más que no podemos ver en el otro más que lo que nosotros mismos somos y pensamos. Canadá no fue excepción, no pudo imaginar, aunque era obvio, que COVID-19 podía ser pandemia, llegar a testearnos y cobrarnos precio.   

Xenofobia

La xenofobia, el miedo o el odio al otro, ha cumplido un papel en esta pandemia como en otros eventos de estos dos últimos años.  En Canadá la xenofobia no es nueva ni se limita a Asia, pero la historia es testigo de que chinos esclavos ayudaron a construir el ferrocarril en las Rocallosas en el siglo 19 y que el racismo y la discriminación no han terminado. Racismo y discriminación han sido legalmente desafiados a partir del último cuarto del siglo 20 y posterior a la adopción en 1971 de una política multicultural en el marco de dos lenguajes oficiales.

Esa política multicultural ha evolucionado y se ha extendido al marco de los derechos humanos transformando la ley y prohibiendo el lenguaje y la acción racista y discriminatoria. Pero todo eso no ha impedido que la xenofobia re-emerja, y en más de un caso, pero particularmente y sin disculpas con la detención de Meng Wanzhou, la ejecutiva de Huawei, en el aeropuerto de Vancouver en diciembre 2018 (1). 

La detención de Meng Wanzhou continúa siendo una respuesta cuestionable del gobierno Canadiense del Primer Ministro Justin Trudeau a una petición de extradición dudosa iniciada por Estados Unidos que Washington hizo público sólo a posterioridad, y aduciendo cargos supuestos de conspiración. Meng, luego de una fianza millonaria, espera la resolución de su caso en casa con una caja electrónica al tobillo. En el clima de xenofobia dominante su extradición a EEUU sería un crimen. El trato a Meng sorprende. Ningún rico en Canadá, o en el mundo, ha sido problematizado por tener dinero. Todo lo contrario, la prensa en todas partes favorece incluso a los ricos más detestables. Se hace difícil ver en Meng al villano que la prensa describe, y no a una ejecutiva corporativa como otras.  Canadá, cómplice, se ve débil, comprometido, pasándose por encima de sus propias leyes.

El carácter político y racista de esta detención es tan obvio que evidencia un plan con sabor a Washington, y una red occidental cliente-socia y hasta en parte subordinada, pero nada inocente. La saga de Meng continúa, al tiempo que se hace obvio que la tenemos de rehén para forzar la mano de China más chinos pudientes comienzan a entender, hasta contra su voluntad, el papel poco honroso que nuestro gobierno juega, en el que nos ha complicado a todos. China, de socio de occidente pasa a enemigo nuevo, y aunque abiertamente se habla de su problemático “comunismo” es en realidad su exitoso “capitalismo” el problema mayor.

Historias de Pandemia.

Tan pronto el virus recibe nombre y deja de ser ajeno, los pocos casos iniciales se multiplican sumando fallecidos.  Las autoridades canadienses, sin plan frente a la pandemia, y la prensa que se había limitado más o menos a burlarse de la respuesta China, tuvieron que probarse, y hacerlo con falta de máscaras, guantes, equipos y camas de hospital, además de preocuparse de “salvar” la economía.  A pesar de que el sistema de salud canadiense es público y universal, cortes presupuestarios y falta de preparación para una pandemia lo hacen vulnerable. La población sorprendida por el nivel de contagios y fallecimientos aplica las medidas que propone el gobierno federal. La desinformación sobre COVID-19 jugó un papel y la última experiencia de pandemia en occidente fue la gripe española, a principios del siglo 20 que fue terrible. Occidente, que espera milagros de la tecnología, confunde avances en el celuloide y “online” con realidad. Autoridades que se habían creído invulnerables tiene que aceptar su vulnerabilidad.

Las farmacias no tenían máscaras ni guantes de protección, Canadá había dejado de producir equipos de protección personal con el tratado de “libre comercio” firmado en los 1980s que desapareció estas industrias. Canadá compra incluso equipos para el personal de salud a EEUU pero cuando encarga equipos necesarios para lidiar con la pandemia EEUU responde que es prioritario tener equipos primero para EEUU, probándonos que no es bueno depender de otro en casos de emergencia.

El gobierno federal demoró en implementar medidas apropiadas, por ejemplo no cerró sus fronteras con EEUU aunque sabía que eran razón de contagio que, irónicamente, estas fueron cerradas por orden del gobierno del presidente Trump. Desde el momento en que el gobierno federal reconoce la emergencia, sin embargo, no implementa medidas apropiadas. Pero Canadá tiene gobiernos a nivel federal, provincial y municipal, no siempre en harmonía. La política de EEUU impacta Canadá mucho y desde el principio de la pandemia, la administración Trump, y Trump mismo, niegan su seriedad. El trumpismo es un animal vivo en Canadá, en especial en Alberta y Quebec, como esta pandemia ha demostrado, donde la extrema derecha irracional saca su voz. Alberta ocupa la dudosa notoriedad de tener el lugar de trabajo más contaminado del país, en las empacadoras de carne Cargill en High River (con 821 infectados y 1 muerto) y JBS en Brooks (con 276 infectados y 1 muerto) que suman el 21 por ciento del total de los casos en la provincia (1,099 de 5,165). Thomas Hesse, presidente del sindicato Unidos Trabajadores Comerciales y de la Comida (local 401) denunció el peligro de reabrir estas plantas pero no pudo impedir que Deena Hinshaw (Servicios de Salud de Alberta) y el Ministro de Trabajo las reabrieran.  Ambas plantas exportan carne a EEUU y emplean numerosos trabajadores miembros de minorías visibles. El gobierno provincial de Quebec, hostil en cuanto a implementar medidas recomendadas por el gobierno federal, ha llegado a tener la mitad de todos los casos del país y recientemente decidió reabrir escuelas en zonas de la provincia aumentando el riesgo a maestros, niños, sus familias, contra la voluntad de ambos.  

Los hogares de cuidados adultos vulnerables son un espacio problemático. De acuerdo al National Institute on Aging (Instituto Nacional sobre Envejecimiento) de la Ryarson University en Toronto, más de 3,300 muertes han ocurrido en estos hogares de cuidado de larga duración, suman el  82 por ciento del total de fatalidades que ha tenido este país (2). El problema mayor es la falta de estandarización con respecto al cuidado al anciano, que favorece una mezcla de hogares sin fines de lucro con hogares con fines de lucro que tienen muy diferentes estándares pero que son financiados públicamente. En Ontario, los tres mayores operadores de hogares con fines de lucro tienen un desproporcionado número de casos y de muertes por COVID-19, no obstante estos operadores han pagado 1,500 millones de dólares en dividendos a sus accionistas durante la última década. Para un área asistencial esta cifra de altas ganancias, que no incluye los sueldos millonarios pagados a sus ejecutivos ni el dinero invertido en compra de acciones propias para mantenerlas en alza, es importante.  Jagmeet Singh, leader del partido canadiense NDP (Nuevos Demócratas) argumenta en favor de terminar con esta situación, sacar los hogares de ancianos de manos de empresas privadas con fines de lucro para establecer un servicio universal público de mejor calidad.

Imagen y Economía

La imagen la ha dado el Primer Ministro, Justin Trudeau, diariamente y por televisión, resalta las consecuencias económicas de la pandemia, en el marco de proteger vidas humanas. Las autoridades de la salud se limitan a anuncios específicos, como la necesidad de respetar distanciamiento social. Nadie ha dado aún solución al problema de falta de elementos de protección para la población (máscaras y guantes) y parece entenderse que son poco relevantes pues no hay. Trudeau anuncia nuevas ayudas económicas casi a diario, en su mayor parte estas benefician empresas, bancos y rentistas, pero vienen matizadas con ayudas al resto de la población desempleada (que suma más del 15 por ciento). Los trabajadores desempleados, casi todos del sector privado y en servicios, reciben beneficio de desempleo y los que no califican para esto, otras ayudas. Para todo este tipo de ayudas el gobierno federal ha dispuesto de 35.000 millones de dólares. Existe ayuda adicional, calculada en 9.000 millones de dólares, a entregarse entre mayo y agosto a estudiantes y recién graduados de instituciones post-secundarias.

El gasto de la pandemia aumenta y el gobierno federal lleva gastados más de 145.000 millones de dólares en ayudas directas a la población, pero este total no es más que el 20 por ciento del total que se estima se gastará. Esta suma no incluye gastos de salud, seguridad, o lo que se provee a empresas en recursos monetarios y excepciones de impuestos, o las ayudas directas a individuos, negocios y otros sectores privados que llegan a 817.000 millones de dólares canadienses (que equivale a casi a la mitad del producto interno bruto de 1,7 billones de dólares, (3).  Gran parte de este dinero no va a recuperarse, se sumará a nuestra deuda pública. Todos los empleadores autorizados a seguir funcionado durante el estado de emergencia (supermercados, bancos, farmacias, locales de venta de materiales de construcción y afines, ventas de comida a domicilio, estaciones de combustible, talleres mecánicos, etc.) recibirán del estado, durante 5 meses, el 75 por ciento del valor de los salarios pagados por trabajador.                                                                                                                                             

Las instituciones financieras reciben no menos de 300.000 millones de dólares como capitalización sin interés. Otra gran porción de la cantidad total va a créditos de emergencia (sin intereses) al comercio al detalle y por mayor, y a otros negocios. Estos créditos se empezarán a pagar en un año o más,  pero pasa por las instituciones financieras que tratan con los solicitantes, estos intereses los paga el gobierno a estas instituciones lo que para ellas es un gran negocio con capitalización gratis. En tiempos de crisis los grandes beneficiados siguen siendo los grandes bancos, completando un círculo parasitario obsceno.

Además, en los últimos días, el gobierno canadiense anunció nuevas ayudas económicas a compañías que cuentan con más de 300 millones de dólares en entradas anuales, además de aportes monetarios a la industria farmacéutica con el supuesto fin de investigar la creación de una vacuna contra el COVID-19. Un poco para engancharnos y tapar lo obvio, este último anuncio de ayuda a corporaciones viene con un “premio” (de 200 a 500 dólares) para unos 6,7 millones de canadienses y residentes mayores de 65 años de edad. El gobierno decide, en vez de aumentar la pensión estatal que es baja y controlar los alquileres crecidos por la especulación inmobiliaria, entregar una ayuda general insuficiente a la población adulta mayor, con lo que no atiende a largo plazo al grupo más necesitado entre ellos. Diariamente nos engañan desde la prensa tratando de convencernos de que los miles de millones de dólares que se imprimen, regalan o prestan al sector privado, van a salvarnos y salvar al país pero se trata de asegurar que los buenos negocios de los más ricos continúen y que hasta aumenten.

La Cabeza y la cola del dragón

Ha pasado un año y meses desde la captura de Meng Wanzhou. Si creyéramos en la magia podríamos decir que el elemento conector de nuestra desventura actual es habernos apropiado indebidamente de una princesa de la tierra del dragón, cautiva en su propio castillo en Vancouver.

Pero Meng no es princesa, la tierra del dragón no es mágica y la pandemia no es castigo, más bien consecuencia – no de habernos alegrado del dolor ajeno, sino de implementar políticas económicas globalizadores suicidas. Culpables de un culto casi religioso al consumismo destructor de nuestro medio ambiente y de las barreras naturales que nos protegen, de crear sociedades especulativas centradas en la generación de dinero fácil, de la explotación insensata, de la guerra, de invadir los mares de cruceros para lidiar con el hastío explotando a otros, atrapados en la insatisfacción depredadora que todo lo contamina, una tira de ARN, apenas un organismo vivo se hace pandemia, plaga que azota a otra plaga, la nuestra.

Las consecuencias de esta crisis, dicen unos, es que desarrollaremos tecnologías para vivir sin pandemias, muestran mucha fe en la tecnología. La pandemia ha acelerado el endeudamiento público en Canadá. La pandemia nos ha mostrado un país demasiado alineado con EEUU, aunque menos disfuncional.

Hemos dejado de aprender de otros. China, Vietnam, Cuba, Venezuela, Tailandia han sido efectivos con la pandemia. La prensa habla de lo importante que es encontrar una medicina efectiva pero no menciona casi, al interferón alfa B2 patentado por Cuba y producido en China, extensamente y efectivamente usado para recuperar personas vulnerables.

Tampoco se escuchan demasiadas críticas a actuaciones de algunos países muy cuestionables, EEUU mismo, Brasil, Reino Unido, Perú, Chile, Ecuador, han desatendido a su población. Perú instauró el toque de queda y la militarización en lugar del tratamiento médico como forma de lidiar con la pandemia.

Esta crisis descubre vulnerabilidad económica: el sector privado depende de los servicios y de la especulación inmobiliaria y bursátil. Descubre vulnerabilidad en nuestro sistema de salud: Canadá ha sufrido más muertes por COVID-19 que China misma, en Canadá fallecieron el 7 por ciento de los contaminados pero en China, incluso en Irán, el 5 por ciento –Irán es un país bloqueado y sancionado incluso por Canadá.  

Muchos canadienses endeudados ya, cada hogar debe 1,76 dólar por cada dólar ganado, no están en condiciones de mayor endeudamiento. El futuro se ve endeudado, necesitamos revisarnos, transformarnos.   

Notas

(1) https://en.wikipedia.org/wiki/Meng_Wanzhou

(2) The Star, https://www.thestar.com/politics/federal/2020/05/07/82-of-canadas-covid-19-deaths-have-been-in-long-term-care.html (3) CBC, Karina Roman, https://www.cbc.ca/news/politics/covid-19-economic-programs-1.5543092

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