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Camioneros: toda la mafia del sur

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EL CIUDADANO

Por Mario Ramos

La mafia en cuatro ruedas se echó a correr nuevamente, haciendo un llamado a  “pacificar la Araucanía”. Los patrones de las carreteras, de la distribución alimentaria, son otros, pero los hacen sentir dueños a ellos cada vez que el despertar colectivo quiere hacer un país para todos. Ellos buscan más represión, para seguir desarrollando el negocio fabuloso de las forestales y de algunas autoridades de la zona dueños de cientos de camiones.

Fueron cómplices de los crímenes políticos de la dictadura, dejando sus llantas marcadas por todo el país, su rodar quedó impreso en el diario El Mercurio, que legitimaba la propiedad del país en manos de apellidos como Edwards, Matte, Fontaine, Angelini, Vial o Luksic.

Hacer memoria.

Fue un 2 de octubre de 1972, cuando Benjamín Matte, presidente de Radio Agricultura, declaró que “Chile se ahoga en una ola de violencia”. Después, el (Code) y sus representantes: Aylwin, del PDC; Francisco Bulnes, del PN; Agustín Acuña, del PIR; y Durán, de la DR, acusaron al Gobierno de Allende de ponerse al margen de la ley y de emplear presiones económicas para eliminar a los medios de prensa opositores a la UP. Se iniciaba la asonada golpista.

Acto seguido, los camioneros iniciaron su primer paro el 8 de octubre, el mismo día en que la Sociedad Interamericana de Prensa abría una reunión anual en Santiago y que la minera norteamericana Kennecott emprendía una ofensiva internacional en contra de Chile.

Tal cual una operación anillo, fueron encerrando al Gobierno de la Unidad Popular, sin ofrecerle un respiro, en una violenta puesta en escena, que pasaba por paralizar la economía, creando desabastecimiento, utilizando las técnicas de guerra psicológica y métodos de guerra.

El presidente del Partido Nacional, Sergio Onofre Jarpa, afirmó que “la resistencia civil organizada y mantenida en todos los frentes de lucha es la única manera eficaz de impedir que Chile sea transformado en una dependencia del comunismo internacional”.

Llegado agosto, los conjurados pasaron a la ofensiva final. Se sabe que había más de 25 agentes de la CIA en el país y una cantidad de militares norteamericanos asesorando los preparativos del golpe. Miembros de Patria y Libertad, apoyados por oficiales de la Armada, protegían a los camioneros en los fundos utilizados para estacionar sus máquinas. Al mismo tiempo emprendieron una serie de atentados explosivos. El resto lo conocemos

Ya el año 74, la dictadura les pagó terminando con los trenes. Un viernes del mes de julio del 1974 sería el último día en que corrieron por sus vías sociales y de contacto humano los trenes, que tocaban cientos de estaciones del norte de Chile, como Iquique, Antofagasta, Freirína, Copiapó La Serena, Coquimbo, Ovalle, Combarbala, Illapel, Salamanca, Los Vilos, Pichidangui La Calera, estación Mapocho.

Del 74 en más, los camioneros tuvieron más trabajo, aumentaron notablemente su flota de camiones, vieron desaparecer las «picadas» donde compartían la ruta con una buena cazuela… mientras se instalaban las forestales, y el resto del empresariado transnacional se apropiaba de las aguas, la energía, las minas, las carreteras, las tierras mapuches, la salud, la educación, la dignidad, todo lo que abruptamente dejó de ser un bien común.

De un plumazo terminaron con la sociabilidad y la conexión múltiple entre chilenos y chilenas, con los viajes populares, el transporte público, los coches correos, los mercados locales, la historicidad…

*“Porque fue el 23 de noviembre de 1913, cuando partió el primer tren longitudinal que unió Chile desde Iquique hasta Puerto Montt, señalando un hito en la historia del país. La finalización de la red ferroviaria longitudinal —8.883 kilómetros de vía férrea— además de ser una de las más grandes obras de ingeniería construidas a la fecha en Chile, fomentó significativamente el desarrollo de los pueblos y ciudades del sur. En torno a las estaciones ferroviarias se conformaron focos comerciales y sociales, dando espacio a polos de encuentro y de desarrollo urbano. El ferrocarril contribuyó, además, a la comercialización segura y eficiente de los productos agrícolas, ganaderos y forestales y a la integración económica de las regiones más alejadas del país”.

Y no obstante hoy los titiriteros vuelvan a mover los hilos, nuevamente invocan la violencia, la delincuencia, para seguir sus planes de militarizar todo el sur mientras matan de hambre a la cosmovisión mapuche. Porque están enfermos, nunca les basta. Porque su codicia es inversamente proporcional a su creatividad, entonces no atinan a nada mejor que a repetir el guión y recurren a los «patriotas de antes»… con chipe libre y largonas de las “autoridades” que los dejan violar la ley de seguridad interior del Estado. Honestamente esperamos que solo las cúpulas prendan, como lo están haciendo, y que las bases se hagan parte del Chile que despertó, y se dispongan a poner en movimiento un país que no atropelle a su población, y se hagan parte de este proceso que los chilenos empezaron a abrir desde octubre y que no pararán, hasta tomar libremente el tren al sur.

*De Memoria de Chile.

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