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Brasil – La nueva coyuntura: ¿Bolsonaro fortalecido?

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Esquerda Online, editorial, 22-8-2020

Traducción de Ernesto Herrera – Correspondencia de Prensa

Hay una nueva situación política en el país. El gobierno de Bolsonaro se ha fortalecido, interrumpiendo el proceso de desgaste que comenzó tras la llegada de la pandemia a Brasil a mediados de marzo. La comprensión de los factores responsables de la creciente popularidad del gobierno y la mitigación de la crisis política e institucional, en el contexto de una grave crisis sanitaria y económica, es clave para identificar las tendencias y contradicciones de la actual realidad política y social; y también para formular una política marxista adecuada a la nueva coyuntura.

Cuatro principales factores de la nueva coyuntura

1 – Impacto de la ayuda de emergencia

Según el IBGE (Instituto Brasilero de Geografía y Estadística) la cobertura de la ayuda de emergencia llegó a 107,1 millones de brasileños en julio, más de la mitad de la población (50,7%). Otro hecho que llama la atención: el 44,1% de los hogares del país estaban contemplados por el programa.

Sin la ayuda, habría habido una crisis social colosal y potencialmente explosiva, dado que tenemos 25 millones de desempleados (sumando los que buscan trabajo y los que no). La pobreza entre los negros, por ejemplo, habría aumentado del 17% al 30% según los datos de la Pnad-covid. Pero el programa de emergencia lo ha mantenido alrededor del 20%. Se estima que hasta la quinta entrega de la ayuda se gastarán unos 200 billones de reales, lo que representa el total de la inversión en el Bolsa Familia durante casi siete años más.

En marzo, Jair Bolsonaro y Paulo Guedes querían, a contra gusto, pagar sólo R$200 (35 dólares) en ayuda, como máximo. Con mucha presión de la izquierda, el Congreso fijó la cantidad de R$ 600 (U$S 107 dólares), llegando a R$ 1200 (214 dólares) para madres y padres solteros. Sin embargo, el hecho es que la mayoría de la población atribuye los beneficios del programa de emergencia al gobierno federal, que se hace cargo del pago de los beneficios.

Como muestran las encuestas de opinión pública, el impacto positivo de la ayuda en la vida de las personas (evitando que muchas de ellas pasen hambre o tengan necesidades básicas) es la principal razón del aumento de la popularidad de Bolsonaro, que alcanzó un 37% de óptimo y bueno en la última encuesta de Datafolha. De los puntos extras en la tasa de óptimos/buenos, casi el 90% provenía de la mejora de la calificación entre las personas que ganan menos de dos salarios mínimos, precisamente los principales beneficiarios de la ayuda. Sin embargo, sigue siendo el segmento de ingresos más crítico de Bolsonaro.

2. La banalización de la pandemia

Incluso con más de 100.000 muertes y la continuación de una pandemia incontrolada, el gobierno de Bolsonaro, la clase dominante brasileña y la mayoría de los gobernadores y alcaldes están llevando a cabo una intensa campaña para naturalizar la enfermedad.

Con esto, la opinión de que lo peor ya ha pasado prevalece en la población. El cansancio producido por cinco largos meses de pandemia y las expectativas positivas generadas por la recuperación parcial de la economía también ayudan a explicar el aumento del optimismo popular, alimentando la popularidad de Bolsonaro.

Cabe señalar que la campaña de banalización está anclada en un factor básico de la realidad nacional: el racismo estructural. La enorme tolerancia a la muerte en el Brasil – de los negros y los pobres, que constituyen la mayoría de las víctimas del Covid – se ve reforzada por el bolsonarismo, que diluye y minimiza la percepción de la tragedia humanitaria que vivimos.

Además, la muerte por el virus se extiende poco a poco, día a día. No es como una bomba que destruye una ciudad en una fracción de segundo o un accidente de avión, que causa un tremendo impacto inmediato. A medida que empiezan a formar parte de la “nueva normalidad”, las muertes por Covid terminan, en cierta medida, asimilándose a la vida cotidiana. 

La normalización de la pandemia no debe llevar a la conclusión errónea de que el pueblo brasileño es el culpable de esta situación. La mayoría de la clase trabajadora se ha adherido al aislamiento social en la medida de sus posibilidades objetivas, es crítica de la política negacionista de Bolsonaro y continúa estando en contra del retorno a las aulas. La batalla por las conclusiones de la tragedia que estamos viviendo no ha terminado y seguirá siendo objeto de la disputa política en los próximos meses y años.

3. Acuerdo provisorio en el piso de arriba

El 18 de junio, cuando Fabrício Queiroz (1) fue arrestado, marcó un punto de inflexión para Bolsonaro. Esa misma semana, congresistas, empresarios y youtubers bolsonaristas habían sido objeto de operaciones de la Policía Federal, ordenadas por el STF (Supremo Tribunal Federal).

Luego del arresto de su amigo y la ofensiva judicial contra sus partidarios neofascistas, Bolsonaro adoptó la línea “paz y amor”. Dejó de lado las amenazas golpistas, negoció posiciones con el Centrão (partidos oportunistas que negocian con el poder de turno el reparto de cargos a cambio de votos parlamentarios: ndt) formando una base de gobierno más expresiva en el Congreso, y toleró la represión judicial de su ala más radical. Además, Bolsonaro comenzó a centrar su agenda en las visitas para inaugurar obras (especialmente en el Nordeste) y a capitalizar la popularidad de la ayuda de emergencia.

De esta manera, la línea de la gran burguesía prevaleció: ni golpe de Estado ni impeachment: por un gobierno bolsonarista disciplinado. Rodrigo Maia (presidente de la Cámara de Diputados) y Davi Alcolumbre (presidente del Senado y del Congreso), el STF, los partidos tradicionales de derecha (DEM, PSDB) y varios gobernadores, con el apoyo del núcleo militar del gobierno, fueron cruciales para este acuerdo. Cabe destacar el papel negativo de los gobernadores de la izquierda (PT y PCdoB), que apostaron por una alianza con la derecha tradicional liderada por Rodrigo Maia y cedieron a la presión empresarial para que se pusiera fin al aislamiento social en sus estados.

La clase dominante quiere que se mantenga el programa económico neoliberal de Paulo Guedes (recortes en el gasto social y en los derechos laborales; privatizaciones), pero no admite un golpe de Estado de Bolsonaro. Así se encontró una solución intermedia temporal: el neofascista permanece en el poder, pero por ahora se ve obligado a renunciar a la escalada autoritaria contra el Congreso y el STF. Bolsonaro, a su vez, en un movimiento táctico, dio un paso atrás en la agitación golpista, buscando recuperar fuerzas para una futura ofensiva autoritaria.

4. Ausencia de movilizaciones de masas

En el auge del desgaste de Bolsonaro en mayo, cuando se formó una mayoría popular contra el gobierno, no fue posible salir a la calle masivamente debido a los graves riesgos de contaminación. En el momento en que el presidente neofascista amenazó con el golpe, millares de luchadores, incluso con el peligro del nuevo coronavirus, salieron a las calles de varias ciudades. Era el límite de lo posible.

La persistencia de la enfermedad, que sigue sin control, fue y sigue siendo un obstáculo para la existencia de actos masivos en las calles. Sin poder recurrir a uno de los principales y más eficaces métodos de lucha, la izquierda, los movimientos sociales y los sindicatos no podían probar la posibilidad de la lucha de masas hasta ese momento.

Se concluye, entonces, que la ausencia de grandes movilizaciones callejeras facilitó el acuerdo arriba y la recuperación de la popularidad de Bolsonaro desde mediados de junio.

Esta constatación no debe borrar del análisis la existencia de importantes luchas y acciones combativas que se han producido en los últimos meses. Ha habido varios actos de los profesionales de la salud que están en la primera línea del frente; innumerables campañas de solidaridad de los movimientos sociales; valientes movilizaciones antirracistas y antifascistas; importantes huelgas de trabajadores del transporte público (del metro y carreteras) y de trabajadores metalúrgicos (como la huelga de Renault en Paraná); dos días de huelga nacional de repartidores de aplicaciones; actos de profesionales de la educación contra la reapertura de las aulas; movilizaciones de los sin techo y sin tierra; entre otras acciones. En este momento, se está llevando a cabo una huelga nacional de los trabajadores de Correos.

Estos procesos de lucha indican, incluso con el aumento de la popularidad de Bolsonaro, la posibilidad de ampliar y fortalecer la resistencia de la clase trabajadora y oprimida en el próximo período.

Tendencias y contradicciones de la realidad

El Brasil continúa en una situación reaccionaria caracterizada, entre otros factores, por una ofensiva burguesa dirigida políticamente por un presidente neofascista. La dinámica de debilitamiento del gobierno, que se inició en marzo, se ha interrumpido desde mediados de junio, cuando se abrió una nueva coyuntura marcada por la desescalada de la crisis política y el aumento de la popularidad de Bolsonaro.

Sin embargo, el escenario de crisis económica, social y sanitaria, que seguirá tiñendo la vida del país, no ofrece una base para una estabilización política más duradera. Las contradicciones se establecen: desempleo récord; pandemia descontrolada; frágil recuperación económica en el Brasil y en el mundo; choques de proyectos políticos; ascenso histórico en Estados Unidos, con el levantamiento antirracista, y el consiguiente debilitamiento de Trump; entre otros elementos.

Sin ayuda de emergencia o con la disminución de su valor y alcance, decenas de millones de trabajadores pobres, en su mayoría negros y negras, se hundirán repentinamente en la pobreza y la miseria, causando un brutal choque social y podrían revertir el aumento de la popularidad presidencial entre los más pobres. Bolsonaro lo sabe y, con la vista puesta en las urnas, quiere un Bolsa Familia ampliado.

Pero, ¿cómo conciliar un mayor gasto social con las recetas neoliberales basadas en recortes radicales de la inversión pública? La gran burguesía está presionando y Paulo Guedes ya ha amenazado al presidente de las bandas parapoliciales: si el Techo de Gastos (a la inversión pública) se cae, Bolsonaro podría también caer.

Es cierto que los del piso de arriba pueden negociar una solución intermedia: recortar la educación pública, los derechos sociales (como las primas salariales), otras áreas sociales y de la administración pública para financiar la continuación de la ayuda de emergencia con una cantidad menor y un alcance reducido. En ese caso, se planteará otra contradicción. Por ejemplo, la mayor movilización callejera hasta la fecha, desde la elección de Bolsonaro, ha sido la de los estudiantes y profesionales de la educación en 2019, contra precisamente el recorte presupuestal.

Además, como hemos visto, varias categorías de trabajadores, negras y negros, jóvenes, el movimiento feminista, entre otros, están demostrando su capacidad de resistencia a los ataques. No ha habido ninguna derrota histórica para los explotados y oprimidos. Todavía es posible derrotar a Bolsonaro y su proyecto neofascista.

Sobre la política de la izquierda socialista

Teniendo en cuenta la evaluación de la nueva situación, creemos que es posible resumir las tareas de la izquierda socialista en tres puntos principales:

1 – Fortalecer las luchas y el Frente Único de Izquierda

En este momento, la izquierda debe construir y apoyar activamente todas las luchas de resistencia (como la huelga de correos y la campaña contra la reapertura de las aulas), para que tengan un resultado victorioso, como las huelgas del metro, de los metalúrgicos de Renault, entre otras movilizaciones. Además de fortalecer cada una de las luchas, es imprescindible avanzar en la construcción del Frente Único por el Fuera Bolsonaro y en la defensa de los derechos sociales, involucrando a los partidos de izquierda, sindicatos, movimientos sociales, movimiento negro, movimiento feminista, organizaciones juveniles, entre otras organizaciones de nuestro pueblo.

2 – Preparar la disputa electoral para combatir el bolsonarismo

Las próximas elecciones municipales serán un momento importante en la lucha política del país. En cada ciudad, las candidaturas del PSOL deben ser un punto de apoyo para la lucha contra el bolsonarismo y la defensa de un programa para la mayoría trabajadora y oprimida. Donde no fuera posible la unificación para el primer turno electoral, debemos luchar por la alianza en el segundo turno, para derrotar a la extrema derecha y a la derecha tradicional. 

3 – Presentar un programa concreto en defensa de la mayoría trabajadora, los negros, las mujeres, los LGBT y los indígenas

En este momento es necesario defender el mantenimiento de la ayuda de emergencia por tiempo indefinido sin disminuir su valor; medidas de aislamiento social y de testeos masivos para controlar la pandemia; avance en la lucha antirracista y contra el genocidio de los negros; defender medidas de protección y creación de empleo, con la prohibición de los despidos masivos; mayores inversiones en salud pública y educación, poner fin al Techo de Gastos e impuestos a las grandes fortunas y bancos; defensa del servicio público, de los funcionarios públicos y de las empresas estatales. También es importante el programa de defensa del Amazonas, los bosques y los pueblos indígenas, amenazados por el avance del agronegocios, el garimpo (minería ilegal que contamina con mercurio los ríos y ahuyenta a las comunidades nativas de la Amazonía: ndt) y otras actividades criminales que destruyen el medio ambiente.

Nota

1) Testaferro del senador Flavio Bolsonaro, Queiroz fue jefe de Gabinete cuando el hijo del presidente aún ocupaba un escaño en la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. A través de una cuenta bancaria a su nombre, movió cerca de 240.000 dólares entre los años 2016 y 2017, hacia una red mafiosa integrada por 74 “colaboradores” que gestionaba Bolsonaro. (Redacción Correspondencia de Prensa)

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