Inicio Nacional ¡EN TELETÓN: CHICAGO BOYS, PINOCHETISMO Y NEGOCIOS CON EL DOLOR DEL PUEBLO!

¡EN TELETÓN: CHICAGO BOYS, PINOCHETISMO Y NEGOCIOS CON EL DOLOR DEL PUEBLO!

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Por Franco Machiavelo

¡Cuando la solidaridad popular termina convertida en espectáculo, administración y negocio!
Hay algo profundamente contradictorio, casi obsceno, en el Chile neoliberal: un país donde el Estado puede abandonar a las familias que necesitan atención médica, rehabilitación y asistencia especializada, pero donde aparecen oportunamente empresarios, administradores, publicistas y organizadores dispuestos a convertir la tragedia social en un gigantesco acontecimiento televisivo.
¡Qué extraordinaria paradoja del capitalismo chileno! El Estado se declara pobre cuando se trata de garantizar derechos sociales, pero la solidaridad del pueblo se convierte en una maquinaria capaz de movilizar millones de pesos, empresas, publicidad y audiencias televisivas.
La pregunta fundamental no es si debemos ayudar a los niños. ¡Por supuesto que debemos hacerlo! La pregunta es por qué una sociedad tiene que depender de una maratón televisiva, de celebridades, auspiciadores y campañas emocionales para garantizar prestaciones que deberían formar parte de las obligaciones permanentes de un Estado social.
Aquí aparece la contradicción de fondo: la solidaridad nace desde abajo, desde los trabajadores, los jubilados, las familias humildes y los ciudadanos que entregan lo poco o mucho que tienen. Sin embargo, la administración de esa solidaridad queda concentrada en estructuras institucionales que deben responder públicamente por cada peso recibido.
Porque una cosa es la solidaridad y otra muy distinta es la industria de la solidaridad.
Una cosa es ayudar a un niño y otra convertir su sufrimiento en un espectáculo nacional, con escenografía, publicidad, patrocinadores, contratos y enormes operaciones administrativas.
Y cuidado: cuestionar la administración de los recursos no significa cuestionar a los profesionales que rehabilitan, atienden y acompañan a los niños. Significa exigir transparencia a quienes administran los recursos que pertenecen moralmente a toda la sociedad.

¡LA CARIDAD NO PUEDE SER EL NEGOCIO DE LA AUSENCIA DEL ESTADO!
El modelo neoliberal chileno ha conseguido una operación ideológica extraordinaria: presentar como virtud nacional aquello que, en realidad, revela una profunda insuficiencia de las políticas públicas.
El ciudadano debe sacar dinero de su bolsillo para resolver problemas que deberían tener garantías públicas. Después, las empresas aparecen como benefactoras, los canales de televisión como promotores de la solidaridad y los organizadores como arquitectos de una monumental fiesta de generosidad.
¡Y todos terminan sonriendo frente a las cámaras!
Pero detrás de las cámaras permanece una pregunta incómoda: ¿por qué los derechos de los niños deben depender de la capacidad de recaudación de una campaña televisiva?
¿Dónde está la responsabilidad permanente del Estado? ¿Dónde está el financiamiento público suficiente? ¿Dónde están las garantías universales para que ninguna familia tenga que esperar una campaña solidaria para recibir atención?
La solidaridad popular no debe convertirse en un sustituto de la justicia social.
Tampoco basta con publicar balances y presentar cifras generales. La transparencia exige explicar cuánto cuesta cada campaña, cuánto se destina a publicidad, cuánto a administración, cuánto a remuneraciones, cuánto se invierte en infraestructura y cuánto llega efectivamente a cada prestación de rehabilitación.
¡Cada peso merece una explicación!
Y si las cuentas son correctas, que se demuestre con documentos. Si existen gastos injustificados, que se investiguen. Si existen privilegios administrativos, que se terminen.
Porque los niños no pueden ser utilizados como escudo moral frente a las preguntas legítimas de la ciudadanía.

EL VERDADERO PROBLEMA ES EL MODELO. 

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