Harald Wolf
Sin Permiso 15/10/2026
Die Linke rompió dos tabúes centrales de la política alemana: el apoyo incondicional al gobierno de Israel y el principio de no tocar la propiedad capitalista. El objetivo de la campaña es desacreditar al partido de la izquierda y evitar que el SPD y los Verdes formen una coalición con él.

El éxito electoral de Die Linke [La Izquierda] en Berlín ha alarmado a los partidos burgueses, a los medios de comunicación de derecha, al lobbi inmobiliario y a los inversores. El partido ha estado bajo una enorme presión durante semanas. El canciller alemán Merz exigió, en tono de ultimátum, que el SPD y los Verdes interrumpieran inmediatamente las conversaciones sobre la formación de un gobierno con «este partido de izquierda radical». Afirma que en Die Linke hay un «antisemitismo ampliamente difundido». Del SPD también surgieron exigencias para que no se formara una coalición con este partido. La ministra federal de Economía llegó a advertir de una Machtergreifung [toma del poder] por parte de la izquierda, una expresión que, en Alemania, está inconfundiblemente identificada con la conquista del poder de Hitler y el establecimiento de la dictadura fascista.
Al mismo tiempo, la candidata de Die Linke a la presidencia de la Cámara de Berlín, Elif Eralp, es objeto de ataques violentos. Se le señala el hecho de que fue miembro de la “organización de extrema izquierda Rote Hilfe [Socorro Rojo]”, una organización que apoya a los activistas de izquierda frente a la represión estatal y en los procesos judiciales. También la acusan de haber mantenido conversaciones con asociaciones kurdas, entre ellas una supuesta «organización de fachada del PKK», que se le imputan como contactos con terroristas.
Esta campaña a gran escala pretende desacreditar a Die Linke e impedir que el SPD y los Verdes formen una coalición con este partido. La vehemencia de estos ataques es notable, especialmente en comparación con las reacciones moderadas a la elección de un extremista de derecha como presidente del parlamento con votos de la CDU y la previsible elección de un político de la AfD como ministro-presidente en Sajonia-Anhalt.
Vivienda asequible y solidaridad con Palestina
La furia con la que la reacción burguesa ataca a Die Linke no es, sin embargo, sorprendente. El partido rompió dos tabúes centrales de la política alemana: el apoyo incondicional al gobierno de Israel, designado por la Staatsräson alemana, y el principio de no tocar la propiedad capitalista. Sin embargo, Die Linke caracteriza la guerra contra los palestinos como un genocidio y exige la socialización de los grandes grupos inmobiliarios.
En el centro de los ataques se encuentra la organización municipal de Die Linke en Neukölln. En este distrito viven muchas personas con antecedentes migratorios. Al mismo tiempo, Neukölln alberga a la comunidad palestina más grande de Europa. Muchos de sus habitantes tienen familiares y amigos en Gaza o en Cisjordania y lamentan numerosas víctimas entre ellos.
Por lo tanto, muchos de ellos también tienen poca comprensión para ciertos aspectos del debate alemán, como, por ejemplo, la invocación de la llamada Staatsräson (razón de estado). Evalúan la política de Israel y el papel de Alemania de manera diferente a los alemanes que, a partir del asesinato de seis millones de judíos por parte de sus antepasados, deducen una responsabilidad especial ante Israel.
Die Linke se enfrenta a estas contradicciones. Es el único partido que se opone claramente a la guerra genocida de Israel en Gaza y critica la corresponsabilidad del Gobierno Federal por sus víctimas. Al mismo tiempo, Die Linke lucha contra el odio, el antisemitismo y todas las formas de hostilidad contra las personas por pertenecer a ciertos grupos de la sociedad.
Soportar políticamente estas tensiones no es fácil, especialmente cuando sectores del movimiento de solidaridad con Palestina glorifican indiscriminadamente la masacre de civiles del 7 de octubre de 2023 como un «acto de resistencia». En este contexto, también se cometieron errores: algunos miembros de Die Linke no siempre establecieron límites claros ante declaraciones de este tipo. La dirección del partido y el partido en su conjunto, sin embargo, condenaron este ataque de forma clara e inequívoca.
La mentira del antisemitismo
A pesar de ello, se desencadenó una campaña masiva que acusó a Die Linke de antisemitismo, sin dudar en recurrir a tergiversaciones, exageraciones desmesuradas y mentiras. Las posturas de los intelectuales judíos y de los investigadores del antisemitismo que defendieron al partido contra esta acusación cambiaron poco la situación: Die Linke se puso a la defensiva. El SPD y los Verdes exigieron que, antes de las negociaciones para una coalición, se aclarara su posición con respecto al antisemitismo. En lugar de discutir las tareas centrales de un futuro gobierno progresista en Berlín – rentas asequibles, socialización de grandes grupos inmobiliarios o inversiones necesarias en infraestructuras públicas y sociales – los tres partidos pasaron cuatro rondas de negociaciones discutiendo una declaración conjunta contra el antisemitismo.
Además de muchas afirmaciones consensuadas sobre la protección de la vida judía, ésta contiene pasajes problemáticos. Por lo tanto, rechaza el «antisemitismo relacionado con Israel», sin definir el concepto. Esto es delicado, porque en Alemania este concepto se utiliza a menudo para estigmatizar la crítica a la política israelí como antisemita. Al mismo tiempo, la declaración afirma la necesidad de denunciar claramente las violaciones del derecho internacional y los crímenes de guerra, así como de defender el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino.
Una novedad es el acuerdo según el cual los tres partidos tratarán conjuntamente los «incidentes antisemitas en las filas de los grupos parlamentarios de la coalición». Un órgano compuesto por tres expertos, designados por consenso entre los grupos parlamentarios, deberá examinar los casos y asesorar al respectivo grupo parlamentario sobre las posibles consecuencias. Dentro de Die Linke, esta medida suscitó fuertes críticas. Muchos temen que este mecanismo pueda estigmatizar las críticas legítimas a la política israelí y limitar la autonomía de Die Linke para decidir quién puede pertenecer a su grupo parlamentario.
Estas objeciones deben tomarse en serio. Para el futuro, dos aspectos serán decisivos: en primer lugar, a través del principio de consenso, Die Linke podrá ejercer una influencia considerable en la composición de este órgano. En segundo lugar, la dirección nacional del partido volvió a aclarar que Die Linke no aceptará que otros le dicten ni la forma en que maneja el antisemitismo ni la composición del grupo parlamentario de su partido.
Nuevas maniobras del SPD y de los Verdes
La reunión constitutiva del nuevo grupo parlamentario de Die Linke dio, en este sentido, una clara señal. El SPD y los Verdes habían exigido que una diputada de Neukölln no fuera admitida en el grupo parlamentario, entre otras razones porque había afirmado, en un acto público, que no existe un derecho de los Estados a la existencia, sino sólo de las personas. Con esta afirmación, según el SPD y los Verdes, habría cuestionado la existencia de Israel. Die Linke no aceptó esta exigencia, por lo que el SPD y los Verdes acusaron a Die Linke de no haber respetado el acuerdo establecido en el documento conjunto de las conversaciones exploratorias. Sin embargo, el acuerdo conjunto establecía expresamente que la decisión sobre la pertenencia al grupo parlamentario seguía siendo, naturalmente, en el ámbito de la autonomía del respectivo grupo parlamentario o partido.
El hecho de que las negociaciones se interrumpan porque Die Linke no ha excluido a nadie de su grupo parlamentario, después de que todos sus diputados hayan reafirmado una vez más su compromiso con la lucha contra el antisemitismo, es una señal de que se trata más de un intento de disciplinar a Die Linke que de luchar contra el antisemitismo. Die Linke hará bien en no seguir involucrándose en estos juegos de poder partidistas y en poner en el centro de sus preocupaciones los verdaderos desafíos.
Die Linke quiere hablar de política para Berlín
La política presupuestaria equivocada del gobierno anterior dejó un déficit de miles de millones de euros. Para Die Linke, una cosa está clara: la respuesta no puede ser la austeridad, como exigen los sectores del SPD. Por el contrario, se necesitan impuestos más elevados sobre los titulares de grandes activos e inversiones financiadas a través del uso del crédito en las infraestructuras sociales, la educación y el transporte público local.
El conflicto probablemente más difícil se refiere, sin embargo, a una promesa electoral central de Die Linke: la realización de un referéndum popular sobre la socialización de los grandes grupos inmobiliarios. Ya en 2021, la mayoría de los habitantes de Berlín votó a favor de su expropiación. Los Verdes defienden su realización, mientras que el principal candidato del SPD la rechaza, a pesar de las resoluciones aprobadas por el congreso de su partido a favor de la socialización. Sin embargo, no será sólo de sectores de la socialdemocracia de los que se debe esperar resistencia. La intervención en la propiedad capitalista movilizará al bloque dominante: todos los medios jurídicos, mediáticos y políticos se utilizarán contra esta medida.
Por lo tanto, es aún más importante que Die Linke no se limite a negociar de forma consecuente con el SPD y los Verdes. Para vencer la resistencia del lobi empresarial debe, al mismo tiempo, construir, junto con el movimiento de los inquilinos, los sindicatos y las asociaciones sociales, una presión social a favor de la socialización y un coste de vida asequible para todos y todas.
Harald Wolf
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