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LA IA ES UN NUEVO TRASTORNO PARA ESTADOS UNIDOS

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Claudio Katz 1

Trump ha concentrado en la Inteligencia Artificial todas las expectativas
económicas de Estados Unidos. El crecimiento del PIB está impulsado casi
exclusivamente por el gasto en esa tecnología, el mercado de valores opera en torno al
puñado de empresas que controlan esas acciones y casi toda la inversión se localiza en
ese sector. El universo restante de la producción, el consumo y el comercio ha quedado
sujeto al devenir de la IA. Como en todas las apuestas riesgosas y extremas que
despliega, Trump juega todas sus cartas al éxito de esa innovación digital.

Se apoya en la oleada de tecno-optimismo que motorizan los auspiciantes de la
nueva tecnología y proclama que la IA traccionará el crecimiento, con nuevos puestos
de trabajo calificados, incremento de la productividad y aceleración del desarrollo con
asistencia automatizada.

Un inspirador de este clima proclama que la nueva tecnología es sinónimo de
progreso, abundancia y bienestar, si se reafirma el pleno funcionamiento del mercado,
sin regulaciones, ni restricciones de ningún tipo 2 . Otros entusiastas auguran un festival
de empleo junto a la IA 3 y varias afamadas consultoras pronostican expansión y bonanza
por esa invención 4 .

Trump concibe además a la IA como un instrumento para doblegar a China
multiplicar el belicismo y recomponer la supremacía mundial de Estados Unidos.
Pretende también utilizarla para instaurar un estado policial y criminalizar a los
opositores 5 .

Esa innovación es vista, en los hechos, como el gran contrapeso a las
adversidades que afronta el magnate. Los aranceles, sanciones y amenazas monetarias
que desplegó Trump en el 2025 tuvieron resultados tan desfavorables como el viraje
bélico del 2026, que ha desembocado en el fulminante fracaso de la guerra contra Irán.
¿La nueva apuesta revertirá esos fallidos? ¿Permitirá contrarrestar el declive imperial de
Estados Unidos? Existen numerosas razones para postular una respuesta negativa a esos
interrogantes.

SOBREINVERSIÓN A LA VISTA

Estados Unidos no está en condiciones de utilizar en su ámbito productivo, los
vertiginosos avances que desenvuelve con la Inteligencia Artificial. A diferencia de lo
ocurrido con otras revoluciones tecnológicas del siglo XX, el declive de su industria le
impide ese aprovechamiento.

La primera potencia afronta una aguda regresión industrial, con estancamiento
de la productividad e imparable pérdida de competitividad frente a China. En la dura
batalla por bajar costos, aumentar ventas y conquistar mercados, Estados Unidos tiende
a quedar relegado.

Los abanderados de la IA prometen superar esa adversidad con la innovación
más revolucionaria de la centuria en curso. Pero omiten que el exponencial desarrollo de
ese sector se consuma en frontal contraposición con el resto de la economía. Avanza
capturando todos los recursos requeridos para el resurgimiento de la industria, sin
ofrecer ningún indicio de retroalimentación ulterior de beneficios para el universo fabril.
Los paladines de la IA auguran ese impacto positivo, cuando la nueva tecnología
sea incorporada a las empresas, con el consiguiente incremento de la productividad, las
ganancias y el crecimiento del PBI. Pero no existe hasta ahora el menor indicio de
proximidad de esa secuencia.

Entre 2005 y 2019, el crecimiento medio de la productividad en Estados Unidos
giró en torno al 1,5 % anual y aumentó al 2,5 % desde finales de 2022 por el uso de la
tecnología ya existente 6 . El efecto la IA aún no se avizora por la lentitud, las dificultades
y las prevenciones que suscita su aplicación y las estimaciones sobre sus efectos
positivos son muy cautelosas 7 .

Lo que por el contrario prevalece como dato muy visible es el descomunal
exceso de inversión, que incentiva el niño mimado del capitalismo norteamericano. Esas
tasas de absorción de capital aumentan al 20% anual, es decir a un nivel sin precedentes
en el pasado.

Las mega compañías tecnológicas (Anthropic, OpenAI, Google, Meta,
Microsoft, Amazon) comprometen sumas insólitas de 725.000 millones de dólares en
2026, para construir la infraestructura de la IA. Son montos que superan ampliamente lo
invertido en la construcción ferroviaria del siglo XIX o en todas las secuencias de la
revolución digital de las últimas dos décadas (computadoras, chips, redes, Internet).
Cuando, cómo y de qué forma impactaría esa inversión en la producción es un
interrogante irresuelto.

Las empresas tienen previsto invertir en IA cerca de 10,3 billones de dólares
hasta 2032, que deberán financiar con enormes deudas puesto que ningún calculo estima
ingresos futuros de ese orden. Esa cifra equivale a una inversión en proporción al PBI
que triplica los porcentuales de las cinco revoluciones tecnológicas precedentes 8
Igualmente, muchos esperan que los modelos de la IA generen una demanda
acorde a la mega inversión en curso, pero no aportan ninguna evaluación de beneficios
amoldados a semejante expectativa. Es muy visible la brecha que separa el descomunal
aumento de la inversión, con los negocios que permitirían ese desarrollo. Esa
desconexión multiplica los diagnósticos de sobreinversión y el consiguiente divorcio
entre el capital canalizado hacia la IA y la rentabilidad esperada por esa apuesta.
Si se toma en cuenta lo ocurrido con las revoluciones tecnológicas del pasado, el
aumento de la productividad derivada de una innovación radical se consuma al cabo de
varias crisis. Esas convulsiones desvalorizan gran parte del capital absorbido por el
nuevo sector, antes de inaugurar el esperado despegue.

Las estimaciones más corrientes sugieren brechas de una o dos décadas entre la
invención de la nueva tecnología y su conversión en innovación incorporada al circuito
productivo. La repetición de esa secuencia implicaría un escenario de crisis próximas y
demorados efectos benévolos. Pero las perspectivas son más sombrías para la IA por las
monumentales dudas que rodean a su implementación económica.

Hasta ahora, las empresas no saben cómo utilizarla de la manera efectiva en su
actividad corriente y los proveedores del nuevo instrumento no se atreven a traspasar el
costo real de ese servicio a sus clientes o consumidores. Invierten cifras gigantescas en
mejorar la IA sin exigir remuneraciones acordes a ese gasto.

La sobreinversión no solo se verifica en esas brechas. También se corrobora en
la preocupación por la pérdida de empleos que suscitará la aplicación de la IA, con el
consiguiente impacto negativo de ese recorte sobre los ingresos, los mercados y
finalmente los propios beneficios.

El atractivo inmediato que ofrece la IA para los capitalistas es el reemplazo del
personal calificado por alguna operación automatizada de menor costo. Pero tanto la
escala como las consecuencias de esa sustitución, incrementan los temores en un efecto
económico nocivo por su introducción.

La sobreinversión suele desencadenar estallidos, cuando los participantes de ese proceso perciben que han comprometido sumas de capital desconectadas de la valorización factible. Ese punto crítico comienza a aflorar en varios indicios del termómetro financiero.

BURBUJA SIN CONTROL

La principal señal de la sobreinversión en IA es la burbuja financiera que está
generando esa innovación en Wall Street. Induce una montaña de especulación nunca
vista en el mayor mercado bursátil del mundo. Desde hace una década las acciones de
las mega empresas digitales (Nvidia, Alphabet-Google, Apple, Amazon, Microsoft,
Meta-Facebook, Tesla) concentran el grueso de las compras y acaparaban un tercio del
valor del principal índice de ese mercado.

Como las nuevas estrellas de la IA se han embarcado en monumentales
inversiones para construir Centros de Datos, semiconductores e infraestructuras de
hardware, los montos en juego superan todo lo imaginado. En la oferta pública para
reunir dinero, SpaceX capturó el volumen más grande de la historia. OpenAI y
Anthropic se aprestan a lograr resultados parecidos, engrosando la capitalización de esas
empresas con cifras inéditas. Mientras nadie sabe cuál será el rendimiento futuro de su
actividad, las tres compañías exhiben por ahora significativas pérdidas 9 .

A medida que recolectan fondos, los dueños de esas compañías acrecientan sus
fortunas a una escala que enmudece a cualquier mortal. Elon Musk se ha convertido en
el primer billonario de la historia y acumula por sí mismo riquezas superiores al 46%
más pobre de la humanidad (3800 millones de personas) 10 . Junto a sus pares de la
plutocracia digital pretende seguir juntando dinero a la espera que la burbuja nunca
explote. Pero ese quimérico objetivo jamás fue alcanzado con ninguna innovación. La
codicia de los capitalistas desemboca invariablemente en estallido financiero.
La burbuja de la IA se alimenta, además, con una explosiva modalidad de
financiamiento circular y cruzado entre las propias empresas, que torna imposible
distinguir los ingresos reales de los movimientos contables que engrosan las
valuaciones. Los participantes de este circuito (denominados hiperescaladores)
alimentan a su vez esa ficción, con préstamos y emisiones de deuda por doquier que
inflan aún más las cotizaciones. La velocidad de ese engrosamiento va muy por delante
de los indicadores de algún retorno acorde 11 .

La alocada euforia en curso está personificada en Ellon Musk y su empresa
SpaceX, que sin ninguna perspectiva científica creíble recoleta fondos para colonizar
Marte. Las acciones de su empresa ya cotizan 350 veces por encima del importe que
generarían sus futuros beneficios.

El imparable éxito de sus negocios lo ha convertido en la encarnación de todos
los ensueños del capitalismo y ese atractivo explica el poder de arrastre, que ejerce
sobre pequeños inversores cegados por el libertarismo ultraliberal. Ese espejismo es
muy ilustrativo del clima imperante en torno a la IA 12 .

Para montar la burbuja en curso, la plutocracia digital ha reforzado las estrechas
relaciones que forjó desde su nacimiento con los popes de Wall Street. Esos financistas
lucran con los jugosos márgenes de toda la intermediación en curso.

Pero los tecno-millonarios afinaron también sus conexiones con el nuevo bloque de Fondos de Inversión, Hedge Funds y Cryptomonedas, que gana fortunas inflando el valor de los activos del mundo digital 13 . Ese entrelazamiento potencia las señales de alerta que emiten los economistas del establishment frente a la tormenta que se avecina.

Esa calamidad es incluso advertida por los propios gestores de la burbuja, que se cubren las espaldas tramitando un rescate estatal parecido al socorro que recibieron los grandes bancos en el 2008. Las firmas tecnológicas se perciben a sí mismas como perdurables gigantes que toda la sociedad debería sostener.

El CEO de OpenAI, Sam Altman, tiene en mente ese auxilio, cuando propicia la
creación de un fondo financiero público “para que los ciudadanos puedan participar de
los beneficios de la IA”. Ese organismo sería el puente para el gran socorro, si la
burbuja desemboca en un generalizado colapso financiero 14 .

Tal como ocurrió en el 2008, el alcance internacional de ese estallido está a la
vista, en la enorme participación de capitales de todo origen en la fiebre de la IA. En
algunos casos -como Corea del Sur- esa tensión ya se avizora por la gran exposición de
las firmas de chips, memorias y semiconductores. En otros países -como Arabia
Saudita, los Emiratos Árabes Unidos o Kuwait- se han montado gigantescos fondos
soberanos para financiar la nueva tecnología 15 . Como las mega empresas digitales de
Estados Unidos han emitido deuda en todo el mundo, el temblor de su emprendimiento
estrella haría trastabillar a todo el planeta.

La IA es una innovación radical con inciertas potencialidades productivas, que
irrumpe en una economía afectada por décadas de financiarización. Los grandes
capitalistas de Estados Unidos han contrarrestado sus declinantes ganancias en la
producción, con elevadas remuneraciones en las finanzas. La sobreinversión en el
ámbito digital realimenta esa hipertrofia financiera y la vulnerabilidad de todas las
operaciones con capitales ficticios que acosan a la primera potencia.

Lo ocurrido hace dos décadas con la burbuja de acciones puntocom es el
antecedente tranquilizador que exhiben los involucrados en la actual ruleta digital. Ese
trastorno -que antecedió a la masiva introducción de Internet y los teléfonos celulares-
fue un típico desplome de Wall Street de limitadas consecuencias. Condujo a la
remodelación del sector, depurando a las firmas perdedoras y afianzando a las empresas
que han comandado el auge posterior.

Pero la escala de capitales en juego en esta oportunidad y sus interconexiones
globales auguran una tensión de otro porte. Esa dimensión obedece a su empalme con
otro espectro de tensiones en varios ámbitos de la economía estadounidense.

DESIGUALADAD, ENDEUDAMIENTO E INFLACIÓN

La sobreinversión y las burbujas financieras que acompañan a la IA interactúan
con otros desequilibrios reforzando su intensidad. Ese agravamiento es muy visible en
el plano de la desigualdad, que al cabo de una larga preeminencia del neoliberalismo se
ha transformado en la desgracia mayúscula de la sociedad norteamericana.

Esa inequidad es potenciada por la tecno-plutocracia del Silicon Valley. Desde
ese epicentro digital se ha empoderado la nueva elite de mil millonarios, que sintetiza y
personifica Elon Musk. Ese ídolo de la ultraderecha exhibe su billonaria fortuna,
despreciando la solidaridad humana y naturalizando la despiada lógica del capitalismo.
Como todos los super ricos de la era actual, encarna la brutalidad que sostiene a ese
sistema 16 .

La plutocracia digital exacerba la desigualdad que en las últimas décadas ha
corroído a los Estados Unidos. Mientras que en 1980 la proporción del ingreso nacional
en manos del 1% más rico era la mitad que la del 50% más pobre, en la actualidad
duplica ese porcentual 17 .

En Estados Unidos se localiza gran parte del 1% de ultra millonarios que detenta el 45% de la riqueza global. Tan solo en 2024 la fortuna conjunta de esa elite creció tres veces más rápido que en 2023. Los acaudalados de las firmas tecnológicas conforman el segmento más privilegiado de ese minúsculo grupo. Su exuberante patrimonio consolida la estructura dualizada de la economía estadounidense, asentada en el alto crecimiento de los servicios digitales y el sostenido estancamiento del grueso de la actividad
productiva. Esa desigualdad acentúa la baja competitividad de una economía obstruida por la creciente masa de consumidores endeudados y empobrecidos.

Pero la interacción de la IA con desequilibrios de la economía estadounidense es
más explosiva en lo inmediato en el terreno de la deuda pública. Los multimillonarios
fondos que alimentan la burbuja tecnológica en Wall Street, compiten con la
financiación de un pasivo estatal que se agiganta día a día.

Ya no está en juego la típica competencia de rentabilidad entre dos inversiones,
sino una inédita tensión entre desequilibrios mayúsculos que se potencian mutuamente.
La magnitud de los capitales capturados por el sector digital es tan descomunal, como el
descontrolado volumen del endeudamiento público.

Esas cajas sin fondo rivalizan por la absorción del ahorro mundial. Por un lado,
las firmas tecnológicas han captado en el curso del 2026 más de 220.000 millones de
dólares. Por otra parte, el bache fiscal que Estados Unidos necesita financiar se ha
duplicado desde el 2017 y exige un monto de pago de intereses superior a los gastos del
Pentágono. Debe lidiar con un stock de la deuda federal que ya superó los 40 billones de
dólares 18 .

Estas múltiples demandas de dinero irrumpen cuando ha concluido la etapa del
dinero barato, que inauguró el rescate de los bancos y prolongó la pandemia. Frente al
atractivo de la burbuja digital, los acreedores de la deuda pública reclaman mayor
remuneración a su financiación de ese pasivo. Esta exigencia genera el sostenido
aumento de la tasa de interés, que Trump pretendía reducir para sostener el nivel de
actividad de la alicaída economía estadounidense.

Esa financiación crecientemente encarecida de los Bonos del Tesoro es una
bomba de tiempo, con esquirlas en todas las direcciones. Por un lado, torna más
gravosos los prestamos internos de ese país y, por otra parte, tensa las relaciones con los
acreedores extranjeros. Esos tenedores foráneos poseen cerca de un tercio de los bonos
del Tesoro y tienden a retraer sus compras frente a la evidente insolvencia de su deudor.
Estados Unidos depende desde hace décadas de la colocación de sus títulos en el
mundo, pero está ingresando en un círculo vicioso de costosas refinanciaciones y
peligrosos manejos especulativos. Mientras la remuneración de ese pasivo se ubica en el
nivel más alto desde 2007, su administrador Scott Bessent improvisa cotidianas
recompras de títulos, manejos de plazos y diferencias de tasas, para preservar la
fidelidad de los inquietos acreedores de esa carga.

Para colmo de males, debe recurrir al rescate del principal tenedor de esos títulos
que es Japón, un país agobiado por el estancamiento, el endeudamiento y una pérdida de
competitividad superior al socio norteamericano 19 .

Las operaciones de socorro mutuo entre ambas potencias incluyeron durante
mucho tiempo mecanismos de especulación, para lucrar con las diferencias de tasas y
paridades monetaria entre el yen y el dólar. Pero ese carry trade se ha tornado
insostenible 20 . Por esa razón, los periódicos temblores en la Bolsa de Tokio encienden
todas las alarmas del sistema financiero mundial, revitalizando el fantasma del 2008.
Todos saben que ese desmoronamiento fue provocado y contenido con el mismo festival
de deuda pública que impera en la actualidad.

Además, la inflación que generó ese auxilio al comienzo de la década, vuelve a reaparecer con fogoneros de otra índole y efectos del mismo tipo. Por un lado, la improvisación proteccionista de Trump introdujo un desorden arancelario que encareció la economía estadounidense y, por otra parte, el incremento del precio del petróleo que disparó la guerra del Golfo, ya impacta sobre todas las cadenas de valor. Esa presión inflacionaria induce a incrementar las tasas de interés, obstruyendo en forma adicional el intento trumpista de sostener el débil crecimiento del PBI estadounidense.

Esa combinación de adversidades afecta finalmente al reinado del dólar como
moneda mundial, acelerando la tendencia a su reemplazo por otras divisas, en las
transacciones corrientes entre potencias de peso 21 . China, Rusia y los BRICS Plus
afianzan ese giro en una dinámica de creciente desdolarización, que corroe el pilar de la
dominación imperial norteamericana 22 .

La IA es la única apuesta económica actual de la elite estadounidense para lidiar
con tantas desventuras. Suponen que el liderazgo en esa tecnología permitirá
contrarrestar la adversidades comerciales, financieras y productivas que afronta la
potencia en declive. Pero no registran cómo el desarrollo de ese instrumento multiplica
todos los desequilibrios. La IA no preserva el poder de Estados Unidos. Al contrario:
socava por múltiples vías la continuidad de ese predominio.

DESESPERACIÓN FRENTE A CHINA

La exasperación que provoca el vertiginoso avance de China en el terreno digital
ilustra el desconcierto que reina entre las elites norteamericanas. Hasta hace muy poco
tiempo consideraban que ese universo les pertenecía sin ningún rival a la vista. Pero la
constante progresión de Beijing en las últimas décadas ha devenido en un proceso
arrollador en los últimos años.

El despunte comenzó con la creación de Alibaba -una empresa de comercio
electrónico que desafió a las plataformas occidentales -y con el afianzamiento de Baidu,
“el Google chino” que ya opera como segundo motor de búsqueda del mundo. En 2018
emergió Tencent como una firma especializada en la industria del entretenimiento, que
capturó la cima mundial en el campo de los videojuegos. Posteriormente se consolidó
WeChat (la análoga a WhatsApp) como la red social más popular y utilizada por el
impresionante número de ciudadanos chinos.

Esos vertiginosos desenvolvimientos partieron de la transferencia de tecnología
que impuso el coloso asiático, a los inversores estadounidenses de emprendimientos
digitales. Esas firmas aceptaron la exigencia china en su incontenible búsqueda de
ganancias, permitiendo la copia inicial de sus mercancías. Posteriormente no pudieron
contener la mejora y remodelación de sus productos por parte de las nacientes empresas
orientales, que terminaron escalando hasta convertirse en imparables competidores.
Consiguieron la delantera en esa carrera, primero con las nuevas comunicaciones por
redes 5G y posteriormente con los dispositivos celulares Huawei. Ahora, las firmas
chinas rivalizan en todos los campos del universo digital 23 .

Ese salto de emparejar a disputar primacía ya no se limita a las grandes
innovaciones como las tecnologías verdes de las turbinas eólicas, los paneles solares,
los coches eléctricos y los trenes de alta velocidad, sino que involucra también las
actividades del Big Data.

En todos los casos capturan las invenciones de su rival, transformándolas en
innovaciones más eficientes, China ganó los titulares del planeta con el impactante
logro de DeepSeek. Desarrolló una aplicación de Inteligencia Artificial que ofrece
innumerables ventajas sobre el modelo rival del ChatGPT de OpenAI.

DeepSeek introdujo un buscador interactivo que realiza las mismas acciones de su competidor a un costo significativamente inferior. Desenvuelve el mismo entrenamiento, con una erogación equivalente al 10 % de lo invertido por su contendiente. Esa diferencia se traduce en una brecha semejante en el cobro del servicio. Lo que ChatGPT ofrece por 15 dólares, DeepSeek lo comercializa a tan sólo 0,14 dólares.

Además, el modelo chino funciona con procedimientos de código abierto, que
permiten a cualquier persona examinarlo, modificarlo y adaptarlo a sus necesidades, en
contraposición al restrictivo esquema del antagonista norteamericano. Por esa sustancial
diferencia la aplicación china desató de inmediato un furor de descargas.
Esta misma receta se extendió ahora al Kimi K3 de la empresa Moonshot AI,
que superó en desempeño a Claude Fable 5 de Anthropic y al GPT 5.6 Sol de OpenAI.
Ese modelo es 112 veces más barato por cada millón de tokens (un barril de
inteligencia).

Un token cuesta 56 dólares con Anthropic, 26 dólares con OpenAI, 1,50 dólares
con Meta, 1 dólar con xAI y Google, y 0,50 dólares con los modelos chinos. Esta nueva
cachetada provocó un cisma en la plutocracia de IA, puesto que muchas voces
reconocen que el camino de desenvolvimiento elegido por Estados Unidos es muy
costoso y poco redituable 24 .

Varios gobernantes norteamericanos intentaron contener con sanciones el avance
de su rival, prohibiendo por ejemplo la exportación a China de los procesadores más
avanzados. Pero provocaron un efecto contrario al buscado, al incentivar la
investigación y fabricación local de esos insumos y su posterior venta a precios
sustancialmente más bajos.

DeepSeek afrontó, por ejemplo, las restricciones impuestas por Washington
utilizando otro tipo de semiconductores y terminó elaborando un producto exitoso. Ese
mismo boomerang se verificó con Huawei, que se ha consagrado en el ámbito mundial
del 5 G, luego de neutralizar las infructuosas puniciones que motorizó Estados Unidos
para asfixiar su compañía. Los castigos afectaron más al agresor que al agredido.
Otro ejemplo en la misma secuencia se verifica en la fabricación de los circuitos
integrados más avanzados, donde la empresa SAETG empieza a competir con Nvidia,
acortando la brecha tecnológica en un terreno donde China afrontaba gran retraso y
dependencia externa.

Con ese avance, mejora su posicionamiento en las tres instancias de la cadena de
valor de la IA: los insumos para los microprocesadores (tierras raras, minerales críticos),
el entrenamiento de las plataformas y el emplazamiento de los Centros de Datos 25 . Hasta
ahora, Estados Unidos conserva ventajas en la frontera tecnológica y en el cómputo,
mientras China reduce esas distancias y logra un mejor posicionamiento en eficiencia,
integración industrial y escala.

En la disputa por quién llegará primero (que podría denominarse la “carrera
Sputnik”), Estados Unidos conserva ventajas importantes en segmentos decisivos. Pero
en el propósito de integrar esa tecnología a la economía real (“momento Shenzhen”), la
supremacía china salta a la vista 26 .

Además, para algunas empresas estadounidenses (como Nvidia), China sigue
siendo un enorme mercado potencial que intenta conservar, evitando que ambos países
desenvuelvan trayectorias tecnológicas totalmente contrapuesta 27 .

Pero la confrontación se ha desatado y China reafirma en el campo digital, la
mayor productividad y competitividad que exhibe en todos los terrenos de la actividad
económica. La confirmación más impactante de esa ventaja, es el creciente uso por
parte de las propias empresas norteamericanas de los instrumentos digitales elaborados
por compañías orientales. El establishment de Washington afronta con estupefacción esa
adversidad, sin encontrar algún camino para revertirla.

La expectativa en un próximo y largo estancamiento de China -semejante al que afecta a Japón- no se ha corroborado. El gigante asiático mantiene una gran distancia con las economías que languidecen por envejecimiento de la población, desempleo estructural o transición demográfica. Tampoco padece el agotamiento de los ingresos medios, el declive de la productividad o la primacía del despilfarro financiero.

Esa variedad de infortunios -presagiada por la crema de los economistas
convencionales- no se ha verificado en el competidor asiático. El motor estatal del
crecimiento continúa operando, se multiplican los resultados de las inversiones que
orientan la economía y se afianza el resguardo de las reservas acumuladas para lidiar
con los contratiempos.

El fracaso del intento trumpista de socavar la locomotora asiática con aranceles
se verifica en la continuada expansión de la Ruta de la Seda. China ya concertó
convenios con 148 países y acuerdos bilaterales con 102 contrapartes. Es el mayor socio
comercial de 120 naciones países y comanda la gestación de un bloque económico
alternativo en torno a los BRICS.

En el terreno digital es particularmente evidente el contraste, entre el estrecho
horizonte de ganancias de corto plazo que guía a la oligarquía tecnológica
estadounidense, y la apuesta de largo plazo de su contraparte china. La plutocracia que
rodea a Trump hace valer sus exigencias al Estado, con el mismo despliegue poder que
en otra época exhibía la industria pesada o los bancos. Conforma un lobby que se sumó
al líder Republicano, luego de archivar sus tradicionales preferencias por el globalismo
de los Demócratas. Moldea a su servicio todas las medidas que dicta el Congreso,
concreta el Ejecutivo y convalidan los jueces.

Por el contrario, los barones del sector tecnológico privado de China (Alibaba,
Tencent, Ant Group, Didi), siguen los lineamientos que impone la conducción del
Partido Comunista, con la misma disciplina que anteriormente Huawei o SMIC
aceptaron las normas de esa dirigencia. La arquitectura regulatoria para la IA generativa
que China estableció en el 2023, le permite regular determinados aspectos y acelerar
otras aristas del mismo campo, en función de una estrategia que acota y subordina la
gravitación de la rentabilidad inmediata 28 .

La diferencia sustancial entre ambas potencias no se ubica en la personalidad de
Trump y Xi Jinping o en el perfil de los dos países, sino en la estructura social y el
manejo del Estado.
En China hay importantes clases capitalistas que especulan con sus fortunas y
explotan a los trabajadores. Pero esos grupos no controlan el poder estatal y ese límite
explica la capacidad y autonomía que detenta la dirigencia política, para orientar la
economía. Trump carece de fórmulas para lidiar con esa desventaja que desborda todas
sus intenciones y proyectos. Esta adversidad acentúa los desequilibrios de todo el
modelo de capitalismo digital que analizaremos en el próximo texto.

10-10-2026

RESUMEN
Trump espera contrarrestar sus fracasos económicos con la IA. Pero se
acrecientan los indicios de sobreinversión y estallido de la burbuja bursátil que alimenta
esa innovación. La euforia digital agrava la desigualdad, el quebranto fiscal, el rebrote
inflacionario y el declive del dólar. Profundiza el declive de Estados Unidos y afecta a
una economía desindustrializada. La elite de Washington carece de fórmulas para lidiar
con el creciente avance de China.

1 Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA.
2 Andreessen, Marc (2023). Manifiesto Tecno-Optimista
https://a16z-com.translate.goog/the-techno-optimist-
manifesto/?_x_tr_sl=en&_x_tr_tl=es&_x_tr_hl=es&_x_tr_pto=tc
3 Ng, Andrew (2026). Hay una guerra de narrativas sobre la IA y el empleo: ninguna de
las dos partes es neutral https://www.infobae.com/estados-unidos/2026/05/13/hay-una-
guerra-de-narrativas-sobre-la-ia-y-el-empleo-ninguna-de-las-dos-partes-es-neutral/
4 La Nación (2026). Arde el debate entre los economistas sobre los efectos de la
inteligencia artificial. https://www.lanacion.com.ar/economia/arde-el-debate-entre-los-
economistas-sobre-los-efectos-de-la-inteligencia-artificial-nid22092024/
5 Manifiesto Palantir (2026) https://x.com/PalantirTech/status/2045574398573453312
6 Roberts, Michael (2026). La IA y la productividad
https://www.sinpermiso.info/textos/la-ia-y-la-productividad
7 Acemoglu, Daron (2026). Es una propuesta perdedora
https://www.infobae.com/tecno/2026/05/19/el-nobel-de-economia-daron-acemoglu-no-
cree-los-empleados-sean-reemplazados-por-la-ia-es-una-propuesta-perdedora/
8 Manera, Carlos (2026) Inteligencia artificial, tensión económica
https://economistasfrentealacrisis.com/inteligencia-artificial-tension-economica/
9 Roberts, Michael (2026) IA: Una oportunidad única
08/06/2026 https://www.sinpermiso.info/textos/ia-una-oportunidad-unica
10 Lantos, Nicolas (2026) Elon Musk, el primer billonario de la historia
https://www.eldestapeweb.com/politica/elon-musk-primer-billonario-historia-
202661321321
11 Marco del Pont, (2026) IA: del sueño tecnológico al riesgo sistémico
https://infonativa.com.ar/ia-del-sueno-tecnologico-al-riesgo-sistemico.html
12 Godin, Romaric (2026). SpaceX: la primera salida a bolsa tecnofascista de la historia
12/06/2026 https://www.sinpermiso.info/textos/spacex-la-primera-salida-a-bolsa-
tecnofascista-de-la-historia
13 Marcó del Pont, Alejandro (2026). La guerra oculta del dinero: batalla entre Trump y
la FED https://rebelion.org/la-guerra-oculta-del-dinero-batalla-entre-trump-y-la-fed/
14 López, Juan Torres (2026). ¿A quién pertenece la Inteligencia Artificial?
https://rebelion.org/a-quien-pertenece-la-inteligencia-artificia

15 Krainer, Alex (2026). Guerras energéticas, fin del dólar y crisis bancaria
https://www.youtube.com/watch?v=bY4s6BTZqj4&t=3000s
16 Savage, Luke (2022) Succession y el capitalismo que nos hace miserables
https://jacobinlat.com/2021/12/succession-y-el-capitalismo-que-nos-hace-miserables/
17 Louca, Francisco (2021) La desigualdad está destruyendo el mundo
https://www.sinpermiso.info/textos/la-desigualdad-esta-destruyendo-el-mundo
18 Marcó del Pont, Alejandro (2026). La deuda y la disputa por el capital mundial
https://rebelion.org/la-deuda-y-la-disputa-por-el-capital-mundial/
19 Heller, Pablo (2026). Japón y la crisis del yen: una bomba de tiempo en las finanzas
mundiales https://prensaobrera.com/internacionales/japon-y-la-crisis-del-yen-una-
bomba-de-tiempo-en-las-finanzas-mundiales
20 Torres López, Juán (2026). Terremoto monetario en Japón con riesgo de tsunami
global https://rebelion.org/terremoto-monetario-en-japon-con-riesgo-de-tsunami-global/
21 Hudson, Michael (2026). Trump declara la operación económica más devastadora
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