Una infancia «feliz»
Era querida por sus padres, el teniente coronel de la rama de Inteligencia del Ejército de
Argentina Ceferino Landa y la dueña de casa Mercedes Moreira. La protegían mucho,
como pasa con todas las hijas únicas. Nada de salidas al parque porque nunca se sabe
qué peligros acechan en las calles, los subversivos están por todos lados, incluso ponen
hojas de Gillette en los resbalines para herir a las niñas, le decían. Siempre la llevaban y
la iban a buscar al colegio, a las casas de las amigas, a las clases de inglés. Nunca se
había subido a una micro, ni al metro. Tampoco conocía otro barrio de la ciudad de
Buenos Aires que aquel donde vivía, Belgrano. Veraneaban en la playa, en el resort del
ejército de Punta Mogotes, y le organizaban las fiestas de cumpleaños en el Club Militar.
Jamás se quedó a alojar en casa de alguna compañera, y las películas que veía en la tele
eran grabaciones en VHS que le seleccionaban sus propios padres.
Claro, es verdad que a veces sentía que había algo raro en su mundo, como el que una
empleada se hubiese robado los álbumes con todas las fotos de su mamá embarazada, o
las de cuando ella era una guagua recién nacida. O que sus padres parecieran mayores
que los de sus compañeras de curso, aunque le aseguraran (siempre que preguntaba, sin
variaciones) que tenían “45 años”. Quizás por eso fue que, aunque era “feliz” y adoraba a
sus “viejos”, cuando en 1999 el juez Gabriel Cavallo le pidió que se hiciera una prueba de
ADN, les mintió a sus compañeros de escuela en la universidad, diciéndoles que iba a
almorzar a su casa, pero en realidad fue al hospital para que le sacaran una muestra de
sangre.
El 7 de febrero de 2000, la argentina Mercedes Beatriz Landa Moreira supo que aquel no
era su nombre. Que en realidad se llamaba Claudia Poblete Hlaczik. Que Mercedes y
Ceferino no eran sus padres. Que su certificado de nacimiento era falso y había sido
emitido de modo ilegal por el médico militar César Cáceres Monié. Que unas cien
personas, entre “familiares”, colegas de su “padre”, amigas de su “madre”, “tíos, tías,
primos y primas”, habían estado al tanto o al menos habían sospechado que ella era
robada. Que sus verdaderos progenitores eran Gertrudis Hlaczik y el chileno José
Poblete, los que habían sido detenidos, torturados y hechos desaparecer por agentes de
la dictadura desde el centro de exterminio “El Olimpo” en Buenos Aires. Que ella también
había sido secuestrada, a los ocho meses de edad, y entregada a sus apropiadores. Todo
esto lo supo en una oficina del tribunal, frente al juez, quien además le informó que en ese
mismo momento las patrullas de policía se dirigían a su casa en Belgrano para detener a
sus falsos progenitores.
Claudia sintió un relámpago atravesándola, una descarga eléctrica cuando vio ante sí la
carpeta que contenía tres fotos en blanco y negro: un hombre, una mujer y una bebé de
cachetes rechonchos en la que se reconoció de inmediato. Afuera, en el pasillo, la
esperaba parte de su familia verdadera. La primera reacción de Claudia al verlos fue de
una cautela cercana a la desconfianza. Le dijeron que la habían estado buscando desde
siempre, que su abuela paterna chilena no había perdido jamás la esperanza. Le
entregaron unos casetes. Fueron delicados, prudentes, sabían que no podían presionarla,
que la verdad se instalaría lentamente en ella, día a día, gota a gota. Esa noche, en el
departamento vacío, ahí donde había vivido siempre, acostada en la cama matrimonial de
sus apropiadores ausentes, Claudia comenzó a escuchar las cintas que contaban su
verdadera historia. Su mundo se derrumbó desde sus cimientos.
La verdad
Claudia Victoria Poblete Hlaczik nació el 25 de marzo de 1978. Fue secuestrada junto a
su madre de 21 años de edad, Marta Gertrudis Hlaczik, el 28 de noviembre de ese año en
su casa de la localidad bonaerense de Guernica. Su padre, José Liborio Poblete Roa, 23
años, de nacionalidad chilena, fue detenido y desaparecido ese mismo día en la ciudad de
Buenos Aires.
Marta Gertrudis nació el 1 de marzo de 1958. Su familia y sus amigos la llamaban «Trudi».
José Liborio nació en Santiago de Chile el 6 de enero de 1955. Le decían «Pepe», «Pepito»
y «Negro». En 1973, luego de un grave accidente ferroviario, José se trasladó a Argentina
para realizar un tratamiento de rehabilitación.
Los dos eran activos militantes políticos. En Chile, José comenzó su militancia en el liceo
y llegó a ser presidente del centro de estudiantes por el Movimiento de Izquierda
Revolucionaria (MIR). También integró el Frente de Estudiantes Revolucionarios (FER).
En Argentina militó en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), y, junto a Marta
Gertrudis militaron en la Juventud Peronista (JP) y en la organización Montoneros. Sus
chapas eran «Lucy» y «Martín».
Una crónica implacable
“Tu nombre no es tu nombre” es una crónica histórica y humana sobre el robo de bebés a
personas detenidas y muchas veces desaparecidas desde centros de tortura y exterminio.
A través de testimonios familiares y registros de organizaciones como Abuelas de Plaza
de Mayo, el relato expone la lucha contra la impunidad, la evolución de los métodos
genéticos para la identificación de los nietos y nietas robadas y el profundo impacto
emocional al que son expuestas al conocer la verdad. La obra reflexiona sobre la memoria
histórica y la persistencia de las secuelas del terrorismo de Estado en la identidad
personal.
Entre 1976 y 1983, la dictadura argentina implementó un plan sistemático de apropiación
de niños y niñas desde los centros de exterminio. Unos 500 fueron secuestrados junto a
sus padres o nacieron en centros clandestinos de detención. Se les despojó de su
identidad y fueron entregados a familias de militares o civiles vinculados a la dictadura. La
Asociación Abuelas de Plaza de Mayo surgió en 1977 para buscar a sus nietos y nietas.
Cerca de 135 de ellos han sido encontrados y han recuperado su verdadera identidad. La
búsqueda de los demás continúa.
El autor, Federico Bianchini, inició su investigación motivado por lo que representaba a
nivel jurisprudencial, pues, como hecho histórico en Argentina, es el caso a partir del cual
se derogaron las llamadas “leyes de la impunidad”: la Ley de Punto Final y de Obediencia
Debida.
¿Qué hace con la verdad quien se entera que ha sido robado desde un centro de
exterminio? ¿Se puede seguir viviendo como si no hubiera sucedido? Claudia necesitó
años de reflexión y dolor, además de innumerables terapias para ir entendiendo todo lo
que su historia significaba. Al principio trató de negarlo, de olvidarse, hasta que el dolor y
la rabia la hicieron entender que había vivido 21 años como víctima de un engaño
metódico, sistemático, planificado por gente con un poder absoluto y con la protección del
Estado. “Y cuando una es chica”, dice Claudia, “si tu papá y tu mamá te dicen algo, no te
ponés a revisar, a chequear, a verificar que eso que te dicen no es realmente tu mundo.
Soy una mezcla de historias, una construcción, una especie de rompecabezas. Quienes
fueron criados en la mentira no conocen la libertad”.
El libro está disponible en la página web de Ceibo Ediciones:
https://ceiboediciones.cl/product/tu-nombre-no-es-tu-nombre/ y en las principales librerías
del país.
El autor
Federico Bianchini es escritor y periodista argentino. Fue redactor en los diarios Clarín y
La Razón, y editor en la revista Anfibia. También colaboró en medios argentinos e
internacionales como Gatopardo, El País Semanal y The New York Times, entre otros.
Antes de Tu nombre no es tu nombre, publicó los libros Personajes secundarios (2017);
Antártica: 25 días encerrado en el hielo (2016); Desafiar al cuerpo (2014). En 2014 publicó
su primer libro con Ceibo Ediciones, Historias extremas. Ha ganado los premios Don
Quijote (EFE/Reyes de España), Nuevas Plumas (Universidad Portátil y Universidad de
Guadalajara, México), y la beca Michael Jacobs (Fundación Gabriel García Márquez,
Colombia). Actualmente, es coordinador de los Diplomados de la Universidad Portátil.











