Inicio Cultura y Arte El conde alemán, enviado de Hitler a España, conoce a García Lorca

El conde alemán, enviado de Hitler a España, conoce a García Lorca

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De mi novela “El Honor de un cobarde”, un humilde y sentido homenaje literario al gran poeta granadino

escribe Arturo Alejandro Muñoz

Al día siguiente recibí una cordial invitación para asistir al estreno de la obra de un poeta afamado. Se trataba de Federico García Lorca, quien presentaba la reposición de su último trabajo, »Llanto por Ignacio Sánchez Mejías«, una elegía dedicada a un torero muerto en plena faena.

En la amplia sala del teatro, Unamuno me presentó a los amigos de García Lorca y pude conocer a verdaderos genios del arte y las letras, como Salvador Dalí, Manuel de Falla y Luis Buñuel, con quienes compartí el palco y gocé de la obra reestrenada, pues se trató de una de las más bellas creaciones poéticas de las que tenga memoria.

Esa noche cenamos junto al joven autor en un discreto restaurante y presencié la calidez con que los contertulios hablaban de asuntos culturales y del desarrollo intelectual de España, en un momento socialmente difícil ya que los republicanos estaban prontos a tomar el poder y provocar gigantescos cambios en esa nación. La velada se extendió hasta que las luces del alba inundaron la Plaza de la Giralda, pero yo sentí que la jornada había sido exigua para mi necesario conocimiento de la situación de gravedad que aquejaba a la política local.

García Lorca y Luis Buñuel insistieron en que les acompañara a la Residencia de Estudiantes del Instituto de la Libre Enseñanza, lugar que había servido a ambos de refugio domiciliario cuando eran jóvenes universitarios construyendo camino y futuro con sus uñas y capacidades.

Aquel lugar, sin duda ninguna, era el centro de la resistencia juvenil contra la monarquía y el fascismo. Decenas de muchachos y chicas se reunieron en torno a García Lorca, mirándole y escuchándole embobados cuando este relataba el éxito de la función del día anterior. Una hermosa estudiante, con ojos morunos y sonrisa franca, le solicitó al poeta que recitara algunos versos para ellos. García Lorca sonrió, y moviendo la cabeza con fuerza para despeinar sus cabellos, extendió su brazo derecho, hasta tocar los labios de la chiquilla con su dedo índice.

Entonces, con voz profunda y serena, le dedicó lo que parecía un pensamiento de enamorado.

Me gustas cuando callas, porque estás como ausente.

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado,

y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma,

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma

y te pareces a la palabra melancolía

 

Un murmullo de sorpresa y gratificación circuló por la sala poco antes que esta explotara en aplausos, mientras la chiquilla sentía arder sus mejillas, ruborizada por el magnífico piropo de amor regalado por el famoso escritor granadino.

—¡Bello, maestro! ¡Absolutamente incomparable! —gritó un entusiasmado estudiante frente a sus ojos de carbón.

Federico García esbozó una amplia sonrisa. Tocó la cara del muchacho en un gesto que me pareció demasiado femenino, y levantó su testa para informar a la muchachada cuál era la procedencia de esos versos.

—Por supuesto que son bellas palabras —dijo, emocionado—. Bellas y distantes, ya que fueron escritas en las laderas de la Cordillera de los Andes, en Chile, por mi amigo Pablo Neruda.

—¿Neruda? —preguntaron varios a coro.

—Ya le conoceréis mejor, y amaréis su trabajo tanto como yo lo disfruto ahora —respondió García Lorca—. Él es el más grande poeta latinoamericano, mejor quizás que el propio Huidobro —otro murmullo general recorrió la sala—. Pertenece al Partido Comunista chileno y estuvo en España comprometiendo su apoyo a nuestra causa libertaria.

Un aplauso cerrado siguió a las palabras del vate y algunos »Viva la República« culminaron la reunión, provocándome inquietud ante la posible arremetida de grupos monarquistas dispuestos a apalear »rojos«. En Alemania habría sucedido. Mas, en España los bandos en pugna dejaban sus fuerzas para una contienda final y sangrienta. Muy latino. El todo o nada en una guerra sin cuartel. Abandoné el Instituto de la Libre Enseñanza con los versos de Neruda repiqueteando en mi cerebro y galopando en el corazón.

Fue la primera ocasión que tuve para saber de la existencia de ese poeta chileno, al que conocería personalmente años más tarde en circunstancias aún peores.

POLITIKA

 

 

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