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El virus maligno del neoliberalismo

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por Franco Machiavelo

Hay enfermedades que atacan el cuerpo y otras que atacan el alma colectiva. El neoliberalismo pertenece a esta segunda categoría: es un virus que no necesita entrar por la sangre, porque entra por la conciencia. Se instala lentamente en la manera en que pensamos, trabajamos, amamos, competimos y hasta en la forma en que miramos al prójimo.

Su mayor victoria no consiste solamente en privatizar empresas, reducir derechos laborales o convertir la educación, la salud y la vivienda en mercancías. Su victoria más profunda ocurre cuando consigue que el ser humano interiorice la lógica del mercado y comience a mirarse a sí mismo como una mercancía.

Entonces aparece una transformación silenciosa.

El compañero de trabajo deja de ser compañero y se convierte en competidor. El vecino deja de ser vecino y pasa a ser amenaza. El éxito del otro comienza a sentirse como una derrota propia. La solidaridad empieza a parecer ingenuidad. La lealtad se transforma en debilidad. El afecto se vuelve sospechoso. Y la palabra colectivo comienza a desaparecer del vocabulario cotidiano.

El sistema ya no necesita un policía detrás de cada persona cuando consigue instalar un policía dentro de cada conciencia.

Ese es uno de sus mecanismos más perversos.

Nos enseña, desde pequeños, que valemos por lo que tenemos, por lo que producimos, por cuánto ganamos, por nuestra capacidad de competir y por nuestra posición dentro de una interminable escalera social. Nos convence de que la pobreza es un fracaso individual y de que la riqueza constituye una prueba automática de mérito.
Así, la estructura desaparece detrás del individuo.

Ya no preguntamos quién diseñó las reglas del juego. Preguntamos por qué el perdedor no se esforzó suficientemente.

Y ahí comienza la gran trampa ideológica.

Porque mientras millones de trabajadores compiten entre sí por salarios, empleos y oportunidades cada vez más precarias, quienes concentran el poder económico pueden contemplar tranquilamente cómo los de abajo se enfrentan entre ellos.

Divide y vencerás deja de ser solamente una estrategia política y se convierte en una costumbre social.
La familia tampoco queda protegida.

El mismo modelo que transforma al trabajador en competidor transforma las relaciones humanas en transacciones. ¿Qué recibo? ¿Qué me das? ¿Qué gano? ¿Qué obtengo a cambio?

Incluso el tiempo comienza a medirse como dinero.

Cuidar a un anciano, acompañar a un enfermo, escuchar a un amigo, ayudar a un vecino o abrazar a alguien que sufre parecen actividades improductivas porque no generan ganancias.

Pero aquí aparece una de las grandes contradicciones del sistema: lo más valioso de la existencia humana muchas veces es precisamente aquello que no puede venderse.

El cariño no cotiza en bolsa.

La solidaridad no tiene precio de mercado.

La dignidad no se compra.

La amistad no produce dividendos.

Y, sin embargo, son precisamente esas cosas las que hacen posible una sociedad humana.

El neoliberalismo intenta convertir la competencia en naturaleza humana, cuando la historia demuestra que el ser humano también se ha construido mediante cooperación, solidaridad, organización y resistencia colectiva.

No nacemos necesariamente enemigos.

Muchas veces nos enseñan a serlo.

Y esa enseñanza no siempre ocurre mediante discursos explícitos. Opera de manera mucho más profunda: a través de la publicidad, de la cultura, de las instituciones, de los medios de comunicación, del lenguaje cotidiano y de la obsesión permanente por el éxito individual.

El mensaje penetra hasta volverse inconsciente:
“Sálvate tú.”
“No confíes demasiado en los demás.”
“El que tiene más vale más.”
“Si fracasas, es culpa tuya.”
“No mires al que está arriba; mira al que está debajo.”

Y mientras el trabajador mira hacia abajo para sentirse superior a otro trabajador, deja de mirar hacia arriba para preguntarse quién posee la riqueza, quién controla las decisiones y quién establece las reglas.
Ahí está el verdadero poder del virus.

No solamente opera en la conciencia social,sino que también en todas las relaciones sociales y humanas 

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