Reseña del libro “Juan Demarchi; la tempestuosa vida de un anarquista”
Autor: Manuel Lagos
Mieres CEIBO EDICIONES
Agosto 2026
En la legendaria entrevista que Régis Debray hizo a Salvador Allende en 1971 (1), el
entonces Presidente de Chile señaló que debía al agitador anarquista italiano Juan
Demarchi sus primeras lecturas teóricas de izquierda, en especial las obras de
Bakunin. Fue este carpintero radicado en Valparaíso quien le enseñó, sostuvo
Allende, a entender los profundos contrastes sociales que observaba al recorrer los
cerros y plazas del puerto de su adolescencia.
Manuel Lagos Mieres desmonta en este libro la reducción historiográfica de la figura
de Juan Demarchi y nos devela la imagen profunda del carpintero y agitador
anarquista italiano cuya trayectoria marcó el movimiento obrero en Chile y
Sudamérica a finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. La suya fue una
vida marcada por la entrega a la causa de la emancipación social y de resistencia
ante la constante persecución de la que él y los suyos fueron objeto de modo
permanente.
Exiliado de su propio país, Demarchi participó en la creación de centros y bibliotecas
populares en Brasil; fue clave para la constitución de la Asociación Continental
Americana de Trabajadores (ACAT) en Argentina. En Chile, bregó por la creación
de la Mancomunal de Obreros del Carbón (Lota); presidió la Liga de Arrendatarios,
encabezando la Gran Huelga de Inquilinos en 1919 y el Comité Pro Abaratamiento
de la Carne (Antofagasta). En el puerto de Valparaíso fue miembro destacado de la
sección chilena de la Industrial Workers of the World (IWW) y miembro de la
Federación de Carpinteros. Durante sus últimos años, en Santiago, siguió
participando en concentraciones obreras hasta poco antes de su muerte (1943). Su
labor fue descrita por sus pares como una “obra francamente apostólica”, dedicada
al bienestar de la comunidad y la emancipación de la clase obrera.
Como señalamos, Salvador Allende definió su relación personal con Juan
Demarchi como un vínculo fundamental en su formación política inicial,
describiendo al anarquista italiano no sólo como un mentor, sino también como el
hombre que le abrió las puertas al pensamiento teórico de izquierda durante su
adolescencia en Valparaíso.
Allende destacó que Demarchi, a pesar de la diferencia de edad que había entre
ellos (él tenía unos 14 años y Demarchi más de 60), conversaba con él durante
horas en su humilde taller de carpintería, ubicado cerca de la casa del futuro
presidente y del Liceo Eduardo de la Barra, al que asistía el joven. Durante aquellas
tardes, el agitador ácrata le enseñaba ajedrez y le prestaba libros, «esencialmente
teóricos», como los de Bakunin. Para Allende, aquellas largas conversaciones
fueron tan valiosa como los textos mismos, pues admiraba «esa sencillez y esa
claridad que tienen los obreros que han asimilado las cosas de la vida».
I. El periplo de un anarquista
El libro de Lagos Mieres logra rastrear en detalle la trayectoria de Juan Demarchi,
desde su exilio de Italia y sus primeros pasos como activista fuera de su país, en
otras naciones europeas y en el norte de África, y muy especialmente a partir de su
arribo a Sudamérica. Fue en nuestro continente que realmente llegó a constituirse
como uno de los más destacados «agitadores sociales» e incansable propagandista
ácrata.
La investigación detalla la ruta de Demarchi:
Llegó a Brasil entre 1888 y 1891, estableciéndose en Río de Janeiro, donde alternó
su oficio de carpintero con la exhortación pública en mítines y asambleas. Allí fue
perseguido y terminó por arribar a Argentina en 1893, radicándose en Buenos
Aires hasta 1899. Integró, condujo y fundó agrupaciones culturales obreras
anarquistas, especialmente bajo los principios organizativos de Errico Malatesta,
promoviendo la cultura como una herramienta para la emancipación. A fines de
1898, Demarchi fue arrestado y acusado de conspirar contra el Estado, lo que le
valió la expulsión del país luego del paso por las cárceles en la Patagonia
argentina, donde se solía confinar a los “peligrosos anarquistas”.
Fue conducido por la fuerza hasta la frontera con Chile y se estableció en Punta
Arenas, ciudad en la que su aporte fue clave para organizar las primeras
sociedades de resistencia y sindicatos magallánicos, como la Unión Obrera.
Continuó su actividad en Lota y Curanilahue -donde trabajó junto a los obreros del
carbón, contribuyendo a la fundación de mancomunales-, y luego en Arauco y
Angol.
Para 1918, ya estaba instalado en Antofagasta, ciudad en la que su talento
organizativo dio sus frutos más perdurables, especialmente en la Liga de
Arrendatarios, llegando a ser su presidente en 1919, y en el Comité Pro
Abaratamiento de la Carne (CPAC). Fue llevado nuevamente a la cárcel y,
posteriormente, expulsado de la ciudad.
Entonces se dirigió a Valparaíso, donde estableció su taller de carpintería en 1921.
En el puerto, fue miembro activo de la IWW (Organización Mundial de los
Trabajadores) y administrador del local de la Federación de Carpinteros (Ateneo
Obrero). En 1926 fue expulsado del país bajo la Ley de Residencia y regresó a la
capital argentina, donde alcanzó a residir durante cuatro años. En Buenos Aires
colaboró en la fundación del periódico Acción Directa, del que además fue su editor,
y representó a los obreros chilenos en la Asociación Continental Americana de
Trabajadores (ACAT). La policía argentina lo arrestó en 1929 y volvió a ser
expulsado, pudiendo regresar a Chile gracias a una ley de amnistía.
Pero la tranquilidad y la amnistía duraron sólo hasta 1932, cuando nuevamente fue
detenido y, esta vez, relegado a la Isla Mocha. Pasó sus años finales entre
Santiago y Valparaíso, falleciendo en el puerto en abril de 1943.
II. La historiografía y los prejuicios ideológicos
Como describe y explica con numerosos ejemplos Manuel Lagos Mieres en su libro,
la reconstrucción de la vida de los agitadores anarquistas en Chile es una tarea
compleja, por cuento en su camino se erigen numerosos obstáculos y prejuicios
ideológicos. Según el autor, los obstáculos con que tuvo que lidiar para revelar la
vida y obra de Juan Demarchi, son:
- La hegemonía de la historiografía marxista que, a partir de la década de 1950, ha
analizado y contado la Historia Social de Chile desde una matriz ideológica que
privilegia el estudio del proletariado industrial afiliado a los partidos políticos de la
izquierda tradicional dominante (Comunista, Socialista), lo que ha invisibilizado a las
corrientes autonomistas. - El «consenso» en torno a figuras fundacionales del mundo obrero en Chile que, por
ejemplo, eleva a Luis Emilio Recabarren al pedestal de único «padre» y fundador del
movimiento obrero, lo que resulta en la anulación de los logros de la corriente
anarquista y de otros sujetos sociales, como las mujeres luchadoras, que quedaron
condenadas al olvido. - La reducción a la anécdota a la que son sometidos los agitadores ácratas. En el
caso específico de Demarchi, los historiadores lo mencionan sólo de pasada por su
especial vinculación con salvador Allende, considerándolo un personaje «legendario
y romántico”, sin reparar en el proyecto político que encarnaba, ni las formas de
acción o la trascendencia histórica de este luchador social.
III. El personaje a escala humana
Manuel Lagos Mieres logra, a lo largo de todo el texto, mantener presentes las
características propias de la personalidad y la particular calidad humana de Juan
Demarchi. Según se desprende de los diversos testimonios que dan sustento a la
obra, Demarchi se caracterizaba por poseer una ética implacable, una profunda
vocación pedagógica y una coherencia absoluta entre sus ideales anarquistas y su
vida cotidiana. Más allá de ser un agitador, las fuentes lo retratan como un hombre
poseedor de una mística moral tal, que no vaciló en sacrificar de modo permanente
su bienestar personal y familiar en pos de la emancipación social.
Demarchi asignaba un valor fundamental a la dignidad e independencia a través del
oficio, pues veía en la carpintería una labor «utilísima y saludable» que le permitía
mantener su autonomía y practicar una ética laboral antiautoritaria, trabajando
libremente “sin explotar a otros ni dejarse explotar”.
Aunque el poder político y económico de la época lo calificó como un «agitador
peligroso» –descripción con que se describió a muchos de sus pares obreros y
anarquistas-, lo que le costó numerosas detenciones y reiteradas expulsiones del
país, sus compañeros lo describían como un hombre de costumbres puras y
laboriosas, que llevaba a cabo una «obra francamente apostólica», centrada en la
emancipación de los trabajadores a través de la cultura y la educación.
El libro se encuentra disponible en la página web de Ceibo Ediciones,
www.ceiboediciones.cl y en las principales librerías del país.
1 En entrevista que le hiciera Régis Debray en 1971.











