Reporteros del Partido Socialista de Escocia (CIT)
Tampoco sorprendió que el gobierno de Starmer en Westminster se negara de inmediato a conceder la orden del artículo 30. Un portavoz de Downing Street declaró: «El Gobierno del Reino Unido no apoya la independencia ni otro referéndum». Hasta aquí, todo muy antidemocrático y predecible.
El hecho de que John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés (SNP) y primer ministro de Escocia, solo haya solicitado la autorización para convocar un referéndum, sin haber anunciado ninguna fecha, refleja el actual malestar que atraviesa el partido mayoritario de Escocia. A pesar de haber ganado las elecciones al Parlamento escocés, no contaban con los votos necesarios para formar un gobierno mayoritario.
Si bien el apoyo a la independencia actualmente supera ligeramente el 50%, ha quedado relegado por detrás de otras prioridades, como el coste de la vida, los recortes en los servicios públicos y la emergencia de la vivienda.
Al mismo tiempo, el apoyo al SNP ha caído significativamente. El partido perdió más de 850.000 votos el 7 de mayo, en comparación con las elecciones al Parlamento escocés de 2021, si se tienen en cuenta los votos por circunscripción y los votos por lista regional.
La confianza en que el SNP lleve a cabo una lucha por la autodeterminación es tan baja como la expectativa de que Swinney lidere un movimiento para acabar con la austeridad.
No en vano nombró, por primera vez en la historia, a un ministro para la reducción del gasto público —perdón, para la «reforma»—. Una clara señal de que los ataques contra el empleo y los servicios públicos se intensificarán drásticamente bajo su gobierno.
Y esto ocurre en un momento en que el puesto de Starmer como primer ministro británico pende de un hilo. Nunca antes un gobierno británico había sido tan débil, y eso ya es mucho decir. Sin embargo, la dirección del SNP nunca ha estado dispuesta a enfrentarse al capitalismo británico movilizando un movimiento de masas en torno a ningún tema, ya sean los derechos democráticos o la oposición a los recortes.
Por el contrario, la clase trabajadora y los sindicatos son clave para desbloquear la situación en materia de recortes, aumento del costo de vida y derecho a decidir. Pero eso implica depender únicamente de su propia fuerza y presentar sus propias demandas.
Por ejemplo, exigir que los políticos electos se nieguen a hacer recortes; organizar huelgas para conseguir aumentos salariales que reflejen plenamente la inflación; luchar por la financiación completa de los servicios públicos y por el derecho del Parlamento escocés a organizar un segundo referéndum de independencia en el futuro. Y eso también significa crear un vehículo político para luchar por los intereses de la clase trabajadora en forma de un partido obrero de masas.
Dinero desaparecido del SNP
Que no se puede confiar en lo más mínimo en la dirección del SNP quedó patente la noticia de la semana pasada de que el antiguo director ejecutivo del partido ha admitido haber malversado 400.000 libras esterlinas de fondos del SNP entre 2010 y 2022.
Peter Murrell, entonces pareja de la primera ministra del SNP, Nicola Sturgeon, gastó el dinero en coches, autocaravanas y artículos de lujo. Esto se prolongó durante más de una década. Cuando se preguntó —incluso por miembros del Comité Ejecutivo Nacional del partido— sobre el destino del dinero, no se obtuvieron respuestas.
El hecho de que el SNP nombrara a un director ejecutivo de su partido dice mucho sobre su inclinación hacia los intereses empresariales. Que incluso al Comité Ejecutivo Nacional y al comité de finanzas y auditoría del SNP se les negara el acceso a las cuentas también es muy significativo. Nicola Sturgeon defendió y supervisó esta situación. Es lo más alejado posible de un partido democrático.
El Partido Socialista de Escocia argumentaría, por ejemplo, que todos los diputados electos del Parlamento escocés deberían vivir con el salario medio de un trabajador cualificado, y que un partido obrero de masas tendría estructuras y prácticas plenamente democráticas y responsables, incluido el derecho a destituir inmediatamente a cualquier funcionario electo si no estuviera desempeñando su función correctamente.
El Gobierno escocés exige no solo la potestad para organizar un nuevo referéndum de independencia, sino también la descentralización de competencias en otros ámbitos, como la energía, ante el aumento de los costes para los hogares. El ministro de Energía del SNP argumentó: «Por eso, las competencias en materia energética deben estar en manos de Escocia, para que podamos aprovechar nuestra vasta riqueza energética y reducir las facturas».
Sin embargo, no ha dicho ni una palabra sobre el uso de esos poderes para nacionalizar el sector energético. En un momento en que las facturas vuelven a subir, consecuencia del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán, esa demanda cobra aún más urgencia.
El Partido Socialista de Escocia apoya que el Parlamento escocés ostente plenos poderes sobre la economía como parte de una Escocia socialista independiente. Sin embargo, utilizar esos poderes para nacionalizar democráticamente todo el sector energético, actualmente dominado por multinacionales, es la única manera de reducir las facturas y garantizar una transición liderada por los trabajadores hacia fuentes de energía sostenibles, abandonando los combustibles fósiles. Esto es algo que el SNP jamás apoyará.
En definitiva, en lo que respecta a los servicios públicos, el coste de la vida y la lucha por la autodeterminación, el SNP no está a la altura. Es fundamental construir una lucha obrera de masas y un partido obrero de masas liderado por los sindicatos con un programa socialista. Si estás de acuerdo, únete a nosotros.











