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Nicaragua – A 78 años del asesinato de Augusto César Sandino

Nicaragua – A 78 años del asesinato de Augusto César Sandino

HISTORIA

Sandino, el general de hombres libres

Se cumplen 78 años del asesinato de Augusto César Sandino, a manos de la Guardia Nacional Nicaragüense, bajo el cargo de no arrodillarse ante el imperialismo.

Izquierda Diario, Argentina.     Martes 21 de febrero

De dólares y garrotes

La mayoría de Centroamérica se encontraba, bajo lo que Estados Unidos consideraba como ” Bananas Republics” o Repúblicas Bananeras, Nicaragua no fue la excepción.

Estas repúblicas bananeras tenían la particularidad de que, en teoría, eran libres y soberanas y no una mera dependencia colonial. Por eso los Estados Unidos despliegan la política conocida como “diplomacia del dólar y el garrote”, la cual consistía en colocar gobiernos “títeres”, es decir gobiernos adictos y sumisos ante las políticas de Washington. A estos se le sumaba la presencia del garrote, es decir la intervención directa de tropas Norteamericanas.

Es así que Nicaragua desde 1902 a 1933 va a vivir tres intervenciones norteamericanas y una serie de luchas intestinas entre liberales y conservadores. Esta sangría entre liberales y conservadores va a afectar los negocios norteamericanos en la región, uno de los más importantes es el tratado Bryan-Chamorro que consistía en la construcción de un futuro canal interoceánico a cambio de tres millones de dólares. A pesar de que el canal de Panamá había sido construido ya en 1903, la zona continuaba siendo de interés estratégico. También por este tratado, se daba a Estados Unidos el derecho de establecer una base militar en el golfo de Fonseca durante un período de 99 años, y se le cedían en arriendo las Islas del Maíz, por idéntico lapso de tiempo.

A partir de la muerte del presidente Diego Chamorro, y para evitar más conflictos que pudiesen afectar los intereses norteamericanos, se recurrió a un gobierno de coalición entre liberales y conservadores. Como presidente fue envestido Carlos Solórzano en enero de 1925, conservador, y como vicepresidente al liberal Juan Bautista Sacasa. Para agosto de aquel año ya habían salido todos los soldados estadounidenses del territorio nicaragüense.

Sin embargo la paz no iba a durar por mucho tiempo, en octubre el general Emiliano Chamorro- quien tiempo atrás había sido reemplazado en la presidencia por su tío Diego Chamorro- se alza en armas contra el gobierno y toma de Tiscapa, donde residía la presidencia. Para aplacar la rebelión (y por consejo del gobierno de EE.UU.) Solórzano nombra a Chamorro jefe de la fuerza pública. Las tensiones entre ambos acaban con la dimisión del presidente que pasa los poderes presidenciales al senador Sebastián Uriza y este luego se los pasa a Chamorro. Finalmente es nombrado Adolfo Díaz quedando el vicepresidente Sacasa fuera de escena. En mayo de 1926 el partidario de Sacasa, el general José María Moncada, se alza en armas pidiendo el poder para Sacasa recupere su poder. Díaz permitió nuevamente la intervención militar norteamericana, los cuales desembarcaron con 3900 soldados, 865 marines y 215 oficiales, sumando 16 barcos de guerra.

Esta intervención que va a durar alrededor de 6 años, finalizará debido a la lucha de Sandino y su ejército, quienes van a librar un combate desigual, pero no por eso menos heroico.

De Niquinohomo a las Segovias

Augusto Sandino nació en Niquinohomo un 18 de mayo de 1895 donde pasó parte de su niñez y juventud,marcada por los distintos conflictos e intervenciones norteamericanas en su afán expansionista.

A los 26 años decide dejar Nicaragua, viajando por distintas regiones de Centroamérica hasta llegar a México, en este viaje Sandino va a tomar distintos empleos, desde tareas agrícolas hasta mecánico en los talleres de la United Fruit Company.

Es en el México convulsionado aún por la guerra civil, donde va a forjar su pensamiento, influenciado por las distintas corrientes a las que pertenecían los trabajadores (anarquistas, comunistas, nacionalistas). Este eclecticismo se va a ir cristalizando en la figura de Sandino, dando lugar a tres elementos básicos, que según el escritor Sergio Ramírez, identifican al pensamiento sandinista: su carácter antiimperialista, su carácter antioligárquico y, como consecuencia, su concepto de justicia social.

En 1926 Sandino decide regresar a Nicaragua para unirse a las tropas de Sacasa y del militar Moncada para combatir a las tropas de Chamorro y a los marines yanquis, pero el ofrecimiento de su ayuda fue desdeñada por el Moncada, por lo que Sandino decidió desprenderse de la columna de éste y formar así una fuerza autónoma que al calor de los combates se ira profesionalizando y pertrechado, como así también avanzando en su propósito.

El pequeño ejército loco

Así es como denominó la poetisa chilena Gabriela Mistral al ejército de Sandino el cual estaba conformado en sus inicios por solamente 19 hombres, a los cuales se les irían sumando otros a medida que avanzaban y entablaban combates con las tropas gubernamentales. Mujeres, niños y hombres de las distintas regiones de Centroamérica tomaban la agresión imperialista a Nicaragua como suyas. Llegando a conformar un ejército con más de 200 hombres.

Sandino e integrantes de su ejército

Cabe destacar el rol jugado por las mujeres en el Ejército Sandinista, si bien los más conocidos son el de Blanca Aráuz, esposa de Sandino, y el de Teresa Villalobos; no es posible dejar de mencionar a las prostitutas de Puerto Cabezas que conjuntamente con Sandino logran rescatar 40 rifles que iba a ser arrojados al mar por los marines. También a las campesinas, maestras y toda mujer que se sumó a colaborar y combatir para liberar a Nicaragua del yugo Norteamericano.

A comparación de las fuerzas de Moncada, el ejército de Sandino libraba combates victoriosos desde los llanos de Yacapuca hasta la captura de la Ciudad de Jinotega. Ésta hizo posible aliviar el cerco militar que pendía sobre la columna de Moncada. Desde Jinotega el Ejército Sandinista emprendió la marcha para entablar la batalla que permitirá el levantamiento definitivo del cerco a Moncada. Una vez ganada la batalla el camino a la Capital estaba abierto.

Sin embargo las tropas de Moncada y Sacasa deciden hacer un alto, enviando a Sandino a reforzar lo conquistado. Y es en este interín donde Moncada y Sacasa deciden firmar el pacto de Tipitapa,que ordenaba el desarme de las columnas liberales, asegurándose el futuro triunfo en elecciones “democráticas” a los liberales. Los que no acepten este pacto serán declarados bandidos y puestos fuera de la ley.

La resolución

“Mi resolución es esta: Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en el caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos”. Así Sandino se negaba a dejar las armas y daba paso a la lucha de guerra de guerrillas contra el invasor.

La guerrilla sandinista va a utilizar como teatro de operaciones un ambiente que le es familiar: la zona selvática, más precisamente en el mítico cerro El Chipote, el cual se convertirá en su bastión y desde donde lanzará diversos ataques.

El objetivo de la guerrilla seguía siendo el mismo: Las tropas norteamericanas debían abandonar el país. Una vez hecho esto, los nicaragüenses decidirían sobre sus propios asuntos. Este objetivo se mantiene, sin importar ya, que su antiguo compañeros de armas el General Moncada se encuentre en el poder. Éste va a ser considerado por Sandino como un traidor, debido a los acuerdos de Tipitapa.

Los años 1931 y 1932 encuentran todavía en pie al Ejército Sandinista, sin embargo comienza a cerrarse el cerco tendido tanto por los políticos como por la Guardia Nacional y los marines, como así también el desgaste propio de años de combates.

En 1933 se desarrollan los diálogos de paz entre el gobierno y las tropas sandinistas. Estas negociaciones van a prosperar debido al anuncio del abandono de Nicaragua por parte de las tropas norteamericanas, un poco por la presión ejercida por los medios de comunicación internacionales y por el Congreso de los Estados unidos, debido a la cruenta represión que sufría el pueblo Nicaragüense.

Marines norteamericanos capturan bandera sandinista

Finalmente en enero de 1933 se firman los acuerdos de paz y Sandino accede a deponer las armas. De alguna manera su propósito se había cumplido, las tropas norteamericanas abandonaron Nicaragua. Sin embargo la presión continuaría sobre los hombres de Sandino. La Guardia Nacional comandada por Anastasio Somoza, alumno predilecto de los norteamericanos, los persigue, encarcela, les impide el regreso a su hogar e incluso los mata.

Ante esta situación Sandino decide elevar quejas tanto escritas como verbales, calmadas mediante promesas que no llegan a cumplirse. Para el año 34 la situación se torna insostenible, Sandino decide ir a entrevistarse con el presidente Sacasa y 21 de febrero comparten una cena para sellar nuevos acuerdos. A la Salida, el auto en el que viajaba Sandino es interceptado por un vehículo de la Guardia Nacional, y tanto él como sus acompañantes son llevados a un solitario campo de aviación. La tranquila noche de Nicaragua se ve interrumpida por las descargas de fusil, en ese momento caía asesinado Augusto César Sandino, Somoza había dado la orden.

Una vez muerto Sandino, Somoza comenzó su carrera por el poder dando un golpe de Estado contra Sacasa. Si bien primero colocó un presidente afín a su política, luego de unos meses se nombró a sí mismo como primer mandatario, abriendo así la etapa del somocismo en Nicaragua, la cual durará hasta febrero de 1990.

El espectro de Sandino

El pensamiento de Sandino va a hacer mella en los distintos procesos de Liberación Nacional en América latina. Este pensamiento deja entrever algunas contradicciones:los límites de levantar como único programa la lucha antiimperialista, donde encontramos las diversas facciones que van desde el campesinado, obreros, hasta la burguesía y pequeñas burguesías nacionalistas. Éstas últimas son incapaces de llevar adelante las mínimas tareas democráticas. Además son conocidos los límites que tuvieron las distintas corrientes que se llamaban antiimperialistas, pasando desde al APRA peruano hasta las distintas corrientes que integraban el ALBA, quienes tuvieron que ceder tarde o temprano al capital imperialista. Estas tareas pueden ser resueltas en la medida que el proletariado tome en sus manos la lucha antiimperialista y un programa para que todos los oprimidos la vean como única capaz de resolver la crisis, la miseria y la precariedad.

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