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Introducción a la Teoría Económica Marxista

Introducción a la Teoría Económica Marxista

Crece, día a día, el interés de todos –estudiosos, militantes, de diversas tendencias, opinión pública- por la teoría económica y por el análisis de los mecanismos que condicionan el progreso social.

Los criterios que están en la base de la economía marxista o de la economía neocapitalista son sometidos hoy a revisión continua. Ello da lugar a nuevas situaciones en ambos polos ideológicos y a la aparición de formas mixtas. Sin embargo, las exposiciones analíticas y técnicas sobre las respectivas líneas de fondo de ambos procesos siguen siendo imprescindibles para hacerse con la clave de la actual evolución sociopolítica.

Ernest Mandel ha tenido la rara capacidad de reducir a unas pocas páginas –unas pocas lecciones orales, luego convertidas en libro- los resultados de su análisis. En ellas aparecen con claridad los rasgos esenciales de la concepción marxista de la economía y, como trasfondo, los de la evolución de la economía neocapitalista.

La brevedad y la diafanidad expositiva, unidas a la autoridad excepcional del autor en estas materias, han convertido este libro en el vademécum indispensable para toda persona interesada en conocer lo esencia de la economía. Otra cualidad interesa, todavía, subrayar: esto no es un libro propagandístico, sino de análisis. Su autor, desde luego, nunca esconde su criterio. Pero al lector discrepante nunca le resulta desagradable la lectura.

Nota del Traductor

 

  1. La teoría del valor y de la plus-valía

 

En último análisis, todos los progresos de la civilización vienen determinados por el aumento de la productividad en el trabajo. Mientras la labor de un grupo humano sólo alcanza, a duras penas, a mantener la vida o subsistencia de los trabajadores, mientras no existe algún excedente o sobrante por encima de este producto indispensable, resultan imposibles la división del trabajo, la aparición del artesanado, las condiciones imprescindibles para la existencia y la actividad de los artistas y de los científicos. Por consiguiente, y con mucha más razón, no hay, mientras dure tal circunstancia, ninguna posibilidad de desarrollo de las técnicas que exigen aquellas especializaciones.

El excedente social

 Mientras el rendimiento del trabajo sea tan bajo que el producto del trabajo de un hombre sólo baste para su propio sustento, no hay ni puede haber tampoco división social, diferenciación en el interior de la sociedad. Todos los individuos son, en este caso, productores; todos se encuentran en idéntico estado y nivel de privación y de incapacidad.

Todo aumento de la productividad del trabajo que supera aquel nivel mínimo, crea la posibilidad de un pequeño excedente, y desde el momento que existe un sobrante de productos, que dos brazos rinden más de lo que requiere su propia manutención, aparece la posibilidad de lucha por la distribución de este superávit.

A partir de entonces, el conjunto de la labor de una colectividad ya no está forzosamente destinado al mantenimiento de los productos. Una porción de este trabajo puede ser destinada a liberar a otro sector de la comunidad de la necesidad de dedicarse tan sólo a su propio mantenimiento.

Cuando surge esta posibilidad, una parte de la sociedad puede erigirse en clase dominante, caracterizándose, principalmente, por el hecho de verse emancipada de la necesidad de trabajar para poder subsistir.

En tal circunstancia, el trabajo de los obreros se descompone en dos partes. Una parte sigue efectúandose para proveer el sostén de los propios productores; lo denominaremos trabajo necesario. Otra parte sirve para mantener a la clase dominante; lo llamaremos el trabajo sobrante.

Citemos un ejemplo evidente demostrativo: los esclavos en las plantaciones, ya sea en determinadas zonas y épocas del Imperio romano, ya sea también en las grandes plantaciones, a partir del siglo XVII, en las Indias occidentales o en las islas africanas, bajo el poder colonial portugués. Generalmente, en las regiones tropicales, el dueño no proporciona ni el alimento del esclavo; es éste mismo quien lo ha de producir, los domingos, cultivando un exiguo espacio de tierra. Seis días por semana, el esclavo trabaja en la plantación; es un trabajo cuyo fruto no le pertenece, crea un excedente social que abandona desde el instante de su producción, que pertenece en exclusiva a los señores de los esclavos.

La semana laboral, de 7 jornadas en este caso, se divide en dos partes: el trabajo de un día, el domingo, es un trabajo necesario, para sostener al esclavo y a su familia; el trabajo de los otros 6 días de la semana es lo que constituye el trabajo sobrante, cuyo producto revierte en exclusivo beneficio de los amos, sirve para su subsistencia y, además, para su  enriquecimiento.

Otra muestra histórica: las grandes propiedades en la alta Edad Media. Las tierras de estos dominios están distribuidas en tres facciones: los terrenos comunales o de propiedad colectiva, esto es, los bosques, las praderas, los pantanos, etc; la tierra que los siervos cultivan para mantenerse ellos y sus familias; finalmente, las tierras que han de trabajar para sostener a sus señores feudales. Ordinariamente, en este caso, la semana laboral es de 6 días y ya no de 7. Se divide en dos partes iguales: durante tres jornadas cada semana, el siervo de la gleba se ocupa en producir lo que necesita; otras tres jornadas semanales las destina a tierras de su señor, sin ninguna remuneración. El vasallo efectúa un trabajo gratuito a favor de la clase privilegiada, del grupo en el poder.

Podemos definir el producto de estos dos tipos de trabajo tan diferentes con términos también distintos. Cuando el productor realiza el trabajo necesario, crea el producto necesario. Cuando, en cambio, realiza un trabajo sobrante, entonces crea excedente de producto social.

El excedente de producto social es la parte de la producción social de que, aún siendo realizada por la clase de los productores, se apropia de la clase dominante, cualesquiera  que sean el modo o el medio que emplee para retenerla en su poder: ya sea en forma de productos naturales, ya sea en forma de mercancías destinadas a ser vendidas, ya sea en forma de dinero.

La plus-valía no es, por tanto, nada más que la forma monetaria del producto de excedente social. Cuando es exclusivamente en forma de dinero que la clase dominante se apropia de la parte de producción anteriormente denominada excedente de “producto”, entonces ya no se utiliza esta expresión para calificarla, sino la de “plusvalía”.

Por otra parte, esto no es más que un primer esbozo de la definición de la plus- valía que examinaremos más adelante……

¿cuál es el origen del excedente del producto social? El excedente del producto social se presenta como el resultado de la expropiación gratuita –sin la compensación o el intercambio de alguna contrapartida en valor- de una parte de la labor de la clase productora, efectuada por el estamento en el poder. Cuando el esclavo trabaja dos días cada semana en la plantación del dueño de los esclavos y todo el fruto de este esfuerzo es acaparado por este propietario, sin ninguna remuneración a cambio, el factor causal de este excedente de producto social es el trabajo gratuito, no pagado, realizado por el esclavo en beneficio de su amo. Cuando el siervo trabaja tres días por semana en la tierra del señor feudal, el origen de esta renta, de este excedente de producto social, es también la labor no remunerada, gratuita, prestada por el siervo.

Comprobaremos seguidamente que el origen de la plus-valía capitalista, es decir, de la renta o beneficio de la clase burguesa en la sociedad de tipo capitalista, es exactamente el mismo: se trata de un trabajo no remunerado, gratuito, proporcionado al capitalista por el proletario, por el asalariado, sin que perciba ningún valor a cambio de su tarea.

 

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Ernest Mandel: Economista belga, profesor de la Universidad de Bruselas, dirigente político trotskista de la IV Internacional, teórico marxista.

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