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Un Grito Contra el Silencio: Repudio Global a los Asesinatos de Periodistas

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Por Gustavo Paredes

En las sombras de los conflictos geopolíticos y bajo el peso de estructuras de poder cada vez más autoritarias, se está librando una guerra silenciosa pero devastadora: la guerra contra quienes ejercen el periodismo libre. El asesinato de periodistas en el mundo, y de manera particularmente cruel en Medio Oriente, no es solo una tragedia individual; es un ataque directo a los cimientos de la democracia, a la libertad de pensamiento y al derecho de toda sociedad a conocer la verdad.

Estos profesionales no mueren por casualidad. Caen porque su labor —investigar, cuestionar, exponer— se posiciona, inherentemente, como un contrapoder. Un contrapoder necesario frente a dos fuerzas que hoy convergen peligrosamente: el poder económico desregulado y voraz, que busca operar sin escrutinio en la opacidad, y los regímenes totalitarios y neofascistas, que exigen una narrativa única, sumisa y glorificadora.

El Doble Frente del Periodismo Valiente

1. Frente al Poder Económico Opresor: En un mundo donde corporaciones y conglomerados financieros ejercen una influencia comparable a la de muchos Estados, el periodismo de investigación es la última trinchera. Revelar la corrupción, los daños ambientales, la explotación laboral o los paraísos fiscales tiene un costo. Silenciar al mensajero se convierte en una estrategia perversa para proteger fortunas ilegítimas y un status quo que concentra la riqueza en manos de unos pocos. El asesinato es la forma más extrema de censura, un mensaje claro para cualquier otro que intente seguir ese camino.

2. Frente a los Regímenes Totalitarios y Neofascistas: Medio Oriente, pero también otras regiones, sufre bajo gobiernos que han perfeccionado el control absoluto. En estos contextos, la prensa libre es el oxígeno de la resistencia civil. Documentar atrocidades, crímenes de guerra, violaciones a los derechos humanos o la represión interna es un acto de alto riesgo. Los regímenes neofascistas, con su culto al líder, su nacionalismo excluyente y su desprecio por el disenso, ven en el periodista independiente a un enemigo existencial. Eliminarlo físicamente es parte de su manual para infundir terror y asegurar el monopolio de la información.

Medio Oriente: Una Carnicería Informativa

La situación en Medio Oriente es especialmente sangrante. Periodistas locales y corresponsales internacionales cubren conflictos donde son blanco de todas las partes: de gobiernos autoritarios e imperiales que no toleran críticas, de milicias y grupos extremistas que utilizan la violencia mediática como propaganda, y la mayoría de las veces por parte de Israel, en medio de operaciones militares donde se desdibuja la protección que deberían recibir como civiles. Cada bomba en una redacción, cada secuestro, cada bala dirigida a un reportero o a un camarógrafo, no solo apaga una vida, sino que apaga un foco de verdad en medio de la niebla de la guerra y la propaganda.

Nuestro Repudio y Exigencia

Por todo ello, los comunicadores sociales alzamos la voz para:

· Repudiar enérgicamente todo asesinato, desaparición y agresión contra periodistas en cualquier rincón del planeta.

· Denunciar que estos crímenes no son hechos aislados, sino la consecuencia lógica de sistemas políticos y económicos que han decidido que la verdad es su enemiga.

· Reconocer que la lucha por la libertad de prensa es la misma lucha contra la desigualdad obscena y contra la tiranía disfrazada de orden o tradición.

· Exigir a la comunidad internacional, a los organismos multilaterales y a los Estados democráticos que pasen de las declaraciones de condolencia a la acción concreta: sanciones ejemplares contra los autores intelectuales y materiales, protección real para comunicadores en riesgo, y una diplomacia que coloque este tema en el centro de la agenda.

Honrar a los periodistas asesinados no es solo llorar su pérdida. Es reivindicar su oficio, leer sus trabajos, apoyar a los medios independientes que resisten y, sobre todo, negarse a aceptar el silencio. En un tiempo de narrativas tóxicas y mentiras manufacturadas, su compromiso con los hechos es un acto revolucionario. Su sangre nos llama a no ser espectadores pasivos, sino defensores activos del derecho a saber.

Porque cuando matan a un periodista, no solo le arrancan la vida a una persona; le arrancan los ojos y los oídos a la sociedad entera. No permitamos que la oscuridad gane.

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