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Según la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica advierte, la degradación de la biodiversidad representa un riesgo sistémico para la estabilidad financiera y el bienestar humano.
- Adhik Arrilucea
Madrid–
Todas las empresas dependen de la biodiversidad del planeta y todas tienen un impacto sobre ella. El crecimiento de los mercados ha tenido lugar a costa del saqueo de la naturaleza, lo que ahora representa un riesgo sistémico crítico y generalizado para la economía, la estabilidad financiera y el bienestar humano. Esta es una de las conclusiones principales de un informe histórico publicado recientemente por la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).
El estudio culmina tras casi tres años de trabajo de 80 expertos mundiales de la ciencia y el sector privado, así como de los pueblos indígenas y las comunidades locales, procedentes de 35 países. El resultado es la Evaluación sobre empresas y biodiversidad. Este determina que incluso las empresas que parecen estar muy alejadas de la naturaleza o que no se consideran basadas en ella dependen, directa o indirectamente, de insumos materiales, la regulación de las condiciones ambientales —como la mitigación de inundaciones y el suministro de agua— y de contribuciones inmateriales, como espacios para el turismo, el ocio, la educación y la cultura.
La rentabilidad de degradar el planeta
«La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas», declara Stephen Polasky, copresidente del informe. «Sin embargo, la realidad –distorsionada– es que a menudo parece más rentable para las empresas degradar la biodiversidad que protegerla«. El flujo financiero global en 2023 con impactos negativos sobre la naturaleza fue de 7,3 billones de dólares (trillions), mientras que solo 220.000 millones contribuyeron a la conservación y restauración de la biodiversidad.
Según el informe, desde 1992 se ha producido un aumento medio per cápita del capital humano del 100%, mientras que las reservas de capital natural se han reducido en un 40%. Además, menos del 1% de las empresas que rinden cuentas públicas mencionan los efectos sobre la biodiversidad en sus informes. «Las organizaciones deberían rendir cuentas y comunicar sus impactos de manera transparente, así como qué están haciendo para mejorarlos y cómo están manejando sus dependencias», declara Ximena Rueda, copresidenta del estudio, en una presentación organizada por el Science Media Centre (SMC) España.
«Frente a una estructura económica que prima frecuentemente los beneficios a corto plazo, «hay que tener en cuenta que el planeta es finito y dirigir e incentivar a las empresas a que piensen también en el largo plazo, porque las consecuencias de no hacerlo pueden ser muy costosas en el futuro«, destaca Rueda. «Mantener la situación actual no es inevitable», añade Polasky por su parte. «Con las políticas adecuadas, así como cambios financieros y culturales, lo que beneficia a la naturaleza también beneficia a la rentabilidad».
Una amenaza para los territorios indígenas
El desarrollo industrial amenaza el 60% de las tierras indígenas del mundo y una cuarta parte de todos los territorios indígenas se encuentran bajo una gran presión debido a la explotación de recursos, señala la evaluación del IPBES. No obstante, las comunidades locales a menudo se ven marginadas en la investigación y la toma de decisiones empresariales. «Una colaboración respetuosa que dé como resultado el intercambio y un mejor uso de datos, perspectivas científicas y conocimientos indígenas y locales puede traducirse en una mejor gestión de los riesgos y las oportunidades empresariales», apunta Rueda en un comunicado.
«Entre las empresas, a menudo existe una comprensión limitada de los pueblos indígenas y las comunidades locales como guardianes de la biodiversidad y poseedores de conocimientos sobre su conservación, restauración y uso sostenible«, recoge el informe consultado por Público. El documento abunda en que los habitantes de estos territorios «a menudo se ven insuficientemente representados en los procesos de investigación y toma de decisiones. Esto socava aún más sus voces y contribuciones y puede dar lugar a que las empresas no aprendan de ellos».
El informe recuerda que la diligencia de los negocios incluye mecanismos de consentimiento, y menciona expresamente «el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas y las comunidades locales». A su vez, este modo de actuación redunda en un beneficio para las empresas. En particular, la inclusión de las poblaciones autóctonas en los procesos decisivos permite un mejor uso de la información y los conocimientos disponibles sobre el entorno físico. Todo ello «puede traducirse en una mejor gestión de los riesgos empresariales y en el aprovechamiento de las oportunidades».
Hacer rentable la protección del planeta
El informe también propone una serie de métricas para calcular el impacto que las empresas tienen sobre la biodiversidad, así como sus dependencias de la misma. Los autores matizan que no existe un método único para medir y gestionar los impactos y las dependencias para todas las decisiones empresariales. A menudo los aspectos que deben medirse dependen del contexto y de la acción o decisión concreta que se toma.
«Una mejor gestión de la biodiversidad es fundamental para gestionar el riesgo en toda la economía y en todas las sociedades. No se trata de un problema ambiental distante, sino de un desafío fundamental en cada sala de juntas y gabinete», insiste Polasky. «Todas las empresas dependen de la naturaleza, por lo que las acciones que la conservan y utilizan de forma sostenible también pueden ser las que ayuden a las empresas a prosperar a largo plazo», concluye.











