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Boric, misión cumplida

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Teófilo Briceño. Centro de Estudios Francisco Bilbao

Corría el año 2019, cuando octubre era 18 y comenzaba una erupción de rabia popular colectiva que generó un movimiento telúrico de sorprendentes proporciones que duró días, semanas e incluso meses.

Los ojos del mundo miraron entonces con incredulidad cómo crujía el país modelo del neoliberalismo, el oasis de la región, como lo llamó el entonces presidente Sebastián Piñera. No eran 30 pesos, eran 30 años, gritaba el pueblo.

Es que a cientos de miles de chilenas y chilenos en un arrebato de rabia colectiva ya no les hacía sentido la vida que llevaban, plagada de deudas y proezas para la subsistencia, sobreviviendo como borregos en un redil de sublime explotación. Barricadas y asambleas de barrio crecieron entonces protegidas por la fuerza del granito, por la convicción de las piedras en las manos de hombres y mujeres sencillos.

Los dueños de Chile entraron en pánico, los de abajo, los bárbaros, gritaban y se agitaban como en la feria del domingo. Fanon y su teoría de la violencia liberadora se abría paso sin que nadie lo citara.

El imperio gringo, el occidente europeo, las transnacionales, la oligarquía criolla se reunieron, quizás por zoom o tal vez por métodos más seguros. ¿Qué hacemos?, era la pregunta del millón.

Analizaron concienzudamente junto a la inteligencia académica y militar e idearon un plan, una apuesta para volver a la normalidad y tratar de generar una salida para el modelo, que sepultara cuanto antes lo que denominaron octubrismo y al igual que en el año 1973 apostaron por un nunca más. El nunca más Allende de aquel entonces se convirtió en un nunca más un octubre.

Y como los caminos del señor son inescrutables, no legibles para el plebeyo, analizaron con asertividad las debilidades de la vulgata y como un psiquiatra avezado arribaron a un diagnóstico y un tratamiento, para que el enfermo siga enfermo, pero con buena onda y sin darse cuenta, para que siguiera siendo un enfermo útil, productivo. En definitiva, el rebaño encabritado nuevamente al redil.

Voilá, cambios sí, pero dentro de la ley, cambios republicanos, con camisa de fuerza, pero siempre en el marco de la sacrosanta institucionalidad. En el camino iremos ajustando las correas dijeron, pero lo primero era lo primero, lograr que la vulgata se volviese a colocar la camisa de fuerza. Como antes de cazar al perro enardecido, engatusarlo para que se dejara poner nuevamente el bozal.

Y el 25 noviembre fue clave, fue el golpe blanco, el clic social que volteó el rumbo en favor del capital nacional y extranjero, y a la manera del gatopardismo, es decir, con apariencia de que todo cambiaba pero en realidad sin cambiar nada.

Con ese fin despertaron las células dormidas, como en las películas de espías, aquellas preparadas por años y apostaron a los agentes idóneos, aquellos que la inteligencia europea preparó con tanto esmero, Jackson y su hermano menor, Boric.

Por arte de magia, mucha magia, Boric terminó ganando la primaria a Jadue (algo más rebelde, no mucho más eso sí) y luego la elección presidencial a Kast, con la misión claro está y el compromiso firme de matar al octubrismo, a la posible izquierda revoltosa y asegurar el modelo de manera que la estructura económica y política se mantuviera bajo la égida indiscutida del neoliberalismo.

4 años después, Boric sale de La Moneda, con un modelo neoliberal robustecido, aunque su supuesto “legado” intente instalar en el imaginario otra cosa, deja Palacio al precio de un octubrismo muerto, con una izquierda famélica y con una derecha robustecida en su expresión más extrema.

Misión cumplida, a descasar unos meses, quizás un año, a esperar las futuras misiones de los que realmente mandan.

Marzo 2026.  Desde el corazón del neoliberalismo,

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