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¿REGULAR O SOCIALIZAR LA IA?

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¿REGULAR O SOCIALIZAR LA IA?

Claudio Katz 1

El desmanejo de la Inteligencia Artificial por su automejora se ha convertido en
la pesadilla del momento. Crece el temor a la capacidad de ese sistema para superar las
órdenes emitidas por los humanos, a medida que su acelerado desarrollo les permite
operar por su propia cuenta.

Ese riesgo fue señalado primero por los empleados de varias compañías del
sector en una impactante carta pública. Luego se sumaron algunos directivos
involucrados en los proyectos de gestación de una superinteligencia auto mejorante.
Advirtieron contra los peligros de la IA y su potencial desencadenamiento de un evento
de extinción del planeta. Finalmente, un renunciante de esas compañías compartió su
temor a que las computadoras espiralicen los mecanismos de programación de sí
mismas. Anunció que la IA podría “matarnos a todos” antes de concluir la década y
confesó que esa preocupación es compartida por los principales responsables de ese
dispositivo 2 .

SOSPECHOSAS ALARMAS

En el nuevo clima de pánico desatado por la IA, los popes de OpenAI, Anthropic
y xAI han tomado en cuenta el llamado a pausar y controlar su ritmo de auto
entrenamiento.

Luego de disentir sobre la conveniencia o factibilidad de esa regulación han
sugerido convalidar ese control, aunque sin precisar la forma en que se implementaría
esa supervisión. Trump personifica al coro de voces disonantes, que atribuyen a la
acción de “fuerzas malignas” cualquier intento de ralentizar el avance de la IA. Señala
que con esa pausa Estados Unidos perdería la carrera frente China y convoca a impedir
ese resultado.

En medio del creciente miedo a un escenario de ciencia ficción, nadie sabe
cuáles son las posibilidades reales de una catástrofe planetaria provocada por la IA. El
descontrol a través de "alucinaciones" generadas por sus modelos ha sido un peligro
insinuado en varias ocasiones 3 .

El gran temor a la “automejora recursiva” de las computadoras, radica en que los
programadores pierdan la capacidad de comprender los lenguajes de la propia IA. De
ahí surge el escenario distópico de máquinas que puedan dialogar entre sí y burlar los
controles, hasta generar algún colapso financiero, energético, sanitario o político 4 .
El chatbot Claude de Anthropic creaba hace un año el 10% del código base de
realimentación de su propio sucesor y en la actualidad genera más del 80% de ese auto
entrenamiento 5 . En un incidente severo de gran autonomización, tanto el ChatGPT
como el Claude registraron inexplicables descontroles que trastornaron a sus creadores,
ante la dificultad para discernir el origen de esas alteraciones 6 .

Esa pérdida de la supervisión humana sobre las acciones gestionadas por la
propia IA, se inscribe en la dinámica de las catástrofes que incuba el capitalismo. Ese
sistema se rige por la brutal competencia entre empresas, que disputan mercados y
beneficios sin tomar en cuenta las incontrolables consecuencias de esa rivalidad.
Por esa razón no pueden gestionar en forma racional, controlada y medida los
riesgos técnicos que genera cualquier innovación. Pero el grado de peligro próximo y
efectivo del auto entrenamiento de la IA es una gran incógnita.

La campaña de denuncias simultáneas y atemorizantes que convalidan los jefes
de la plutocracia digital suscita muchas sospechas. Llamativamente alertan contra los
propios productos que ellos desarrollan, promueven y venden y por esa razón, las
regulaciones en debate podrían apuntar a garantizar la supervivencia de esas compañías.
Las firmas enfrentan dos amenazas muchos más perceptibles que el fin de la
humanidad: la competencia china y el desplome de acciones en Wall Street. No sería la
primera vez que los grandes capitalistas consiguen mayores subsidios estatales, para
contrarrestar una amenaza gestada, potenciada y magnificada por ellos mismos.
La controversia sobre la regulación de la IA destapa también una contradicción
interna del mundo empresarial norteamericano. Por lado, se ubican los sectores
dominantes que pretenden proteger su oligopolio mediante la introducción de costosos
protocolos de seguridad y normas adversas para las firmas aspirante a ingresar al
circuito actual de la IA. Esa es la postura de Anthropic.

Por otra parte, los grandes proveedores de chips promueven ampliar sus
mercados y clientes sin ninguna restricción. Es la política que alienta Nvidia. En el
medio se ubican las firmas que ya tienen convenios atados al Pentágono y no quieren
competidores, pero al mismo tiempo necesitan acelerar la confrontación con China. Esa
es la actitud que transmite Palantir 7 .

En cualquier caso, las empresas tienen en mente el autocontrol, en función del
plan de negocios de cada una. Nvidia, lanzó por ejemplo una nueva herramienta para
prevenir desmanejos que ella misma supervisará, a fin de preservar la monumental
supremacía que detenta en el campo de los semiconductores 8 .

Todos los involucrados en el negocio de la IA proclaman que ese dispositivo
podría extinguirnos, pero continúan desarrollándolo y afirman que participan en una
inevitable carrera contra el competidor chino. Pretenden convencer al mundo que su
modalidad de innovación es la única posible y que el futuro pertenecerá a quién controle
ese manejo 9 .

El mismo argumento de "fin de la historia" y "fin del trabajo" fue utilizado por el
neoliberalismo para justificar la precarización laboral. Ahora, el "fin de la humanidad"
es expuesto para consolidar el sostén estatal a los mil millonarios de la casta digital.
Gestando ese clima ocultan que el mayor peligro de la IA proviene de su
implementación capitalista y no del fetichizado despotismo, que ejercerían los
humanoides robotizados sobre los simples mortales 10 .

Discutir los peligros de la IA en los términos de su “alineamiento” benévolo u
hostil con la raza humana es un engaño mayúsculo. Soslaya que los dueños y
beneficiarios de esa tecnología se enriquecen a costa del grueso de la sociedad, creado
terroríficas advertencias para consolidar sus ganancias.

ANTÍDOTOS Y AMENAZAS

La comparación más frecuente de los peligros de la IA remite a la energía
atómica y a la posibilidad de una destrucción de la humanidad por el uso militar de esa
tecnología. Desde la Segunda Guerra Mundial todo el planeta ha convivido con esa
sombría perspectiva, que al principio estuvo restringida a un choque devastador entre
Estados Unidos y la URSS y posteriormente se extendió al significativo número de
países que cuentan con armamento atómico.

Esa proliferación ha operado como una disuasión nuclear que paradójicamente
limita la multiplicación de las guerras. En la medida que los contendientes cuentan con
fuerzas para destruir todo el planeta (y por lo tanto a sí mismos), ese poderío incide
como un freno de la escala bélica.

Es un antídoto que operó durante la guerra fría y se acrecentó posteriormente,
con la tenencia de bombas atómicas por parte de un mayor número de contendientes 11 .

Ese antecedente -que ilustra como el equilibrio del terror contrapesa desenlaces
apocalípticos- podría ser extendido en cierta medida al desenvolvimiento de la IA.
Pero esa comparación también recuerda que la inexistencia de un desenlace
atómico final ha convivido con la multiplicación de las guerras, las masacres y las
tragedias bélicas y que el mayor peligro inmediato de la IA justamente transita por sus
aplicaciones militares. Esa utilización ya se verificó en el asesinato de niñas en una
escuela de Irán y en los indescriptibles crímenes de Gaza.

La IA está operando en estas sangrías con la directa participación de OpenAI,
Anthropic y xAI. ¿La regulación que ahora ellos aceptan, incluiría la prohibición de ese
uso mortífero? Al discutir sobre un eventual fin de la humanidad se elude esta pregunta.
Hablando del colapso futuro de todo el género humano se evita debatir el brutal
genocidio con IA que se perpetra en Palestina a la vista de todo el mundo. Mientras
estos temas sean soslayados, todos los debates continuarán navegando por la nebulosa
de los enunciados genéricos. La regulación de la IA es obviamente indispensable, pero
no será efectiva, ni beneficiosa para las mayorías, mientras persista el despotismo que
ejercen los enriquecidos propietarios de las empresas.

Por el momento OpenAI dejó atrás su rechazo inicial a la propuesta de control
consensuado que propone Anthropic y que el Papa conceptualizó en una encíclica. León
XIV señaló que detrás de la IA hay personas y no el mero universo mágico inmaterial,
que sugieren los dueños de esa tecnología. Señaló la extensa red de recursos naturales e
infraestructuras energéticas que están generando dinámicas regresivas y
deshumanizadoras. Pero esas denuncias no definen el contenido de una eventual
regulación, que podría consolidar, debilitar o erradicar el poder de los dueños de la IA.

Ese ordenamiento no será neutral e involucraría incontables áreas. Algunas
podrían desafiar directamente a la plutocracia digital, con la masificación del rechazo a
la instalación de Centros de Datos, que ya se observa en distintas zonas de Estados
Unidos y el mundo. Por el contrario, esa futura regulación podría dotar a los magnates
de más instrumentos legales para consolidar los pilares energéticos de su negocio. Pero
cualquier definición incidirá en otra dimensión clave del problema, que es la estrecha
relación con la IA con el deterioro del medio ambiente.

EL MISMO DESMADRE

La IA acentúa la crisis ambiental a través de la construcción de Centros de
Datos, que operan como la principal infraestructura de esa tecnología. Su
funcionamiento exige un elevadísimo uso de agua y energía para refrigerar decenas de
miles de servidores, que consumen volúmenes de megavatios equivalentes a pequeñas
ciudades.

Ese procesamiento aumenta drásticamente las temperaturas locales y de la
atmósfera planetaria. En 2023 solo Google utilizó casi 23.000 millones de litros para
refrigerar sus instalaciones y Microsoft tiene previsto construir su propia central nuclear
para hacer funcionar esos dispositivos 12 .

Se estima que el auge de la IA provocará un incremento de la demanda
energética mundial de 19 % al 22 % anual hasta 2030 y otras estimaciones señalan que
ese requerimiento energético se multiplicará por 10 cada 6 meses. La alta inversión en
un hardware que se torna obsoleto al poco tiempo, genera una chatarra monumental que
deteriora al medio ambiente.

Gran parte de las analogías que se establecen entre la IA y el peligro de un
estallido atómico se extienden a la degradación ambiental. La distópica alerta frente al
nuevo dispositivo que “puede mataros a todos”, tiene muchas semejanzas con los
augurios de extinción de los espacios habitables del planeta.

Al igual que la IA, el cambio climático afronta puntos de inflexión catastróficos,
que generan una incontenible retroalimentación de tensiones. El equivalente de las
computadoras superinteligentes por su auto entrenamiento, son los grados de
calentamiento global por encima de los niveles preindustriales, que tornan irreversible el
deterioro del medio ambiente.

Las calamitosas advertencias que ahora se propagan en torno a la IA tienen
muchos de contacto con las admoniciones que rodean al desastre ambiental. Basta
recordar que entre 1991 y 2021 se emitió más dióxido de carbono que en los dos siglos
anteriores y que con excepción de la pandemia, esas propagaciones no han dejado de
crecer año tras año 13 .

Esas advertencias se basan en la simple observación del salto registrado en el
procesamiento de materias primas que genera el calentamiento global. Ese consumo
pasó de 7 mil millones toneladas en 1900, a 14 mil millones a mediados de siglo, a 100
mil millones de toneladas en la actualidad y alcanzaría 200 mil millones en 2050,
dañando en forma irreparable a todos los ecosistemas 14 . La descontrolada velocidad que
convulsiona el desarrollo de la IA sintoniza con ese desmadre ambiental.

Ambos procesos han sido abruptamente acelerados por el impulso militar. La
economía fósil renació a pleno en los últimos años, para satisfacer la demanda bélica
generada por los conflictos de Ucrania y Medio Oriente. Indujo un récord de
extracciones de petróleo y gas con la consiguiente multiplicación de la contaminación
global.

Solo el gasto militar de la OTAN en 2023 causó un récord de emisiones de gases
con efecto invernadero 15 . El porcentual de IA destinado a la actividad bélica es
igualmente arrollador, desde el momento que ese destino es la prioridad del sector. Por
esa razón, Estados Unidos es el epicentro de ambas calamidades.

La revolución del esquisto convirtió al primer consumidor mundial de petróleo,
en una gran potencia productora y exportadora de crudo. Si el aparato militar
estadounidense fuera catalogado como un Estados-Nación ocuparía el puesto 47 en el
ranking de emisores del mundo. Por esa dependencia de la economía fósil, Estados
Unidos se mantiene como un Petro-Estado que evita el tránsito hacia los Electo-Estados,
que fomentan los países auspiciantes de las energías renovables 16 .

SEMEJANZA DE IMPACTOS

La familiaridad de adversidades de la IA con los trastornos climáticos deriva del
pilar capitalista común que sostiene su desarrollo en Occidente. Los cataclismos que
incuban ambos fenómenos provienen de la descontrolada competencia de las empresas
por maximizar sus ganancias a costa de la sociedad y del propio futuro de la humanidad.
Los plutócratas de la IA se embarcaron en un alocado galope para recaudar dinero y
liderar el sector, sin tomar en cuenta los potenciales siniestros de esa carrera.
El desastre ambiental está determinado por la misma rivalidad capitalista y
puede desembocar en el mismo suicidio colectivo por el simple sobreuso de los
combustibles fósiles. Como señalan las víctimas de los recientes incendios en Europa:
“No nos mata el calor, nos mata el capitalismo 17 .

Por ese determinante social, la nueva fase de la historia geológica signada por el impacto ambiental de la actividad humana (Antropoceno), no es un efecto de la mera desconsideración por la naturaleza. Es una consecuencia de la irracionalidad del sistema imperante (Capitaloceno) 18 .

En los dos terrenos la ideología ultraderechista niega las consecuencias de la
tragedia que se está gestando. Trump expone esa ceguera con su habitual brutalidad.

Afirma que el cambio climático es invento de los científicos para ganar renombre
adulterando los datos y proclama que pausar IA es una conspiración para favorecer a
China.

Sus adláteres ignoran el efecto invernadero, el deshielo de Groenlandia y la
Antártida. Desconocen las sequías, las inundaciones y las oleadas de frío polar o calor
tropical. También desatienden los incendios forestales, la destrucción de la
biodiversidad, el hundimiento de islas en el Pacifico y la desaparición de especies
vegetales.

Ese mismo negacionismo ha imperado hasta ahora en el universo de la IA por el
mismo servilismo a los capitalistas. En el terreno ambiental es evidente la sumisión a las
100 compañías responsables del 70 por ciento de las emisiones de gases contaminantes 19
. En la IA, todos tributan a los millonarios de Space, Anthropic, OpenAI, Google, Meta,
Microsoft o Amazon.

Recurren a la misma matriz ideológico-reaccionaria para justificar esa
adulación. En el plano ambiental, naturalizan la crisis climática con miradas
neomalthusianas o extreman el negacionismo con posturas ecofascistas. En el campo de
la IA, propagan tesis transhumanistas de inexorable primacía de las computadoras super
inteligentes y de eternidad de una casta superior de gestores de esos aparatos. Ese
fundamento regresivo subyace en la propia pretensión de crear una IA superior a los
mortales.

Pero nadie logra explicar qué sentido tiene gastar tantos recursos escasos, en
producir artificialmente el atributo de la inteligencia, que 8.000 millones de seres
humanos ya tienen de su nacimiento. El dinero que se despilfarra en esa empresa tendría
un mejor destino en la educación y en el estímulo de la inteligencia humana, que en el
delirante intento de remplazarla 20 .

Como las comparaciones entre la IA y el cambio climático se extienden también
al terreno de las propuestas, conviene recordar lo ocurrido en las últimas décadas con
todas las iniciativas de atenuación del desastre ambiental. Ese balance ofrece un
instructivo antecedente para los debates actuales sobre la próxima regulación de la IA.
El fracaso fue el dato característico de todos los eventos (Cumbres sobre el clima,
Protocolo de Kioto, Acuerdo de Paris) que intentaron desenvolver alguna modalidad de
capitalismo verde 21 .

El fallido fue igualmente categórico con las soluciones eco-capitalistas de
mercantilizar el clima con bonos e inversiones. Sus auspiciantes neoliberales
infructuosamente supusieron que la protección de la naturaleza podría efectivizarse con
la privatización. Ese mismo camino de parámetros capitalistas retoma la plutocracia
digital, para regular la IA a expensas de la inmensa mayoría de la población.

La comparación se extiende finalmente al lugar asignado a la periferia. Frente a
la creciente oposición a la construcción de Centros de Datos en localidades de Estados
Unidos, los milmillonarios pretenden trasladar esos emprendimientos a los países
periféricos. Publicitan que por esa vía se podrán generar empleos, cuando en los hechos
esa creación será mínima. Es evidente que, una vez finalizada la construcción de las
instalaciones, esa infraestructura será gestionada en forma remota desde la sede central.
Tal como ocurre con el cambio climático, la periferia carga con todas las adversidades
potenciadas de la nueva tecnología.

¿A QUIÉN PERTENECE LA IA?

Las alarmas encendidas por los desarrolladores de la IA han colocado las
discusiones sobre el futuro de esos sistemas en el centro de la agenda global. Las
demandas de regulación incluyen al propio entorno de Trump, que eliminó todas las
restricciones al sector, instaurando el escenario de piedra libre utilizado por las
empresas para hacer lo que les place. Esa desregulación aceleró el temido descontrol de
la IA.

Las voces de rechazo han llegado hasta el propio mundo ultraderechista. Un ex
líder del trumpismo como Banon acaba de asumir posturas “tecno negativas”, en
confrontación con Thiel. Exige regulaciones, protección de empleos y estrictas
limitaciones al avance de la IA 22 .

Todos los sucesos en el enigmático campo de ese sector suscitan más sospechas
que certezas y por esa razón se impone evaluar con mucho cuidado el contenido cada
regulación en debate, para distinguir vetas positivas de lineamientos regresivos.
En el plano más general parecen despuntar por el momento tres grandes
variantes de regulación. El sector más liberal de OpenAI y SpaceX propician controles
mínimos o cosméticos, confiando en su funcionalidad para la continuada pulseada con
China. Inspirados en el discurso transhumanista de Thiel y Karp, se han embarcado en
una cruzada que rechaza cualquier restricción significativa al desarrollo de la IA. Como
estiman positivo trascender con esa tecnología los límites biológicos de la especie
humana, alientan el modelo aceleracionista, sin temor a las devastadoras consecuencias
de ese rumbo 23 .

La segunda perspectiva que postula Anthropic alerta contra el horizonte
distópico si continúa el curso actual. Propone establecer normas de contención basadas
en una pausa concertada. En la versión del denominado "Consenso de San Francisco"
esa supervisión quedaría restringida a Estados Unidos y sus aliados de Occidente, a fin
de mantener la disputa geopolítica con el rival asiático 24 .

China encabeza la tercera propuesta que ha explicitado Xi Jinping en una
reciente Conferencia Mundial. Postula convocatorias a una regulación mundial
concertada, basada en principios contrapuestos al transhumanismo y el aceleracionismo,
Propone además incorporar al Sur Global en convergencia con ciertas ideas de la
Encíclica del Papa 25 .

El gigante oriental no posee todavía una única ley integral de inteligencia
artificial, sino normas sobre algoritmos y propone una arquitectura internacional basada
en crear un organismo de gobernanza (WAICO), integrado a las instituciones que
promueve China (Organización de Cooperación de Shanghai, BRICS) y la ONU. Por
esa vía propicia alianzas que desbordan su competencia bilateral con Estados Unidos 26 .
La estrategia general de China apunta a limitar los riesgos del descontrol de la IA, pero
sin aceptar regulaciones congelen las ventajas que Estados Unidos mantiene en varios
campos.

Entre estos esbozos de genéricas posturas para afrontar los peligros de la IA han
irrumpido también numerosas iniciativas para establecer normas inmediatas de
protección a los efectos de la IA. Estas iniciativas incluyen eliminar la utilización de
chatbots en menores de edad y buscar la complementación de tareas con el trabajo
mental, en lugar sustituirlo 27 .

En la discusión sobre los criterios que deberían regir la regulación de la IA se ha
generalizado el rechazo a que las computadoras puedan adoptar decisiones por sí
mismas. Hay una creciente exigencia de garantizar el control humano de esas instancias,
mediante una estricta clasificación de los riesgos en juego en cada operación.

Pero el trasfondo del problema es a quién corresponde el manejo general de la
IA más allá de su regulación inmediata. Si esos controles convalidan y refuerzan la
pertenencia de ese sistema al puñado de billonarios que actualmente controla el
dispositivo, persistirán todas las adversidades, injusticias y cataclismos que derivan de
ese manejo.

Por esa razón es muy positiva la multiplicación de iniciativas que apuntan a la
estatización, nacionalización o socialización de las firmas que controlan la IA. Bernie
Sanders propuso por ejemplo la creación de un Fondo Soberano, para que esas
compañías cedan una participación accionaria del 50% al conjunto de la sociedad. Ese
planteo empalma con proyectos para imponer altos gravámenes a los billonarios del
sector digital.

Hay muchos modelos de socialización posibles tanto de la propiedad de las
empresas, la gestión de los datos y de las formas de control. Pero el punto de partida de
esos desenvolvimientos es el fin del manejo de la IA por parte de un puñado de
billonarios.

Es evidente que la crítica moral a las desigualdades y peligros que genera el
actual desenvolvimiento de la IA persistirá como una mera abstracción, sin un drástico
correlato de exigencias impositivas y cambios en la propiedad. Lo que está en juego es
el futuro de un bien que ha sido apropiado por un puñado de capitalistas, en desmedro
de toda la sociedad.

EXPLOTACIÓN Y CONFISCACIÓN

El usuario se ha convertido en un protagonista central del capitalismo digital,
porque aporta los datos reunidos, acumulados, seleccionados y mercantilizados por las
empresas. Con esa provisión de información han contribuido en forma consciente o
inconsciente a forjar el cimiento del sistema que maneja la plutocracia informática.
Ese aporte de datos no equivale a un trabajo por parte de los usuarios. No actúan
como asalariados contratados por las firmas, para cumplir labores en las plataformas o
en los servicios complementarios de esas estructuras.

En los términos tradicionales de la economía política, los usuarios desarrollan
una actividad (labor) y no un trabajo (work). Suministran a Facebook, Google, Apple,
OpenAI el soporte básico para el desenvolvimiento de las redes de forma gratuita, sin
participar en los contratos de contraprestación que caracterizan a las relaciones
laborales.

Esa distinción entre el trabajo realizado en las plataformas (o en ligazón con
ellas) y la actividad pasiva del usuario, es una diferencia clave para comprender el
capitalismo digital. Los autores que subrayan esa disimilitud han aportado una guía
esencial para clarificar el modelo actual 28 .

En términos marxistas esa distinción remite a la diferencia entre formas de
explotación y dominación. El primer caso implica sometimiento del trabajador a las
relaciones de explotación y extracción de plusvalía que sostienen la ganancia de los
patrones. El segundo concepto alude a todas las actividades que el capitalismo apropia y
mercantiliza en su propio desarrollo. Se adueña de la naturaleza, los bienes comunes y
los frutos de múltiples actividades humanas, sin transitar por la intermediación del
trabajo.

El capitalismo de plataforma se nutre de este segundo cimiento, a través de la simple acción de los usuarios, que en su conexión con las redes aportan, reciclan y perfeccionan los datos transformados en algoritmos por ese sistema. Esa participación puede ser premeditada o totalmente desconocida por los participantes de un circuito, que actualmente involucra al grueso de los habitantes del planeta. El propio sistema ha generado una dinámica de auto reproducción de esos cimientos, sin ninguna consulta a
los actores que aportan los datos mercantilizados a sus espaldas.

Algunos teóricos han conceptualizado con más precisión la diferencia que separa
al trabajador del usuario de las redes, con numerosos ejemplos de operaciones
semejantes frente a las pantallas, cuyo contenido es radicalmente contrapuesto. Cuando
una misma persona se distrae con las curiosidades de Facebook actúa como participante,
pero no como trabajador mental de ese circuito. Si por contrario, recibe un sueldo por
nutrir al Big Data de ese sistema o desarrolla su propia acción como community
manager, desenvuelve un trabajo.

El carácter cualitativamente diferenciado de esas operaciones suele confundirse
con frecuencia, porque involucra actos desarrollados en el mismo lugar y a veces
durante el mismo lapso de tiempo. Pero es importante distinguir ambas situaciones, para
diferenciar cuando la misma persona actúa en su condición de trabajador o de
consumidor de un bien.

La plusvalía que nutre el beneficio del capitalista es generada en la primera
situación y no en la segunda y la explotación está presente en la relación contractual
asalariada y no en el uso corriente de un artefacto por parte del mismo individuo. El
parecido de la acción frente a la pantalla, digitando las mismas teclas no debe ocultar
esa diferencia central. Desenvuelve acciones cualitativamente distintas mediante actos
formalmente parecidos 29 .

BIENES PÚBLICOS APROPIADOS

Si los datos aportados por el usuario no constituyen un trabajo: ¿Qué tipo de
bienes conforman esos insumos y qué uso le asignan los capitalistas? En los hechos,
constituyen recursos públicos apropiados por los poderosos. Esos datos son bienes
compartidos gratuitamente y disponibles para toda la comunidad, que la plutocracia
digital confisca para su propio beneficio.

Esa expropiación repite en el siglo XXI la captura que hicieron los terratenientes
de las tierras comunales en el nacimiento del capitalismo. Tomaron esas extensiones
expulsando a los campesinos, para sentar las bases de la acumulación primitiva que
sostuvo la posterior acumulación del capital. Con los datos se ha reproducido esa
incautación. Las compañías se apropiaron de esos insumos sin ningún costo y los
mercantilizan a su favor, construyendo las billonarias fortunas que actualmente exhiben
Gates, Musk, Bezos, Page o Zuckerberg.

Consumaron esa expropiación acaparando datos, que hasta los años 80 surgían
de las encuestas y las bases de información pública. Posteriormente digitalizaron esos
insumos, aprovechando el creciente uso de las tarjetas de crédito bancarias y la
incipiente difusión de Internet. Esa confiscación operó como un gran “colonialismo de
datos” por el nivel de captura, recopilación y almacenamiento de la información
apropiada.

Las empresas confiscaron bienes públicos que no les pertenecían, porque esos
datos son recursos de toda la comunidad. Lo mismo sucede con otros bienes públicos
(aire), espacios públicos (comunicación), lugares públicos (plazas), organismos públicos
(museos), instituciones públicas (educación) o servicios públicos (transportes) 30 .

Los datos apropiados por la plutocracia digital forman parte de ese universo disponible para todos miembros de una sociedad, que un puñado de usurpadores ha capturado para su beneficio. Es el mismo proceso de privatizaciones que ha regido durante el neoliberalismo, con la diferencia que en este caso no hubo siquiera alguna formalidad de compras, licitaciones o contratos.

Los datos conforman bienes comunes sociales y no naturales, porque son
producto del desarrollo histórico de la sociedad y no del entorno físico que rodea a los
seres humanos. Incluyen un inconmensurable ecosistema de códigos, ideas, imágenes y
productos y cimentan un patrimonio cultural que ha sido enriquecido de manera
cooperativa. Ese acervo ha sido tomado por los billonarios que manejan la Inteligencia
Artificial.

Ese tipo de expropiación es corriente en la dinámica de la acumulación
capitalista y algunos economistas suelen presentarla como una “externalidad”. Utilizan
esa denominación para aludir a un beneficio obtenido por las empresas en forma
gratuita, omitiendo que ese lucro se consuma a costa de los excluidos de esa fortuna.

Esa captura del bien disponible tiende a naturalizase y con el paso del tiempo ya
nadie pregunta cómo se consumó una desigualdad tan grande, entre los sustractores y
los privados de ese recurso. Lo mismo ocurre actualmente con los datos. Se ha tornado
tan corriente el uso del sistema digital, que nadie consulta el origen del enriquecimiento
logrado por los plutócratas de la informática. Las huellas en su expropiación tienden a
quedar borradas.

Es muy importante clarificar ese origen en plena irrupción de la IA, porque la
corriente dominante en la economía suele presentar a los datos como un mero factor
adicional de la producción, carente de historia y contendido social. Es visto como un
bien con virtudes mágicas e inmateriales que emergió por curiosidad, invención,
clarividencia o empeño de sus gestores.

Con esas alabanzas se oculta que los algoritmos y modelos que sostienen a la IA,
conforman un conocimiento formalizado a partir de la expropiación de un bien público.
Las computadoras se auto entrenan utilizando ese recurso en Centros de Datos, que
devastan el agua y la energía, con la misma impunidad que las empresas capturaron los
datos 31 .

La IA aprende a través del propio uso de un bien público que pertenece a toda la
sociedad. Se nutre de una materia prima universal que depende del aporte colectivo. La
socialización de ese recurso es por lo tanto un acto de justicia, frente a la confiscación
perpetrada por el capital. Partiendo de esta conclusión se puede evaluar con más solidez
y consistencia los peligros que suscita el desarrollo actual de la IA.

La Inteligencia Artificial conforma un bien común, digital, asentado en el
atributo del conocimiento y debe desenvolverse con esos parámetros. El capitalismo
impide o socava ese sentido y solo subrayando esa distorsión se puede encontrar el
camino para afrontar los peligros de un futuro distópico. Con ese hilo conductor
analizaremos en el próximo texto la gravitación de los cambios laborales en el
capitalismo digital.

10-10-2026

RESUMEN
El potencial descontrol de la IA deriva de la competencia ciega por el beneficio,
pero la sospechosa alarma actual incuba subsidios a las empresas afectadas por la
rivalidad china y la burbuja bursátil. Se reproducen escenarios de contienda atómica,
pero el uso militar ya verificado es el peligro más inmediato. Hay enormes semejanzas e
interacciones con el desmadre climático. Todas las adversidades persistirán, si en lugar
de socializar la IA se convalida el poder de una plutocracia digital, que se adueña de los
datos, mercantilizando a su favor un bien común de la sociedad.

1 Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA
2 Lantos, Nicolas (2026). La IA va a matarnos a todos y otras preguntas más importantes
https://www.eldestapeweb.com/politica/ia-va-matarnos-todos-
3 Roberts, Michael (2026) IA: Una oportunidad única
08/06/2026 https://www.sinpermiso.info/textos/ia-una-oportunidad-unica
4 Fernández Peláez, Julio (2026). De qué manera nos matará la inteligencia artificial
https://rebelion.org/de-que-manera-nos-matara-la-inteligencia-artificial/
5 Página 12 (2026) Anthropic pidió una pausa global de la IA
https://www.pagina12.com.ar/2026/06/06/anthropic-pidio-una-pausa-global-de-la-ia/
6 Lantos, Nicolas (2026) IAs rebeldes, manipulación masiva y soberanía algorítmica
https://www.eldestapeweb.com/politica/ias-rebeldes-manipulacion-masiva-soberania-
algoritmica-20267252197
7 Chingo, Juan (2026). La IA no puede frenar: la disputa detrás del "Apocalipsis"
https://www.laizquierdadiario.com/La-IA-no-puede-frenar-la-disputa-detras-del-
Apocalipsis
8 Esteban, Pablo (2026) ¿Sirve el control a la IA por sus propios desarrolladores?
https://www.pagina12.com.ar/2026/09/29/sirve-el-control-a-la-ia-por-sus-propios-
desarrolladores/
9 Varsavsky, Julián (2026). Las diferencias culturales y política definen la legislación
respecto de la IA China y EE.UU. regulan distinto
https://www.pagina12.com.ar/2026/09/15/china-y-eeuu-regulan-distinto/
10 Bach, Paula (2026). A propósito de la renuncia de Jacob Coxon, la IA y la extinción
de la humanidad https://www.laizquierdadiario.com/A-proposito-de-la-renuncia-de-
Jacob-Coxon-la-IA-y-la-extincion-de-la-humanidad
11 Katz Claudio (2026). La Epopeya palestina, Batalla de Ideas Buenos Aires, (P 44-45)
12 Sundaram, Jomo Kwame; Kuhaneetha Bai (2025). Inversiones en centros de
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13 Seoane, José (2025). Entre el negacionismo climático y la adaptación microsocial
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14 Mercatante, Esteban (2023). Decrecionismo y (eco)socialismo, ¿perspectivas afines o
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15 Kaos en la red (2026). El gasto militar récord de la OTAN en 2023 causó más
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16 Tooze, Adam (2026) Petroestados y electroestados: una distinción complicada
https://wwwGAF.sinpermiso.info/textos/petroestados-y-electroestados-una-distincion-
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17 La Haine (2026). No nos mata el calor, nos mata el capitalismo 27 de julio 2026.
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18 Martin, Facundo Nahuel (2020). Un primer mapa de la cuestión
Marxismo y ecología: ¿historia de un desencuentro? https://vientosur.info/un-primer-
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19 Malm, Andreas (2024). El proyecto fundamental de la ultraderecha es defender el
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20 Magnani, Esteban (2024). Dudas sobre la apuesta millonaria por una tecnología en
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21 Roberts, Michael (2022) ¿Otro COP (van 27) inútil?
https://www.sinpermiso.info/textos/otro-cop-van-27-inutil
22 Delle Donne, Franco (2026) La IA desata una guerra civil en el mundo MAGA y
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23 Infobae (2026), Grabois habló de su reunión con Peter Thiel:
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anticristo-argentina-como-cabecera-de-playa-y-como-piensa-el-dueno-del-circo
24 Roffinelli, Gabriela (2026). IA, monopolio tecnológico y reproducción de la
dependencia en el capitalismo contemporáneo (próxima aparición)
25 Ng, Gustavo (2026) La inclusividad en la gobernanza de la IA propuesta por China
https://tektonikos.website/la-inclusividad-en-la-gobernanza-de-la-ia-propuesta-por-
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26 Vaca Narvaja, Sabino (2026) China. Xi, Trump y la batalla por gobernar la
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27 Acemoglu, Daren (2026). Por qué debemos dejar de hablar de la inteligencia artificial
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https://sinpermiso.info/textos/por-que-debemos-dejar-de-hablar-de-la-inteligencia-
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28 Míguez, Pablo (2020): Trabajo y valor en el capitalismo contemporáneo. Reflexiones
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29 Carchedi, Guglielmo (2014). Old Wine, New Bottles and the Internet, Work
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30 Fuchs, Christian (2021). Los bienes comunes digitales y la esfera pública digital: cómo
impulsar la democracia digital hoy, Westminster Papers in Communication and
Culture 16(1), 9-26. doi: https://doi.org/10.16997/wpcc.917-
31 López, Juan Torres (2026). ¿A quién pertenece la Inteligencia Artificial?
https://rebelion.org/a-quien-pertenece-la-inteligencia-artificial/

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