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Perú – La ira desatada y un salto al vacío

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Por Gustavo Espinoza M. /Resumen Latinoamericano, 03 de octubre 2026.

La Fujimoti con Narco Rubio

Antes de irse a Naciones Unidas, en un acto celebrado  el 20 de septiembre en la Plaza de La Bandera, Keiko Fujimori estalló en ira y amenazó a más de la mitad del país -es decir a todos sus opositores-  con usar “la mano dura” para imponer sus políticas. En la ONU, en un discurso pequeño y aldeano orientado apenas a limpiar el rostro de los asesinos, repitió la misma monserga recibiendo a cambio el aplauso caluroso de los 8 diplomáticos peruanos que trabajan en las oficinas de nuestro país en ese organismo.  

En realidad, su pistola verbal estaba cargada desde antes. Y se había puesto en acción desde el 8 de septiembre cuando Donald Trump anunció al mundo que había decidido incorporar al Perú al “Escudo de las Américas”, lo que fuera ratificado por su secretario de Estado desde Caracas al día siguiente e informado oficialmente al país por Keiko Fujimori en agradecimiento por haberla hecho “presidente constitucional de las República” violentando los comicios el 7 de junio.

Pasados ya más de 60 días de ese hecho luctuoso, la mandataria peruana no tiene un solo punto que mostrar a la sociedad peruana como éxito de su gestión. Igual -o incluso peor que antes- cada día matan transportistas o se consuman crímenes de todo orden en una sociedad atosigada por la violencia y atravesada por la sangre.

Quienes quieren poner en evidencia la incapacidad del régimen para cambiar ese escenario, suelen recordar que la señora había prometido que “desde el primer día” cambiaría la situación peruana e impondría el orden y la ley. Nada de eso ha ocurrido.

Lo único que se ha registrado ha sido un alza de decibeles en los gritos de la precaria inquilina de Palacio, que no puede contener la furia ante cada despropósito que fluye de su gestión gubernativa, a la par que un alza desmesurada de precios de los alimentos y artículos de primera necesidad en los mercados.

Y es que cada día la realidad le da un portazo en la cara y pone al descubierto sus mentiras y precariedades. Ella dijo, por ejemplo, que “El Escudo de las Américas” era apenas un compromiso internacional para combatir el crimen y la delincuencia.

Así lo sustentó, además, el funcionario de la embajada de los Estados Unidos, que funge hoy como Canciller peruano y lo elogió Bernie Navarro, el embajador USA, que cada día mete su cuchara en cuanto plato encuentra.  

Después se ha confirmado lo que era obvio: que se trataba de un “acuerdo” económico y productivo que compromete toda nuestra riqueza -incluido el cobre, el oro y el litio- además de las “tierras raras” que la administración yanqui busca obsesivamente por contener minerales que requiere con urgencia para la fabricación de armas de destrucción masiva y otras similares.

Expulsado recientemente de Afganistán y obligado a salir con el rabo entre las piernas de Irak, el gobierno de los Estados Unidos cae en una desesperación galopante y se proclama dueño de todo el continente americano. Por eso apunta hacia la minería, pero también a nuestra biodiversidad y nuestra riqueza acuífera.  

Por si eso fuera poco, el acuerdo alude también al TIAR, el tristemente célebre Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, que es un convenio militar, de muy ingrata recordación y que diera lugar a convalidar intervenciones militares norteamericanas contra Estados Soberanos de nuestro continente.

Consciente de su debilidad, el gobierno yanqui agita un cotarro alborotado como si fuera un gallinero En él, Donald Trump pretende cumplir el papel de la mamá gallina en tanto sus polluelos -Nasfura, Noboa, Milei, De la Espriella, Katz y Fujimori- buscan perpetuarse bajo una ala protectora que hace agua ahora que caen sus alfiles más preciados: Cerimedo, Diaz-Rosillo,  Damián Valenzuela y otros,

Y claro, ahora Keiko se siente montada sobre el TIAR -engendro siniestro de los más duros años de la “guerra fría”- y alza la voz para “advertir” al pueblo peruano que ya “se le acaba la paciencia”. En verdad, es al pueblo al que se le acaba la paciencia.

La primera señal de ello, lo dio recientemente la población de Loreto que desarrolló durante varios días una masiva huelga contra el régimen sin arrancarle sino tan sólo débiles paliativos. En las próximas semanas habrá nuevas expresiones de la repulsa ciudadana a la política oficial. Por lo pronto, se inició en Jicamarca cuando el pretendió desalojar de sus viviendas a modestos pobladores de la zona-

En su desesperación el régimen recurre a la clásica escopeta de dos cañones. Por un lado “negocia” con sectores vacilantes de la oposición para “salvar” a sus ministros más cuestionados, como los titulares del Interior, Defensa y Educación, sobre los que pende mociones de censura que habrá de ser en cualquier momento reactivados.  Por otro, busca callar a Cesar Hildebrandt lanzando contra él denuncias infames. Vano empeño, sin duda.   

Porque eso lo sabe, hoy pretende leer la historia de una manera deformada, declarando inocentes a los asesinos y ocultando sus crímenes como si estos no hubiesen ocurrido nunca. La vida es más real que la leyenda que se pueda usar para contarla.

Por lo demás, Accomarca,  Umaro, Bellavista, Llocllapampa, Cayara, Pomatambo, y otros lugares, son tan reales y viven tanto en la memoria de los pueblos como el Grupo Colina y las matanzas de Barrios Altos, La Cantuta, El Santa. Pativilca y los Penales en 1985, 1986 y 1992.

Finalmente, el Congreso resolvió delegar facultades legislativas al Ejecutivo en dos materias definidas: la inseguridad ciudadana y las acciones para enfrentar “El Niño”. Puso fin así a la trampa urdida por el gobierno para favorecer ilegalmente a sus “allegados” y cómplices, devolviendo favores electorales.

Que no se alegre el oficialismo, esa no es ninguna victoria de Keiko sino apenas una licencia para dictar disposiciones que serán revisadas luego.   

El peligro, es otro, el que deriva de la exaltación de los temores por parte del régimen. Eso bien puede derivar en un salto al vacío. El pueblo no habrá de tolerarlo.

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