por Franco Mcahiavelo
La última Criteria vuelve a golpear la puerta de La Moneda: Kast cae al 29% de aprobación y alcanza un 59% de desaprobación. En marzo tenía 46% de aprobación. En pocos meses, el castillo de las promesas parece perder ladrillos.
El dato económico tampoco ayuda: una mayoría percibe retroceso y dificultades, mientras crece la percepción de que el Gobierno no tiene un rumbo claro. La retórica del orden choca así con el desorden de la realidad material.
Desde una lectura marxista, la contradicción es evidente: cuando el discurso promete prosperidad, pero la experiencia cotidiana entrega incertidumbre, tarde o temprano la realidad pasa la factura. La propaganda puede pintar las paredes, pero no puede llenar el bolsillo.
Y aquí aparece la ironía: el Gobierno que llegó prometiendo eficacia comienza a enfrentar precisamente aquello que decía venir a resolver: desconfianza, malestar y pérdida de apoyo.
La encuesta no demuestra un giro automático hacia la izquierda. Pero sí revela algo difícil de maquillar: la legitimidad política se erosiona cuando las promesas chocan con las condiciones materiales de la sociedad.











