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¡VIAJERO DEL TIEMPO — SI ALLENDE VIVIERA — SERÍA MILITANTE DEL REENCUENTRO DEL PUEBLO!

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por Franco Machiavelo
 
Si Allende regresara hoy, probablemente encontraría un Chile muy distinto, pero una contradicción demasiado conocida: un país moderno por fuera y profundamente desigual por dentro.

No encontraría su lugar en una izquierda que confundiera administrar el modelo con transformarlo; una izquierda que aprendiera a hablar de justicia social mientras negociaba los límites de la misma estructura económica que decía querer superar.

Porque gobernar desde la izquierda sin tocar las relaciones de poder que producen la desigualdad puede terminar convirtiendo la transformación en simple administración del statu quo.

¿De qué sirve cambiar el discurso si el poder económico continúa sentado en la misma mesa?
Ahí estaría la paradoja: unos prometen cambiar el sistema y terminan cambiando solamente el menú; otros defienden abiertamente el modelo y, al menos, tienen la honestidad de no disfrazarlo.

El problema no sería solamente quién ocupa La Moneda, sino quién controla la riqueza, los medios de producción, la concentración económica y las decisiones fundamentales de la sociedad.

Un proyecto verdaderamente popular tendría que devolver la política a quienes producen, trabajan y sostienen el país. No convertir al pueblo en espectador cada cuatro años, llamado a votar y luego invitado cordialmente a regresar a su casa mientras otros deciden.

El verdadero reencuentro del pueblo tendría que recuperar algo elemental: la política como instrumento de transformación y no como carrera profesional.

Allende entendía que la democracia no debía ser una decoración institucional del poder económico. La democracia debía abrir las puertas de la participación popular, ampliar derechos y disputar democráticamente el poder de quienes habían convertido la riqueza en autoridad.

Por eso, si ese viajero del tiempo apareciera hoy, quizá no preguntaría primero “¿quién gobierna?”, sino algo mucho más incómodo:
“¿Quién manda realmente?”

Y esa pregunta, todavía hoy, sigue siendo explosiva.

Porque mientras el pueblo solamente cambie de administrador, pero nunca pueda cambiar las reglas del juego, la democracia corre el riesgo de convertirse en una elegante sala de espera del poder económico.
El desafío no sería buscar salvadores ni repetir consignas del pasado.

Sería construir nuevamente organización popular, conciencia de clase, participación democrática y un proyecto de transformación social capaz de devolverle al pueblo aquello que le pertenece: su voz, su dignidad y su capacidad de decidir su propio destino.

¡¡¡EL PUEBLO NO NACIÓ PARA SER ESPECTADOR DE SU PROPIA HISTORIA!!!
¡¡¡EL REENCUENTRO DEL PUEBLO COMIENZA CUANDO EL PUEBLO VUELVE A ORGANIZARSE!!! 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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