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Fernando Cerimedo: arquitecto digital de las mentiras que impulsa la ultraderecha latinoamericana.
Fernando Cerimedo se ha consolidado como uno de los operadores políticos más activos de la derecha radical en América Latina. Desde su estructura empresarial (agencia Numen, Academia Numen, decenas de sitios digitales y la plataforma “La Derecha Diario”) ha diseñado y ejecutado una vasta maquinaria electrónica que, con miles de cuentas falsas -que otros llaman “trolls” o “milicias digitales”-, distorsiona el debate, la fe pública y atenta contra las democracias. El mismo Cerimedo contó sin tapujos que usa “miles de cuentas falsas … para engañar a los algoritmos y posicionar mejor los mensajes”.
En Argentina, fue orquestador de la campaña social de Javier Milei, convirtiéndose en su “cerebro digital”; maneja un ejército de “trolls” desde su bunker físico y virtual en Buenos Aires y fue señalado por el STF de Brasil como parte del “núcleo de desinformación y ataques al sistema electoral”. Además, por Zoom contactó a figuras como Patricia Bullrich, quienes lo delinean como un “encantador de serpientes”.
En Brasil, su rol fue aún más alarmante. La Policía Federal lo incluyó en la “Operación Tempus Veritatis” por organizar campañas de fake news -especialmente la transmisión “Brasil Was Stolen” tras la elección de Lula- destinadas a deslegitimar el voto electrónico y preparar el escenario para un golpe, llegando hasta sugerir acampes frente a cuarteles.
El TSE suspendió sus canales y cuentas oficiales por difundir dichas mentiras.
Pero en Chile, donde sus redes y recursos tecnológicos entraron con mucha menor resistencia, su impacto ha sido letal. Durante el plebiscito de 2020, Cerimedo difundió encuestas falsas mostrando tablas parejas, montaje clave para alimentar el “Rechazo”. Además, La Derecha Diario promovió noticias injuriosas sobre la salud del presidente Boric vinculadas al comando político de José Antonio Kast y al Partido Republicano. Ese entorno fáctico sirvió para que sectores de ultra‑derecha -cercanos a Kast- multiplicaran contenido malicioso y electoralmente estratégico, en línea con el modus operandi cerimediano.
La conexión con los republicanos chilenos (J. A. Kast) y su entorno cobra relevancia: la ola de desinformación que instaló rumores médicos y discursos conspirativos resonó en ecos del Partido Republicano, donde la propaganda falsa se había convertido en herramienta electoral.
El daño y el peligro de esta estrategia no pueden subestimarse. Habla de una cooptación deliberada de la tecnología: bots, trolls, contenidos apócrifos y plataformas de mensajería como Telegram y WhatsApp convertidos en vehículo de mentiras políticas; todo encaminado a fabricar percepciones distorsionadas, erosionar la confianza en las instituciones y legitimar acciones violentas -como ocurrió en Brasil- o manipular elecciones, lo que vimos en Chile y Argentina.
En suma, Cerimedo no es un simple consultor: es un operador de manipulación masiva. Su trabajo con cuentas falsas ha permitido segmentar, polarizar y emocionalizar el discurso público. Ha sido motor de campañas políticas antidemocráticas, enredado en investigaciones judiciales por conspirar para golpear sistemas electorales, y conectado con partidos y personajes emergentes en todo el continente. La proximidad a republicanos chilenos con José Antonio Kast, el envío de encuestas amañadas, y la coordinación con la ultraderecha demuestran que no se trata de errores aislados, sino de un plan transnacional.
Lo que está en juego supera lo digital: es la corrosión de la confianza, la legitimidad y la democracia misma. Y hoy, América Latina está despertando ante esta amenaza. La pregunta abierta es si será capaz de legislar, regular y responder antes de que Cerimedo y su ejército de fantasmas digitales vuelvan a tergiversar la realidad.
Si realmente los gobiernos se dicen democráticos, deben ponerle fin de una vez.











