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El cacao: del desabastecimiento histórico a un nuevo escenario de incertidumbre

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Click News, artículo de opinión

Hay productos que parecen simples hasta que uno mira detrás de ellos. El cacao es uno de esos casos. Detrás de una barra de chocolate existe una cadena mundial que conecta pequeños agricultores de África y América Latina con grandes industrias, mercados financieros y consumidores de todo el planeta.

Lo ocurrido con el cacao entre 2024 y 2026 es una buena advertencia: el precio puede bajar, pero la incertidumbre llegó para quedarse.

En 2024 el mundo enfrentó una fuerte crisis de oferta. El cacao llegó a niveles históricos, superando incluso los US$10.000 por tonelada, producto de una combinación particularmente dañina: malas condiciones climáticas, enfermedades, árboles envejecidos y años de escasa inversión en las plantaciones de África Occidental. El fenómeno de El Niño agravó las condiciones y golpeó especialmente a una región que concentra una parte enorme de la producción mundial.

Luego vino el movimiento contrario.
Durante 2025 y comienzos de 2026 la producción comenzó a recuperarse. La Organización Internacional del Cacao (ICCO) elevó la producción mundial de la temporada 2024/25 hasta aproximadamente 4,73 millones de toneladas, mientras la molienda fue menor, alrededor de 4,61 millones. El resultado fue un superávit cercano a 75.000 toneladas.

Eso cambió las expectativas del mercado y presionó los precios a la baja. La explicación parece sencilla: más cacao disponible y menor consumo después de los precios récord. Pero sería un error pensar que el problema quedó solucionado.

El verdadero problema está bajo tierra

El cacao necesita algo que los mercados financieros no pueden fabricar: árboles sanos, tierra productiva, agua y condiciones climáticas relativamente estables.

Una parte importante de las plantaciones de África Occidental está envejecida. Muchos árboles producen menos y son más vulnerables a enfermedades. Renovar una plantación tampoco es una solución inmediata: plantar un árbol nuevo no significa obtener una cosecha significativa al año siguiente. Es una inversión de varios años.

A esto se suman enfermedades, degradación del suelo, costos de fertilizantes, falta de inversión y una creciente presión climática.

Y aquí aparece el factor que probablemente marcará los próximos años: el cambio climático.

El cacao es particularmente vulnerable porque la producción mundial está muy concentrada geográficamente. Si una enfermedad, una sequía, lluvias excesivas o temperaturas extremas afectan simultáneamente a Costa de Marfil, Ghana o Ecuador, el mercado internacional lo siente rápidamente.

Y ahora aparece nuevamente El Niño

En 2026 el escenario vuelve a complicarse. Después de la fuerte caída de los precios durante la primera parte del año, el temor a un nuevo episodio de El Niño comenzó a introducir nuevamente volatilidad en el mercado. Las perspectivas climáticas para 2026-2027 aumentaron la preocupación por posibles efectos sobre las cosechas.

Es decir, podemos estar pasando de una crisis de escasez a una etapa mucho más compleja: años de abundancia relativa seguidos de años de déficit, dependiendo del clima y de la capacidad de los productores para recuperar sus plantaciones.

Por eso mi lectura es clara: no deberíamos esperar que el cacao vuelva simplemente a ser una materia prima barata y estable como antes.

La solución no es producir solamente más cacao

La respuesta debe ser mucho más profunda.

Hay que renovar las plantaciones, recuperar los suelos, utilizar variedades más resistentes a enfermedades y al estrés climático, mejorar el manejo del agua y aumentar la productividad por hectárea.

También es fundamental que los países productores procesen una mayor proporción de su cacao. No se trata solamente de exportar el grano: el cacao puede transformarse en pasta o licor, manteca, polvo y finalmente chocolate. Allí se genera mucho más valor agregado.

Ecuador es un ejemplo interesante. Su crecimiento productivo y exportador le está permitiendo adquirir una importancia cada vez mayor dentro del mercado mundial; para 2026 sus exportaciones de cacao se proyectan por encima de las 623.000 toneladas.

El futuro del chocolate se juega en el campo

El vaivén que vimos entre 2024 y 2026 no debería interpretarse solamente como una historia de precios. Es, en realidad, una advertencia sobre el impacto del cambio climático en nuestra alimentación y en las materias primas que damos por garantizadas.

Hoy el cacao baja porque la oferta se recuperó y la demanda se debilitó. Mañana puede volver a subir si El Niño, una enfermedad o una mala cosecha reducen nuevamente la producción.

Por eso, más que preguntarnos cuándo volverá a bajar el chocolate en el supermercado, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo para garantizar que dentro de diez o veinte años sigamos teniendo suficiente cacao para producirlo.

El cacao nos está enseñando algo que veremos cada vez con mayor frecuencia: el cambio climático no solamente modifica las temperaturas; también modifica los precios, las cadenas productivas y aquello que podemos encontrar en los estantes de un supermercado.

Y cuando el problema está en la tierra, la solución tampoco puede estar solamente en la bolsa de valores.

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