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Columna de Opinión
Por: Carlos Pichuante
La carrera de perros vuelve a estar en carpeta para el 18 de agosto, y con ella aparece una nueva oportunidad para poner fin, de una vez por todas, a una práctica que no debería seguir siendo normalizada: las carreras de perros.
Más allá del color político, de quién presente la iniciativa o de quién termine votándola, si se avanza hacia el término de esta crueldad, será un avance. Hay causas que deberían ser capaces de superar las trincheras políticas y esta es una de ellas.
Durante demasiado tiempo hemos aprendido a convivir con determinadas formas de maltrato simplemente porque se transformaron en costumbre. Pero que algo sea tradicional o habitual no significa que deje de ser cruel.
La pregunta es sencilla: ¿qué sociedad queremos construir? Una que mira hacia otro lado porque una práctica lleva años realizándose, o una que es capaz de revisar sus propias costumbres cuando estas implican sufrimiento?
El 18 de agosto puede ser una nueva oportunidad para dar ese paso. No se trata de izquierda o derecha. Se trata de entender que el respeto hacia los animales también habla de nuestra propia capacidad de construir una sociedad más consciente y menos tolerante frente al sufrimiento.
De una vez por todas, terminemos con esta barbarie. Porque si seguimos aceptando la crueldad como parte del paisaje, mañana volveremos a verla, volveremos a normalizarla y, después, no nos quejemos cuando descubramos que aquello que alguna vez consideramos inaceptable terminó convirtiéndose en una costumbre.
A veces avanzar también significa tener el coraje de decir: esto ya no lo queremos más.











