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PERÚ – EL FIN DE LOS RITUALES

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Por Gustavo Espinoza M. – Perú

La elección de la Mesa Directiva en las Cántaras Legislativas, la instalación del gobierno Fujimori en el hemiciclo del Congreso Nacional y la juramentación del Gabinete Ministerial, sellaron los rituales que convalidaron el ascenso de un gobierno que inicia su gestión coincidiendo con los 205 años de la proclamación de la República.

Cada uno de estos episodios tuvo su propia dinámica, pero los tres pusieron en evidencia la naturaleza del régimen que se inicia y que deberá ser resistido y combatido por los peruanos. Veamos.

Desde un comienzo se tuvo la idea que la elección de las Directivas del Congreso seria particularmente reñida. Gracias al mecanismo tramposo que le diera 22 de 60 cupos del Senado a Fuerza Popular que alcanzara apenas el 10% de los votos y que este partido aliado al  ultra derechista Renovación Nacional copara exactamente el 50 del Senado; se sabía que ningún partido tendría votación suficiente para imponerse.

Lo que no se previó fue que el oficialismo, digitado por Fernando Rospigliosi, recurriera a una maniobra descarada, pero efectiva para restar un voto a la bancada opositora.

Esa maniobra de corte típicamente estudiantil universitaria, sirvió para que el propio Rospigliosi anulara un voto al Frente Democrático y le permitiera así “ganar” la elección a Micky Torres, el hombre del oficialismo. En verdad, Torres no ganó nunca porque para que ello ocurriese debió reunir 31 votos, y sólo alcanzó 30 en las dos votaciones, al mediodía del sábado 27.

El voto declarado “nulo” era nítidamente marcado por la candidatura del Frente Democrático.  Simplemente que alguien insertó con plumón una línea al  costado del otro  casillero, lo que fue usado como pretexto de nulidad del sufragio.

Lo primero que habría que descartar es que fuera la misma persona, lapicero o tinta, la que hizo un signo y el otro.  Una simple mirada a la boleta muestra una diferencia absoluta entre el sesgo del voto y la raya marcada en el otro casillero. Nada tienen en común,

Pero la maniobra fue bien pensada. No sólo para anular un voto y otorgar una mayoría ficticia al gobierno, sino también para generar una secuela.  Al instante, surgió la idea de una traición, de alguien que deliberadamente había “marcado” la cédula para invalidar el voto. Los ojos miraron a una Silvana Robles, una Senadora que no mostró su voto como si lo hicieran los demás. A ella la acusaron de traición. Lo sensato es suponer que la trampa se hizo en la mesa, y corrió a cargo del diligente “conductor” del evento ciertamente ducho en esos menesteres.

Y se hizo así para lograr en carambola esos varios objetivos:   ganar la Mesa Directiva del Senado, dejar en minoría a la Oposición generándole una crisis irremediable y, liquidar a una parlamentaria que desde hace cinco años venia combatiendo firmemente al fujimorismo en el Congreso Unicameral.

Tres pájaros de un tiro se diría. Casi una palomillada perfecta, que no se podía hacer en diputados porque allí la diferencia era muy grande: 18 votos. Eso fue lo que le dio la victoria a la oposición.

La instalación del nuevo gobierno trajo dos novedades: una suerte de cónclave fascista que permitió sumar a Milei, Noboa, Kats, Mulino y Nasfure; juntándolos con  Rodrigo Paz, y el paraguayo Peña.En ese conglomerado, el presidente del Uruguay. Yamandú Orsi,  asomó como una mosca blanca. Por eso los medios de comunicación advertidos, no le dieron cobertura alguna.

La cita estuvo orientada por el Vice Secretario Landau, el adjunto de Marco Rubio, y por el embajador yanqui en Lima, Bernie Navarro, que asoma como “consejero en la sombra” de Keiko Fujimori

Pero por cierto, el plato de fondo en la ceremonia fue el discurso de instalación de Keiko Fujimori al asumir el gobierno.

Hizo bien la bancada de la oposición al dejar constancia de su desagrado y retirarse de la ceremonia aún antes del discurso. Era una manera legítima de mostrar desacuerdo con lo que estaba ocurriendo. Los medios procuraron vanamente que el hecho pase inadvertido.

El discurso de la Mandataria tuvo un mérito: fue breve. Pero, al igual que en otras ocasiones, en esta Keiko arrojó muchas palabras y muy poca consistencia. Mucho más fue lo que calló que lo que dijo. 

Omitió clamorosamente referirse a lo ocurrido en el quinquenio anterior, que era el que más le tocaba. Ella le declaró la guerra al gobierno de Castillo y luchó para derribarlo, como lo confesara el propio Micky Torres en su momento.  Ella puso a Dina Boluarte y respaldó su política de sangre y fuego. Y es por eso responsable también de las muertes ocurridas en esa circunstancia. Por eso tiene vetado su ingreso al sur andino. Y por eso calló cuando debió hablar sobre el tema.  Su silencio de ahora le cerrará las puertas de esa región por los próximos años.

No hubo una sola mención a Puno, o Ayacucho, ninguna alusión al mundo andino. Pero tampoco a los crímenes cometidos contra el pueblo -incluidos los transportistas- a los Derechos Humanos, a la situación de la Mujer, o a los altos índices de Feminicidios. Ni siquiera  la simple voluntad de investigar las causas de esas muertes horrendas.

Pero calló también cuando habló el “desastre” que había recibido como gobierno. Ese desastre lo construyó ella misma, y lo recibió como legado de sus protegidos: Dina y sus sucesores. Por eso no se atrevió a deslinda responsabilidades. Hablar, era como picar el anzuelo. 

Pero si dijo que ella sería respetuosa de la “independencia de Poderes”. Mentira. Si fuera cierto, no habría puesto al vicepresidente del Ejecutivo -es decir su vicepresidente- como presidente del Congreso y del Senado incluso con trampa. Lo que ocurre, es que quiere controlarlo todo. Y tiene miedo de todo.   

Y como lo dijimos antes, su preocupación principal se oriento no a pacificar el país, sino a encarcelar a más peruanos. Por eso habló menos de educación y más de la necesidad de construir cárceles para que sean verdaderos “centros de reclusión” y no lugares de rehabilitación.

El tiempo que se pronunciaba el discurso, centenares de miles de peruanos se movilizaban en señal de protesta en todo el país, en acciones también soslayadas por la “Prensa Grande”. Eran verdaderas expresiones de lucha que reflejaban una decisión que no está dispuesta a doblegarse y que constituye la semilla  de la resistencia y el combate que se avecina.

El último elemento de la parafernalia expuesta en las 48 horas reciente fue la juramentación del nuevo consejo de ministros.  Como se puede advertir incluso a primera vista, el Gabinete Galarreta es más ruido que nueces.

Está integrado por gentes que antes fueron ministros y que tuvieron arte y parte en el desastre legado a la Fujimori. Pero también hay otros que, aunque no fueron ministros, si figuraron como dirigentes de núcleos fujimoristas, apristas o simplemente ultra derechistas, lo que sirve para perfilar mejor el “equipo de trabajo” que acompañará a Keiko.  De todo un poco, pero de mal para mal.

Ministro de Salud fue nombrado el organizador de personeros en la campaña electoral de Keiko. ¿Conocerá el tema? ¿Sabrá algo de cultura el locutor deportivo nombrado para el sector por la señora Keiko, o será mejor comenzar por culturizarlo a él?. ¿Podrá Rafael Rey administrar el sector Transportes cuando no ha tenido ninguna experiencia en ese terreno?

¿Cómo hará Juan Sheput cuando lo único que sabe es arrastrarse en procura de un cargo después de haber denostado públicamente de Fujimori y su legado? ¿Qué méritos hizo Vinelli, su director de campaña, para ser ministro ahora?  ¿Cómo hará el Ministro del Interior, el general Astudillo, para eludir la orden de captura dispuesta contra él por su participación en el delito de contrabando de combustible? ¿Y Ernesto Álvarez para que se olviden que fue el primer ministro de Jerí en todo su funesto mandato censura por el propio Congreso? ¿O Elmer Cuba, el hombre de Macro cónsul que tuvo a su cargo la privatización de las empresas públicas en los años de Alberto Fujimori?

Pero la tapa de la bombonera fue la designación de Carlos Spa. Habría que suponer que la embajada de os Estados Unidos le prestó a ese su empleado durante 18 años, para que fungiera como Canciller peruano en este periodo tal vez para asegura la inclusión del Perú en el “Escudo” de Trump. En otras palabras, el servilismo extremo.

En suma, llegó el fin de los rituales. Ahora, comienza la batalla de los hechos

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