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En defensa de Victor Serge. Repudio al juicio de intenciones armado por Mitchell Abidor

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por Claudio Albertani, Christian Dubucq, Beatriz Urías, Susan Weissman 

Sin Permiso  19/06/2026

Escribimos desde distintas tradiciones políticas e intelectuales, lo que nos permite evitar la tentación de encerrar a Victor Serge en una interpretación única o tendenciosa. Que provengamos del anarquismo, del trotskismo, del socialismo revolucionario o de otras corrientes de la izquierda crítica, deberíamos conservar un terreno común para no convertir la vida de alguien en objeto de un juicio de intenciones.

Esto es precisamente lo que hace Mitchell Abidor en Victor Serge: Unruly Revolutionary.[1] Es cierto que el libro contiene materiales útiles; negarlo sería una exageración. Pensamos que se puede ser severo con cualquier autor; el problema es que la interpretación de Abidor es profundamente viciada. Psicologiza a Serge, siembra dudas sobre su calidad moral sobredimensiona anécdotas y frases fuera de contexto con una meticulosidad digna de mejores causas. Es en este sentido que hablamos de falsificación: el uso faccioso de las fuentes acaba arrojando una imagen distorsionada de Serge. La falsificación no necesariamente implica la mentira pura y simple; puede consistir en colocar los hechos de una forma tal que ya no corresponden a su contexto originario.

Señalamos que el problema de Abidor no es sólo político ni literario, sino personal. Después de pasar años estudiando y traduciendo la obra de Serge, se siente decepcionado y defraudado. Sin embargo, no se construye una biografía desde el resentimiento. Cabría pensar que su animosidad se debe a la adhesión de Serge al Partido Bolchevique en 1919, pero no es así. En su relato de la juventud de Serge, trata con escasa simpatía incluso al movimiento anarcoindividualista en el que Serge participó activamente durante una década. Más grave aún, a propósito del caso Liabeuf, Abidor desliza la sospecha de que Serge pudo haber mantenido relaciones poco claras con la policía, pese a que reconoce no tener pruebas al respecto.[2]

Pero es en los últimos años de la vida de Serge donde se concentran los dardos de Abidor. En esta etapa, el autor de Memorias de un revolucionario acentúa su antiestalinismo y es verdad que algunas cartas son discutibles. El exilio, la memoria de los procesos de Moscú, la guerra mundial, el asesinato de Trotsky y el aislamiento político que vivió en México pesan fuertemente. Reconocerlo, sin embargo, no le da la razón a Abidor. ¿Hay que ver ahí una conversión al anticomunismo ramplón? No lo creemos.

Abidor lee a Serge con una mirada emocional a la que llama “paradigma interior”. Lo acusa de insinceridad y de haberse convertido en sus últimos años en un anticomunista paranoico. Fundamenta lo anterior en un presupuesto equivocado: la idea de que la Unión Soviética bajo Stalin representase, aunque deformado, un proyecto socialista (p. 326), una afirmación extraña para alguien que se declara cercano a la tradición anarquista.

Por suerte, no hay necesidad de especular, pues las ideas de Serge están consignadas en múltiples ensayos y artículos. En “Por una renovación del socialismo”, texto escrito en México y publicado en francés en MassesSocialisme et Liberté (junio de 1946), afirma que “colectivismo no es, como podríamos pensar, sinónimo de socialismo, sino que puede adquirir formas antisocialistas de explotación del trabajo y desprecio al hombre”. La definición de Serge pone menos énfasis en la estructura económica de la sociedad que en la organización política y jurídica, es decir, en los derechos humanos y en la libertad. En un manuscrito inédito “Economía dirigida y democracia”, Serge analiza la planificación soviética como antítesis de la democracia: no es una regulación consciente de la sociedad por parte de los productores libremente asociados —tal y como la definía Marx—, sino órdenes perentorios (ukases) impuestos desde arriba, imposibles de cumplir. Serge describe a la URSS por lo que era: un sistema que funcionaba mediante el terror contra su propia clase obrera.

Una carta a René Lefeuvre, incluida en la edición de 1984 de 16 fusilados en Moscú, muestra a un hombre preocupado por el imperialismo estadounidense, muy diferente a la caricatura que fabrica Abidor.[3] “Comprendo que el peligro estaliniano te alarme. Pero no debe hacernos perder nuestra visión de conjunto. No debemos hacer el juego del bloque anticomunista, y, después de los primeros números de Masses, hemos merecido este reproche”.

Lo mismo se lee en los Diarios de un revolucionario. En septiembre de 1944, escribe que “el combate está abierto entre el PC totalitario y la democracia socialista”. Precisa que la oposición definitiva ya no se sitúa, como en 1917-1918, entre revolución socialista y reacción capitalista, sino entre totalitarismo estalinista y socialismo democrático.[4] En 1942, a propósito de España, escribe que los objetivos de la revolución democrática “no pueden ser alcanzados más que por las masas socialistas” y deben ser superados por grandes medidas de nacionalización que impliquen el plan.[5] En septiembre de 1944, opone el PC totalitario a la democracia socialista sin ninguna concesión al liberalismo occidental.[6]

En la entrevista concedida a Protean Magazine en diciembre de 2025, Abidor declara que, al final de su vida, Serge quería ser “un intelectual judío neoyorquino”.[7] lo cual, evidentemente, es una construcción forzada e indemostrable. Cree además que la insistencia de Serge en el respeto al individuo implica una posición antimarxista. Eso es desconocer a Marx y también a Serge. Ambos reivindican la libertad humana como base del socialismo. En “Por una renovación del socialismo”, publicado en MassesSocialisme et Liberté  (junio de 1946), Serge invita a actualizar el pensamiento marxista a la luz de la psicología, la ciencia y las nuevas formaciones sociales. Está solo, aislado, pero sigue reflexionando sobre el panorama de la posguerra. Percibe las tendencias generales, pero muere en los comienzos de la Guerra Fría, apenas antes de que sus implicaciones fueran evidentes.

Abidor concede mucha importancia al hecho de que Serge fuera el corresponsal mexicano de The New Leader y lo considera como prueba de una convergencia ideológica con la derecha (p. 334). La verdad es que escribía donde podía, porque vivía de su pluma y le era muy difícil encontrar periódicos dispuestos a publicarlo. Pero no aceptaba la censura y The New Leader aceptaba el pluralismo que la propia prensa trotskista no toleraba. Sin contar que colaboró también con Politics, la revista socialista libertaria que dirigía Dwight Macdonald.

El Serge de los últimos años no es un anticomunista, ni un guerrero de la Guerra Fría, sino un resistente, un pensador socialista que busca renovar la tradición en condiciones de adversidad extrema. Y es, sobre todo, un gran escritor. Llama la atención que Abidor no hable de la importancia de sus poemas y de sus novelas para comprender la tragedia de una revolución que se devora a sí misma. Serge muere en noviembre de 1947. La doctrina Truman apenas se había proclamado en el mes de marzo; el Congreso por la Libertad de la Cultura, el aparato cultural de la CIA, es de 1950. En realidad, la arquitectura ideológica del anticomunismo es posterior a la muerte de nuestro autor. Implicarlo en la Guerra Fría no es una interpretación; es un anacronismo, al igual que afirmar que habría apoyado a los norteamericanos en Vietnam.

Cinco meses antes de su muerte en una carta del 22 de junio de 1947, dirigida al escritor ucraniano Hryhory Kostiuk —que utilizaba el seudónimo Podoliak—, Serge afirma: “Permanezco —inquebrantablemente— socialista, partidario del socialismo democrático. El sistema contra el que he luchado y continúo luchando —y que usted conoce bien—, lo considero como una forma de totalitarismo, es decir, algo nuevo, pero extremadamente inhumano y antisocialista”. Kostiuk no era un liberal occidental ni un anticomunista de Guerra Fría: era un intelectual revolucionario ucraniano que había experimentado directamente el terror soviético.

Debemos admitir que la reseña de Ian Birchall en Jacobin nos ha sorprendido por el respeto que nos merece como historiador comprometido con la verdad. Indudablemente, es mucho más seria y mesurada que los disparates de Abidor, pero no deja de ser preocupante pues parece aceptar que en sus últimos años Serge habría visto el enemigo principal en el comunismo. Este punto es llamativo, pues anteriormente él mismo había señalado, la carta a Lefeuvre como prueba de lo contrario. La verdad es que, pese a tantas adversidades, Serge nunca cayó en la retórica del “dios que fracasó”.[8] No renunció a la emancipación colectiva, sino que buscó liberar al socialismo de su deformación burocrática y totalitaria.

Abidor, por su parte, confunde la retórica con el análisis. Las polémicas de un exiliado no son un programa político. Serge fue un hombre de pasiones y contradicciones, no un renegado. Una biografía no debería condenarlo ni absolverlo, sino comprenderlo. Hay una diferencia entre hacer historia e instruir un proceso sumario. Se puede, se debe admitir que Serge, como cualquier humano, pudo equivocarse, contradecirse. Pero es obvio que su vida no corresponde a la caricatura que construye Abidor. La mejor respuesta a la lógica inquisitorial de Unruly Revolutionary es el testimonio humano de un gran poeta, Octavio Paz, quien conoció a Serge en México en 1942.

La figura de Serge me atrajo inmediatamente. Conversé largamente con él y guardo dos cartas suyas. […] Nada más alejado de la pedantería de los dialécticos que la simpatía humana de Serge, su sencillez y su generosidad. Una inteligencia húmeda. A pesar de los sufrimientos, los descalabros, y los largos años de áridas discusiones políticas, había logrado preservar su humanidad. Lo debía sin duda a sus orígenes anarquistas; también a su gran corazón. […] Victor Serge fue para mí un ejemplo de la fusión de dos cualidades opuestas: la intransigencia moral e intelectual con la tolerancia y la compasión.[9]

Un hermoso retrato que ubica al personaje en su verdadera dimensión humana.



[1] Mitchell Abidor, Victor Serge: Unruly Revolutionary, Londres, Pluto Press, col. Revolutionary Lives, 2025. Edición consultada en EPUB.

[2] M. Abidor, op. cit., cap. 3, “Paris”, p. 42.

[3] Victor Serge, carta a René Lefeuvre, reproducida en Victor Serge, 16 fusilados en Moscú, reedición, Cahiers Spartacus, París, 1984.

[4] V. Serge, Diarios de un revolucionario (1936-1947), UACM/BUAP, México, 2021, p. 451.

[5]  Ibidem, p. 193.

[6] Ibidem, p. 451.

[7] Andrew Holter, “Victor Serge, Turncoat Radical?” [Victor Serge, ¿radical renegado?, entrevista con Mitchell Abidor, Protean Magazine, 18 de diciembre de 2025. En esta entrevista, Abidor reconoce primero que no se puede saber si Serge habría seguido a Boris Souvarine apoyando a Estados Unidos en Vietnam, luego añade sotto voce: que lo habría hecho.

[8] The God That Failed es una obra colectiva, publicada en inglés en 1949 que incluye ensayos de André Gide, Arthur Koestler, Stephen Spender, Ignazio Silone y otros. En español ha sido editada varias veces con el título El dios que fracasó

[9]    Octavio Paz, Itinerario, Fondo de Cultura Económica, México, 1993, pp. 75-76.

 

 

 
es profesor en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Es autor de Rebelión y anarquía. El joven Victor Serge (1890-1919), publicado por ediciones Pepitas de Calabaza en 2025 y traducido al francés bajo el título Le jeune Victor Serge. Rébellion et anarchie (1890-1919) por ediciones Libertalia. Realizó la edición en español de Diarios de un revolucionario (1936-1947) de Victor Serge, publicada por la UACM en 2021.
 
es traductor al francés de la obra de Claudio Albertani sobre el joven Victor Serge.
 
es profesora-investigadora UNAM. Trabaja diversos temas de Historia intelectual del siglo XX y es autora de Historias secretas del racismo en Mexico (1920-1950).
 
es profesora de ciencia política en Saint Mary’s College of California. Es autora de Victor Serge: A Political Biography (Verso, 2001). Presenta Beneath the Surface en KPFK 90.7 FM Los Ángeles y participó en el lanzamiento del podcast Jacobin Radio.

Fuente:

www.sinpermiso.info, 21-6-2026

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