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El capitalismo, el imperialismo, es la guerra

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por Patricio Guzmán S., Comité por una Internacional de Trabajadores CIT

La escalada militar protagonizada por EEUU e Israel contra Irán representa una peligrosa
reiteración de patrones históricos donde la fuerza sustituye a la política, y el pretexto de la
lógica de la seguridad se impone sobre cualquier principio de legalidad internacional. Esta
confrontación parece el resultado de decisiones estratégicas que privilegian la hegemonía
regional por sobre la estabilidad global, una lógica imperialista en suma.

En primer lugar, resulta difícil sostener que la vía militar contribuya genuinamente a la
seguridad. La intervenciones previas en Oriente Medio han dejado un saldo elocuente:
Estados frágiles, sociedades fragmentadas y conflictos prolongados. Apostar nuevamente
por la coerción armada sugiere una preocupante falta de aprendizaje. La retórica de la
disuasión encubre, en muchos casos, una política de hechos consumados que erosiona las
normas normas internacionales y debilita los mecanismos multilaterales.

En segundo lugar, el costo humano de estas acciones suele quedar relegado en el discurso
oficial repetido por los grandes medios controlados por las clases dominantes. La
población civil en la región enfrenta las consecuencias más severas: desplazamientos,
precarización económica y una constante amenaza a su integridad. Las sanciones y los
ataques no distinguen con precisión entre estructuras estatales y la vida cotidiana de
millones de personas, generando un sufrimiento que difícilmente pueda justificarse en
nombre de objetivos estratégicos.

Asimismo esta dinámica alimenta una espiral de radicalización. Lejos de aislar a los
sectores “más duros” y represivos dentro de Irán, la presión externa tiende a fortalecerlos,
cerrando espacios para movimientos sociales y sindicales autónomos. En este sentido, la
guerra no solo fracasa en en enfrentar el problema que dice enfrentar, sino que lo
profundiza.

Finalmente la actuación de EEUU e Israel desnuda su incoherencia de su supuesta defensa
del orden internacional. La selectividad en la aplicación de principios como la Soberanía o
los Derechos Humanos debilita su legitimidad abre espacio aun escenario más inestable y
fragmentado, donde otras potencias pueden justificar acciones similares.

En suma, esta guerra no es una solución sino un agravante. Reproduce errores y horrores
conocidos, multiplica el sufrimiento humano y posterga indefinidamente la posibilidad de
una salida política. Insistir en este camino, no solo es un desastre desde una perspectiva
ética, sino también profundamente ineficaz desde el punto de vista de la solución del
conflicto. Una vez más se verifica que “el capitalismo, el imperialismo, es la guerra”.

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