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Amílcar Cabral y vigencia de la larga marcha anticolonialista. Por Esteban Silva Cuadra

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Un 20 de enero de 1973, Amílcar Cabral fue asesinado mediante un complot operado por la policía política colonial portuguesa. Su muerte no detuvo la lucha: Guinea-Bissau declaró su independencia el 24 de septiembre de 1973, seguida por Cabo Verde en 1975.

Cabral no fue solamente el principal arquitecto de la independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde; fue uno de los grandes estrategas anticolonialistas y revolucionarios del ciclo de lucha del Tercer Mundo en el siglo XX. Su trayectoria y aporte combinaron teoría, praxis, construcción colectiva, formación política de cuadros y una ética militante que sigue interpelándonos hoy. Cabral enseñó que la lucha de liberación es, antes que nada, un proceso de descolonización integral: mental, cultural, política, económica y militar.¹

Su relación con la Revolución argelina —y la influencia que ésta tuvo en el proceso de liberación anticolonial del África lusófona— es parte esencial de esa larga marcha de la liberación africana.

Argelia fue un faro. La conquista de la independencia argelina en 1962 abrió una brecha estratégica para los pueblos del Tercer Mundo bajo opresión colonial: demostró que era posible derrotar a un imperialismo militarmente poderoso y dotado de estructuras coloniales consolidadas. En Cabral, la experiencia argelina operó como experiencia concreta y como inspiración táctica.² Las conexiones entre Argel, Conakry y otros centros de los movimientos africanos de liberación forjaron un espacio geopolítico del antiimperialismo del Sur antes de que existiera el léxico contemporáneo del Sur Global.³

Para Cabral y muchos líderes independentistas, la Argelia independiente era un faro de esperanza y un centro operativo. Bajo los gobiernos de los presidentes Ahmed Ben Bella y luego de Houari Boumedienne, Argelia ofreció apoyo logístico, diplomático y moral a movimientos como el PAIGC, el MPLA angoleño y el FRELIMO mozambiqueño.⁴ La ciudad albergaba oficinas de movimientos de liberación, transmitía radio de resistencia (como Radio Argel) y acogió conferencias claves como la Primera Conferencia Tricontinental (1966) y la reunión de la OSPAAL. En su intervención en aquel histórico encuentro, Cabral señaló:

“Venimos a Argel como a nuestro propio país. Venimos a Argel para aprender, para fortalecernos con la experiencia de nuestro pueblo hermano. Argel es para nosotros, los luchadores africanos, lo que La Meca es para los musulmanes. Aquí recargamos nuestras energías para continuar el combate hasta la victoria final.”⁵

Cabral entendió que la lucha anticolonialista y la revolución no podían ser importadas ni exportadas: debían enraizarse en las condiciones materiales y culturales de sus propios pueblos. Pero, al mismo tiempo, sabía que la independencia de Guinea-Bissau y Cabo Verde formaba parte de un combate y una articulación más amplios de luchas de liberación que unían a Argelia con Vietnam, Palestina, Sáhara Occidental, Cuba y el mundo afroasiático.⁶

El caso de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que el próximo 28 de febrero de 2026 conmemora 50 años de su proclamación, constituye hasta hoy una continuidad histórica del ciclo anticolonial del que Cabral formó parte. La lucha del pueblo saharaui, liderada por su movimiento de liberación nacional —el Frente POLISARIO— desde 1973, comparte con el proceso del PAIGC la articulación entre conciencia nacional, construcción del sujeto colectivo, guerra de liberación y diplomacia soberana por el derecho a la autodeterminación e independencia. En pleno siglo XXI, el Sáhara Occidental todavía permanece como el último de los territorios pendientes de descolonización en África, recordando que la emancipación no fue un episodio concluido sino un proceso que se encuentra inconcluso del derecho internacional contemporáneo.⁷

Hoy, cuando el colonialismo adopta formas híbridas —financieras, tecnológicas, militares y comunicacionales—, la vigencia del pensamiento de Amílcar Cabral adquiere un carácter casi urgente. Conocer y proyectar su pensamiento es recuperar una brújula para enfrentar las nuevas modalidades de dominación: desde la subordinación económica, los tratados comerciales neocoloniales y la militarización de la geopolítica hasta las guerras de despojo y sometimiento que se despliegan actualmente en Palestina y el Sáhara Occidental.

Así como la revolución argelina, la lucha de Cabral fue una escuela política-cultural. Enseñó a no confundir la independencia formal con la liberación real y a comprender que la emancipación es un proceso histórico de largo aliento, en el que los pueblos no son espectadores sino sujetos históricos. En tiempos de crisis global del derecho internacional, reacomodos imperiales y restauración neocolonial, su historia y pensamiento nos vuelven a convocar: pues, ante este oscuro y confuso presente, los pueblos del Sur Global tenemos una larga marcha por recorrer nuevamente.

Esteban Silva Cuadra*
Miembro del Bureau Ejecutivo de la Asociación Internacional de Amigos de la Revolución Argelina.

Infosurglobal
21 de enero de 2026


Notas

1. Cabral, Amílcar. Unity and Struggle: Speeches and Writings. Monthly Review Press, 1979.
2. Byrne, Jeffrey James. Mecca of Revolution: Algeria, Decolonization, and the Third World Order. Oxford University Press, 2016.
3. Anderson, Perry. “The Anticolonial Moment.” New Left Review, 2019.
4. Chabal, Patrick. Amílcar Cabral: Revolutionary Leadership and People’s War. Cambridge University Press, 1983.
5. Cabral, intervención en la Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina (OSPAAAL), Argel, 1969.
6. OSPAAAL. Documentos de la Tricontinental. La Habana–Argel, 1966-1970.
7. ONU, Comité de Descolonización, Listado de Territorios No Autónomos; Wilson, Alice. Sovereignty in Exile. University of Pennsylvania Press, 2016.

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